martes, julio 15, 2008

IV encuentro de escritores jóvenes en Monterrey

Si están en Monterrey o tienen algún amigo allá, puede interesarles saber que del 16 al 18 de julio se llevará a cabo en aquella ciudad el IV encuentro de escritores jóvenes del norte de México y del sur de Estado s Unidos. Les presento el programa de actividades, esperando les resulte útil o interesante.

IV ENCUENTRO DE ESCRITORES JÓVENES DEL NORTE DE MÉXICO
Y SUR DE ESTADOS UNIDOS

Miércoles 16 de julio - Aulas anexas de la Casa de la Cultura
19:00 horas Presentación del libro de cuentos Vidas de catálogo, de Liliana Blum (Tamaulipas). Presentan: Marco Antonio Huerta (Tamaulipas) y Óscar David López (Nuevo León).
19:30 horas Presentación del proyecto Fear is Effective, La línea interdisciplinaria (Baja California).
20:00 horas Presentación del proyecto Economy of Gesture, colectivo Lui Velázquez (Baja California).
20:30 horas Presentación del libro Una no habla de esto, de Sylvia Aguilar Zéleny (Sonora). Presentan: Pedro de Isla (Nuevo León) y Sabina Bautista (Nuevo León).

Jueves 17 de julio – Museo Metropolitano de Monterrey
09:00 horas Registro de participantes
10:00 horas Inauguración
10:30 horas Conferencia magistral de apertura: Shelley Jackson.
11:30 horas 1ª Mesa de ponencias: Inmediaticidad: Francisco Meza (Sinaloa), Adrián Herrera (Nuevo León), Sylvia Aguilar Zéleny (Sonora). Moderador: Luis Aguilar (Nuevo León).
12:30 horas 2ª Mesa de ponencias: Inmediaticidad: Lorena Mancilla (Baja California), Violetta Ruiz (Nuevo León), Irad Nieto (Sinaloa), Julio Pesina (Tamaulipas). Moderador: Luis Aguilar (Nuevo León).
13:30 horas 3ª Mesa de ponencias: Book mix: Norma Alarcón (Chihuahua), Jaime Villarreal (Nuevo León), Sergio Pérez Torres (Nuevo León), Teresa Carmody (California). Moderador: Luis Aguilar (Nuevo León).
14:30 horas Receso
16:30 horas 1ª Mesa de lectura de obra: Abril Castro (Baja California), Gerardo de Jesús Monroy (Coahuila), Juan Miguel Pérez (Tamaulipas), Paloma Vargas (Nuevo León), Teresa Carmody (California).
17:30 horas 2ª Mesa de lectura de obra: Natalia Luna (Nuevo León), Elier Lizárraga (Sinaloa), Magali Velasco (Chihuahua), Sylvia Aguilar Zéleny (Sonora).
18:30 horas 3ª Mesa de lectura de obra: Janice Lee (California), Gidi Loza (Coahuila), Letty Espriella (Sonora), Joaquín Zihuatanejo (Texas), Javier González (Baja California).

Viernes 18 de julio – Museo Metropolitano de Monterrey
10:00 horas Taller de Rocío Cerón: Introducción al libro-objeto. Sala de la Planta baja, Edificio del Antiguo Palacio Federal, CONARTE. Washington y Zaragoza.
12:00 horas 4ª Mesa de ponencias: Point of view: Janice Lee (California), Gidi Loza (Coahuila), Adelaida Caballero (Nuevo León). Moderador: Felipe Montes (Nuevo León).
13:00 horas 5ª Mesa de ponencias: El paisaje no habitual de la palabra: Abril Castro (Baja California), Gerardo de Jesús Monroy (Coahuila), Juan Miguel Pérez (Tamaulipas), Paloma Vargas (Nuevo León), Tammy Gómez (Texas). Moderador: Felipe Montes (Nuevo León).
14:00 horas Receso
16:00 horas 6ª Mesa de ponencias: Objeto de deseo: Letty Espriella (Sonora), Érick Vázquez (Nuevo León), Joaquín Zihuatanejo (Texas). Moderadora: Lucía Yépez (Nuevo León).
17:00 horas 4ª Mesa de lectura de obra: Adelaida Caballero (Nuevo León), Armanda Fabián (Nuevo León), Francisco Meza (Sinaloa), Tammy Gómez (Texas).
18:00 horas 5ª Mesa de lectura de obra: Katia Irina Ibarra (Nuevo León), Sergio Pérez Torres (Nuevo León), Norma Alarcón (Chihuahua), Julio Pesina (Tamauli pas).
19:00 horas Conferencia magistral de clausura: Miriam Moscona.

domingo, julio 13, 2008

Asesinado periodista en Cuba

El 26 de julio de 1953, en Santiago de Cuba, un grupo de opositores a la dictadura de Fulgencio Batista tomó por asalto el Cuartel Moncada, una de las fortalezas militares más importantes en el territorio nacional. Aunque los combatientes, encabezados por el joven abogado Fidel Castro, fueron derrotados, el suceso, en la memoria colectiva cubana, encarna el momento cuando el país resuelve que es posible desembarazarse del régimen subordinado a Estados Unidos para conducir su política, su economía y su historia por un camino independiente, durante cuyo viaje el pueblo todo fuera reconquistando la libertad y la dignidad. El siguiente artículo aparece en la edición de julio del periódico Kiosco, dedicado a conmemorar la Revolución Cubana.

Asesinado periodista en Cuba
Gerardo de Jesús Monroy
erathora@gmail.com

In memoriam C. B. A.

Noticias de 1958

Tratándose de Cuba, la Guerra Fría no ha finalizado. Estamos en 2008. Hemos verificado medio siglo desde el triunfo de la Revolución y a lo largo de todo este tiempo el gobierno de Estados Unidos ha sostenido sin detenerse su asedio sobre la isla, un asedio que abarca acciones de sabotaje contra su agricultura, su ganadería y su industria; la violación de sus espacios aéreos, marítimos y terrestres (Guantánamo); secuestros y encarcelamientos injustos de ciudadanos cubanos (citemos el caso reciente de “los cinco”: militantes comunistas condenados por el régimen de Bush, basado en mentirosas acusaciones de espionaje); atentados contra la vida de dirigentes revolucionarios; atentados terroristas como el estallido (6 de octubre de 1976) del vuelo 455 de Cubana de Aviación, donde murieron 73 personas inocentes; un bloqueo económico en el que se obliga a participar a los países controlados por Estados Unidos; y —el más eminente de sus ataques— la invasión del país en abril de 1961, felizmente repelida por el pueblo cubano.

Con excepción del bloqueo, la mayoría de las acciones enumeradas, más otras que corrieron en el mismo sentido, no rindieron los frutos que Estados Unidos esperaba. Pero donde la violencia fracasó, la ‘pacífica’ guerra psicológica dio al imperio victorias memorables. Gracias a la tenaz e insidiosa campaña de Estados Unidos en los medios informativos —cuyos propósitos y origen pasan inadvertidos por el gran público—, en el imaginario colectivo de Occidente, hoy en día, Fidel y Raúl Castro representan atraso económico, brutalidad policiaca y ausencia de libertad.

Uno de los lugares comunes de la propaganda imperial repite que en las cárceles cubanas se tortura a los periodistas y que éstos son asesinados en el cumplimiento de su deber. Ambas afirmaciones son falsas. La única prisión cubana donde se tortura actualmente es la de la bahía de Guantánamo, ocupada de forma indebida por Estados Unidos desde 1898. Y el último periodista que murió asesinado en Cuba fue Carlos Bastidas Argüello, ejecutado en mayo de 1958, antes de la Revolución, por la policía de Fulgencio Batista, el opresor vasallo de Estados Unidos cuya dictadura combatió y derrocó Fidel Castro.

Vida de Carlos

Carlos Bastidas Argüello nació en Ecuador en 1935. Estudió Comunicación en Estados Unidos. En su calidad de corresponsal de El Telégrafo y otros periódicos de su país, fue testigo de las revueltas húngaras de 1956 contra el dominio soviético, así como de la caída de los regímenes de Gustavo Rojas Pinilla en Colombia y de Marcos Pérez Jiménez en Venezuela.

Bastidas se había comprometido con los ideales de progreso para los pueblos con los que en aquella época se sentían identificados muchos jóvenes en el mundo. Su compromiso ideológico desató la ira de sujetos como Rojas Pinilla y Pérez Jiménez; este último llegó a ponerlo prisionero. Leónidas Trujillo, el dictador de la República Dominicana, ni siquiera le permitió ingresar al territorio nacional.

De acuerdo con el biógrafo de Bastidas, Juan Marrero González, el reportero arribó a la Sierra Maestra cubana a principios de marzo de 1958 para entrevistar a los guerrilleros que se habían alzado contra Batista. Conversó con Fidel Castro y hasta colaboró con Radio Rebelde, la emisora de la guerrilla, presentándose a los oyentes con el pseudónimo de Atahualpa Recio.

Bastidas, ciertamente, no pretendió nunca ser ‘objetivo’ o ‘imparcial’. ¿Será deseable la imparcialidad? Lo que sé es que es irrealizable; salvo escasísimas y honrosas excepciones, los empleados de los medios defienden los intereses de los dueños del canal televisivo, la estación radiodifusora o el periódico. Y los defienden mintiendo. Bastidas decidió tomar partido, pero no al servicio de un interés, sino de una idea; y decidió defender esta idea no con la mentira, sino con la verdad. Y al igual que Ernest Hemingway en la Guerra Civil Española, su solidaridad con los pobres lo llevó a desempeñarse como periodista y como combatiente.

El 13 de mayo de 1958, luego de discutir en un bar, el teniente Orlando Marrero ultimó a balazos a Bastidas. Tenía apenas 23 años. Del crimen nada dijo la prensa batistiana. El cadáver del ecuatoriano permaneció tres días con la policía, hasta que fue reclamado por el Colegio de Periodistas de Cuba.

Año con año, cientos de periodistas mueren cruelmente en el llamado ‘mundo libre’ de la órbita norteamericana. Sin ir más lejos, en nuestro México, durante el sexenio de Vicente Comes-y-te-vas Fox, treinta y dos periodistas fueron asesinados, lo que nos coloca en la nada honorable posición de ser, junto a Colombia, el país latinoamericano donde las vidas de los periodistas corren mayor riesgo.

Durante los cincuenta años de la Revolución liderada por Fidel Castro, ni un solo periodista, cubano o extranjero, ha fallecido de forma violenta en Cuba en razón de sus opiniones. El homenaje mínimo que podemos hacerle a Carlos Bastidas Argüello es revelar esta verdad.

viernes, julio 11, 2008

Into this house we were born

"Estás cabalgando con... Jinetes en la tormenta".

Y al lado de la música recuerdo a Antonio Jáquez.


The Doors: Riders on the storm
lyrics: Morrison; music: Morrison, Krieger, Manzarek, Densmore

¿Al lado o mejor dentro de la música?

Y recuerdo también a Jim, James Douglas Morrison, cantante de Las Puertas, muerto en París el 3 de julio de 1971.

En esta casa nacimos. En este mu
ndo fuimos arrojados.

Nadie descanse en paz.
Riders on the storm.
Riders on the storm.

Into this house were bor
n.
Into this world were thrown.

Like a dog without a bone,
an actor out on loan.
Riders on the st
orm.

There's a killer on the road.
His brain is squir
min' like a toad.

Take day long holidays.
Let your children play.

If you give this m
an a ride,
sweet memory will die.
Killer on the road.

Girl, you gotta love your man.
Girl, you gotta love y
our man.

Take him by the hand.
Make him understand.

The world on you depends,
our life will nev
er end.
Gotta love your man.

Riders on the storm.
Riders on the sto
rm.

Into this house were born.
Into this world were thrown.

Like a dog without a bone,
an actor ou
t on loan.
Riders on the storm.

Riders on the storm,
riders on the s
torm,
riders on the storm...

Jinetes en la tormenta.
Jinetes en la torm
enta.

En esta casa nacimos.
En este mundo fuimos arrojados.

Igual que un perro sin un hueso,
un actor prestado.
Jinetes en la tormenta.

Hay un asesino en la carretera.
Su cerebro torcido como sapo.

Toma unas vacaciones que duren todo el día.
Deja a tus niños salir a jugar.

Si le das un aventón al hombre,
morirá el dulce recuerdo.
Asesino en carretera.

Muchacha, tienes que amar a tu hombre.
Muchacha, tienes que amar a tu hombre.

Llevarlo de la mano.
Hacerlo entender.

El mundo depende de ti,
nuestra vida nunca acabará.
Tienes que amar a tu hombre.

Jinetes en la tormenta.
Jinetes en la tormenta.

En esta casa nacimos.
En este mundo fuimos arrojados.

Igual que un perro sin un hueso,
un actor prestado.
Jinetes en la tormenta.

Jinetes en la tormenta,
jinetes en la tormenta,

jinetes en la tormenta...

sábado, junio 07, 2008

Jinete en la tormenta

A partir de este mes, estaré colaborando con el periódico Kiosco, que se distribuye en Coahuila y Durango. El texto siguiente es mi primera colaboración para el periódico.

Jinete en la tormenta
Gerardo Monroy
erathora@gmail.com


In memoriam A.J.

Tú y yo lo conocíamos,
no tenía el deseo de morir, ni la necesidad ni el deber de morir,
era como nosotros o mejor que nosotros:
un hombre entre los hombres, alguien que día a día hizo lo suyo:
reflejar el mundo,
amar a la mujer, intimar con el hombre,
dar cuerda a su reloj,
transfigurar el mundo.

Enrique Lihn: Hoy murió Carlos Faz

En la primera mitad de la década de los 90, la estación XHMP (Estelar 95, 95.5 de FM), perteneciente a Grupo Radio Estéreo Mayrán (Grem), difundía las noches de cada jueves un programa de rock titulado Jinetes en la tormenta. La raíz gruesa y profunda de la voz del locutor emergía de pronto como inquietante contrapunto de la actitud desenfadada, tranquila y sin embargo un tanto irónica, con que vertía agudos comentarios acerca de la obra de los músicos.

El locutor se llamaba Antonio Jáquez. Era corresponsal de la revista Proceso en Torreón.

Mis amigos y yo teníamos 15 años. Cumplimos esa edad como hijos de la burguesía. Comenzaba nuestra adicción por el alcohol y la nicotina, que a la postre resultará mortal. Buscábamos las fiestas donde se presintiera la violencia. Cuando los demás, amigos o enemigos, se marchaban y cada quien volvía sin compañía al cuarto, lloronamente nos sentíamos ‘incomprendidos’ —y lo éramos, en primer lugar por nosotros mismos, incapaces de criticar nuestra circunstancia y nuestra inercia frente a la circunstancia. Lo más ridículo era que, en el fondo, nos envanecía ese sentimiento de incomprensión; ser un ‘incomprendido’ quiere decir que uno posee un secreto, un ‘lenguaje especial’ del que no cualquiera puede comprar la llave.

Entonces como ahora, las estaciones de radio de la Comarca Lagunera eran miserablemente aburridas. Era imposible oír otra cosa aparte de las tonadillas falderas de los chicos guapos de Televisa, que —por motivos que nunca conseguiré desentrañar— liberaban la euforia de las chavas del colegio. Cuando en algún lado pasaban de milagro algo de rock, la ‘variedad’ se reducía a despertar los domingos con Hotel California de Eagles, Every breath you take de Police, algo de Creedence, Beatles, muy poco de los Rolling y casi nada más. Pero Antonio Jáquez, un individuo curioso, insatisfecho, que necesitaba carnalmente indagar hasta en los más diminutos detalles de las existencias, también quería saber qué era lo que estaban oyendo: lo que estaban sintiendo los jóvenes aquí y en otras partes del mundo.

Como Antonio (nacido en 1952) fue rockero desde muy temprano, las partes del mundo que más le interesaban eran las dos patrias del rock, donde esta música nació y donde existe una conciencia más desarrollada de sus posibilidades: Estados Unidos e Inglaterra. Era así pues que Jáquez se abarrotaba de revistas y discos de aquellos países, saboreaba la música —más bien la tragaba— y luego la incluía en su programa. Fue en Jinetes en la tormenta donde los oyentes conocimos, antes que nadie en la Laguna, a los grupos de grunge que después se volvieron famosos, como Nirvana, Pearl Jam y Soundgarden; llegamos simultáneamente al shoegazing de My Bloody Valentine, Slowdive y Catherine Wheel; nos introdujo en el britpop de Suede; en el madchester de The Stone Roses, Happy Mondays, James e Inspiral Carpets; oímos a Manic Street Preachers, Lush, Transvision Vamp, Cranes, Curve y grupos mucho más oscuros a los que nos costó horas y horas de escucha ‘agarrarles el gusto’. Ciertamente, hoy los Manic, Cranes y demás conjuntos que he mencionado disfrutan de fama y fortuna; pero, en la primera parte de los 90, la densidad de las guitarras, su afición desmedida por los efectos transformadores, la ‘cortina de sonido’ que creaban no era del gusto de todos, ni siquiera dentro de la comunidad rockera. Para los metaleros y los punk, por ejemplo, que creían tener los pies bien firmes sobre la tierra, aquella cosa parecía demasiado etérea y lánguida. Para otros, por el contrario, era puro ruido y casi nada de verdadera música.

Antonio se deleitaba hurgando bajo lo subterrestre, pero también era perfectamente capaz de disfrutar sin complejos a ciertos grupos de la mainstream, como Guns n' Roses (nos encantaban cuando sacaron el volumen doble de Use your illusion, aunque hoy nos avergüence recordarlo), Metallica, R.E.M., The Cure (desde entonces mi banda favorita) e incluso Tears for Fears y Erasure. También U2, cuando hacían experimentos con Brian Eno y Daniel Lanois. U2, los muertos; hace no mucho, Bono —esa pésima copia de John Lennon— escribió el prólogo de un libro de Jeffrey Sachs; habría sido divertido ver a Jáquez pitorrearse del cantante.

La radio de nuestra región vivió en los 90 un breve despertar. Estaciones como la gubernamental Radio Torreón (XHTOR, 96.3 de FM) y el 100.3 de FM, de Multimundo (XHEN), se mostraron dispuestas a arriesgarse con proposiciones originales, ‘alternativas’ (una palabra muy utilizada en la década). Junto al programa de Jáquez, lo más interesante fue Rock en el ozono, donde se programaba rock en español; el conductor era Adolfo Calderón y Radio Torreón la estación difusora.

Tengo un amigo, Arnulfo De La Torre, que no se perdía una sola de las emisiones de Jinetes en la tormenta. Con su raquítico sueldo de mesero, compraba los discos que el locutor recomendaba; llamaba por teléfono a la cabina cada jueves; siempre nos decía: “cómo me gustaría conocer a ese cabrón”. Cuando se enteró de que Proceso trasladaría al reportero a Monterrey —lo cual implicaba la desaparición de Jinetes—, Arnulfo, ni tardo ni perezoso, llamó al programa para preguntarle al locutor si podía entrevistarse con él; Jáquez, detrás de su mordacidad y autosuficiencia, era un tipo campechano y asequible y aceptó de buena gana conocer en persona al joven fan. Arnulfo nos pidió a mí y a otro amigo, Allan Mattox, que lo acompañáramos a ver al célebre periodista.

Tomamos unas cervezas cerca de las instalaciones de Grem. Fue el emocionado Arnulfo quien pagó; sé que este gesto provocó cierta ternura en Jáquez y sus acompañantes. Jáquez nos invitó a su casa, en la Ampliación Los Ángeles. Su habitación parecía la de alguien mucho más joven, repleta de discos, revistas y libros. Las paredes yacían cubiertas de pósters de grupos. Me llamó la atención que una de las imágenes representara a ¡Madonna! (los adolescentes laguneros que nos sentíamos rockers no consentíamos la alusión más remota a la diva; así de ridículos éramos).

Sin embargo, el cartel de mayores dimensiones lo constituía una foto de Jim Morrison, el vocalista de The Doors, joven, los labios llenos de sexualidad, con el pecho desnudo, los brazos extendidos y la mirada fija en quien volteara a verlo. Tan rígidamente serio que tenía que haber una ironía dentro. La imagen de Morrison conmovió a Jáquez toda su vida. Era una de las canciones más potentes de los Doors la que daba título a su programa.

Háblamos de política —o, mejor dicho, él habló de política, y nosotros tan sólo preguntábamos, porque de aquello no sabíamos nada y antes de estar con él tampoco nos interesaba; pero preguntábamos sin cesar, porque hablar con Antonio Jáquez de ese tema era como despertar a un mundo horrible y, por horrible, desafiante; un bosque enmarañado que, por dignidad, teníamos que terminar de cruzar. Hablamos de periodismo: en esos días, Antonio había narrado en Proceso, o estaba por hacerlo, la soterrada relación entre el EZLN de Chiapas y los movimientos radicales socialistas-cristianos de la Comarca Lagunera en los 70 y 80; también en esos días escribió Jáquez para Proceso el reportaje que imprimió para siempre sobre Raúl Salinas de Gortari el mote de “hermano incómodo”. Hablamos de literatura; a Antonio le gustaba recordar episodios de novelas rusas, versos de Borges, citas de Wilde...

Pero sobre todo hablamos de música. Antonio trataba de mantener su frescura e imperturbabilidad, encendía el estéreo y decía como al descuido: “ahora les voy a poner esto”. Y sonreía, previendo que casi cualquiera de sus discos sería una sorpresa y una extrañeza para nosotros. Él podía desenvolverse con tanta impavidez como quisiera, pero en el fondo de la voz y de los ojos le temblaba la alegría, y aunque se comportara jovial e irreverente, nosotros nos hundíamos en el sofá para escuchar sus bromas con desconcierto, y quizá con un tímido silencio. Luego volvíamos a hablar de música. Y también nos callamos cuando oímos la música.

jueves, junio 05, 2008

Relojes de Monterrey

El próximo jueves 12 de junio, a las 8 de la noche, en la Casa de la Cultura de Nuevo León (Avenida Colón 400 Ote., centro de Monterrey) un grupo de artistas y escritores participaremos dentro de Relojes de Monterrey, una actividad interdisciplinaria (video, música, lectura) con el tema de la ciudad y el tiempo.

El concepto de Relojes de Monterrey se debe a Nervinson Machado, quien lo define así...

"Entre la primera piedra que se coloca para formar una ciudad y el último verso que se escribe sobre ella, se despliega una narrativa temporal que encierra mundos que van girando alrededor de su arquitectura. Salen a flote sus esquinas de recuerdos, sus calles de mito, sus largos edificios que no logran alcanzar el cielo pero sí terminan en las manos de ese juez y acusado llamado tiempo. El tiempo se hace tiempo humano cuando se articula el espacio con el lenguaje. Todo lo que se cuenta, todo lo que se siente, se desarrolla temporalmente".

"
Relojes de Monterrey será un performance dedicado al tiempo y la ciudad como hilo conductor capaz de entretejer una enorme telaraña por la mano de cada uno de los participantes. Aunque el hilo conductor es la Ciudad (Monterrey) y el Tiempo, la manera de abordar el tema tiene como única limitante nuestra imaginación. Queda a cargo de cada artista el cómo desea elaborar su propuesta valiéndose de estas dos constantes".

La lectura correrá a cargo de Nervinson Machado, Gabriela Cantú Westendarp, Laura Fernández, Óscar David López, Félix Treviño y Gerardo Monroy, su seguro servidor.


A los cuates de Monterrey: ¡por ahí nos ve
mos!

martes, mayo 27, 2008

¿A alguien le gusta Fabiana Cantilo?

Por que a mí sí. :)

Y no sólo ella por bonita; me gusta esta canción, sin ir más lejos.


Título: "Nada es para siempre". Autor: Fito Páez.


En YouTube

Sin querer te lastimé,
sin querer te abandoné.
Sólo sé que yo no sé
cuidarte de mi amor.

Necesito tu perdón,
necesito verte hoy.
Sólo sé que yo no sé
cuidarte de mi amor.

Si al final siempre el tiempo se va
donde caen los días,
si al final abrazarse al dolor
no nos deja brillar,
dime qué será, qué será de los dos
cuando pase la vida,
algo ocurrirá, tengo una sensación,
una carta guardada, un buen signo del sol.

Nada es para siempre,
nada es para siempre.
No me digas, mi amor,
que te falta valor
porque nada es para siempre.

Si pudiéramos hablar,
si pudieramos dejarlo.
Vos sabés que yo no sé
cuidarte de mi amor.

Otra vez me equivoqué,
otra vez te abandoné.
Vos sabés que yo no sé
cuidarte de mi amor.

El azar nos permite cambiar
nuestro incierto destino,
el temor que nos puede vencer
sin mirar más allá,
yo creo que al final nunca sé dónde voy
pero sigo un camino,
algo ocurrirá, tengo la sensación,
una carta marcada, un buen signo del sol.

Nada es para siempre,
nada es para siempre.
No me digas, mi amor,
que te falta valor
porque nada es para siempre.

Nada es para siempre,
nada es para siempre.
Si tu risa escapó,
si no escuchas mi voz,
sabes, nada es para siempre.

Todo vuelve a mí
una vez más.
Todo vuelve a mí
una vez más.

Una vez más
te aliviarás,
te aliviarás.

Todo vuelve a mí

una vez más.
Todo vuelve a mí
una vez más.

Oí por primera vez alguno de sus discos hará 5 años, después de enterarme de que trabajó con músicos de rock de su país, Argentina, muy queri
dos por mí.

Algo tiene esta tonadilla que se queda pegada a uno y ya no se va, ¿creen?


Espero les haya gustad
o.
Foto de Nora Lezano tomada de http://www.rock.com.ar

sábado, abril 19, 2008

Hoy recuerdo a los muertos de mi casa...

Hace diez años que te fuiste, Octavio; y todavía en ti seguimos respirando.

Elegía interrumpida

Hoy recuerdo a los muertos de mi casa.
Al primer muerto nunca lo olvidamos,
aunque muera de rayo, tan aprisa
que no alcance la cama ni los óleos.
Oigo el bastón que duda en un peldaño,
el cuerpo que se afianza en un suspiro,
la puerta que se abre, el muerto que entra.
De una puerta a morir hay poco espacio
y apenas queda tiempo de sentarse,
alzar la cara, ver la hora
y enterarse: las ocho y cuarto.

Hoy recuerdo a los muertos de mi casa.
La que murió noche tras noche
y era una larga despedida,
un tren que nunca parte, su agonía.
Codicia de la boca
al hilo de un suspiro suspendida,
ojos que no se cierran y hacen señas
y vagan de la lámpara a mis ojos,
fija mirada que se abraza a otra,
ajena, que se asfixia en el abrazo
y al fin se escapa y ve desde la orilla
cómo se hunde y pierde cuerpo el alma
y no encuentra unos ojos a que asirse…
¿Y me invitó a morir esa mirada?
Quizá morir con otro no es morirse.
Quizá morimos sólo porque nadie
quiere morirse con nosotros, nadie
quiere mirarnos a los ojos.

Hoy recuerdo a los muertos de mi casa.
Al que se fue por unas horas
y nadie sabe en qué silencio entró.
De sobremesa, cada noche,
la pausa sin color que da al vacío
o la frase sin fin que cuelga a medias
del hilo de la araña del silencio
abren un corredor para el que vuelve:
suenan sus pasos, sube, se detiene…
Y alguien entre nosotros se levanta
y cierra bien la puerta.
Pero él, allá del otro lado, insiste.
Acecha en cada hueco, en los repliegues,
vaga entre los bostezos, las afueras.
Aunque cerremos las puertas él insiste.

Hoy recuerdo a los muertos de mi casa.
Rostros perdidos en mi frente, rostros
sin ojos, ojos fijos, vaciados,
¿busco en ellos acaso mi secreto,
el dios de sangre que mi sangre mueve,
el dios de yelo, el dios que me devora?
Su silencio es espejo de mi vida,
en mi vida su muerte se prolonga:
soy el error final de sus errores.

Hoy recuerdo a los muertos de mi casa.
El pensamiento disipado, el acto
disipado, los nombres esparcidos
(lagunas, zonas nulas, hoyos
que escarba terca la memoria),
la dispersión de los encuentros,
el yo, su guiño abstracto, compartido
siempre por otro (el mismo) yo, las iras,
el deseo y sus máscaras, la víbora
enterrada, las lentas erosiones,
la espera, el miedo, el acto
y su reverso: en mí se obstinan,
piden comer el pan, la fruta, el cuerpo,
beber el agua que les fue negada.
Pero no hay agua ya, todo está seco,
no sabe el pan, la fruta amarga,
amor domesticado, masticado,
en jaulas de barrotes invisibles
mono onanista y perra amaestrada,
lo que devoras te devora,
tu víctima también es tu verdugo.
Montón de días muertos, arrugados
periódicos, y noches descorchadas
y amaneceres, corbata, nudo corredizo:
“saluda al sol, araña, no seas rencorosa…”

Es un desierto circular el mundo,
el cielo está cerrado y el infierno vacío.

(Libertad bajo palabra, 1957)

viernes, marzo 28, 2008

Palabras de la estudiante mexicana herida en la invasión de Colombia a Ecuador

"A Uribe y a quienes nos lanzaron bombas igualitas a las que arrojaron contra Irak, se les debe investigar y castigar"
Lucía Andrea Morett Álvarez
Rebelión
28 de marzo de 2008

El siguiente texto fue leído en el Aula Magna de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, en el homenaje a los universitarios víctimas de la invasión de Colombia a Ecuador el 1 de marzo; también fueron leídas en el acto en defensa del petróleo, en el zócalo de la Ciudad de México, por la senadora Rosario Ibarra; ambos actos fueron realizados el 25 de marzo de 2008.

Compañeras y compañeros:

Reciban un saludo sincero, bolivariano, desde una cama del Hospital Militar en Quito, Ecuador, en donde me recupero de las múltiples lesiones que sufrí a consecuencia del criminal bombardeo lanzado por el ejército colombiano a tierras del Ecuador el pasado 1 de marzo y por el cual murieron cuatro de mis mejores amigos. Me duelen muchas cosas, entre otras, que el gobierno mexicano intente con su silencio revertir la responsabilidad que, ante el mundo y la historia, tienen los autores de la masacre, para desviar la atención preguntándose qué estábamos haciendo allí, cuando además se sabe que llegamos al campamento unas pocas horas antes de la barbarie y lo hicimos en nuestra condición de civiles y estudiosos universitarios sin imaginar que íbamos a ser víctimas de una de las peores infamias cometida recientemente en América Latina, justo en un lugar al que se nos invitó para conocer las propuestas de paz.

Me duele que en un mundo lleno de comunicación, los medios y su poder tergiversen la realidad con absurdas y dolosas mentiras, y que con ellas busquen lastimar la dignidad de jóvenes que desde las vías pacíficas y legales queremos un cambio en la sociedad. Vean lo que les digo, ahora nos salen con la abominable pretensión, eso sí ampliamente difundida, “de que las autoridades colombianas nos van a interrogar”. En qué cabeza cabe pensar que nuestro verdugo sea al mismo tiempo el juez de estos hechos y que sean además los asesinos quienes sentencien a las víctimas.

Cabe destacar que existe ya un culpable confeso, a Álvaro Uribe se le debe investigar y castigar y lo mismo debe hacerse con otros autores materiales e intelectuales, a todos aquellos que nos lanzaron bombas igualitas a las que arrojaron en guerra contra Irak, para después atacar por la espalda a los heridos.

Nosotros no cometimos ningún delito, ingresamos y transitamos legalmente en el Ecuador, participamos de actividades públicas y, en cambio arteramente se nos acribilló. Tan abrumadores son los hechos que el Fiscal General de esta nación me ha dicho que no hay nada en mi contra, que fui víctima y me deseaba una pronta recuperación.

Quiero decirles desde este hermoso pueblo ecuatoriano que me ha abierto sus brazos y su solidaridad, que sé que allá en México el coraje y la dignidad también están encontrando su lugar y que son muchos los actos y las formas mediante las que se exige que este crimen de Estado no quede impune. Gracias por estar con nosotros, con Juan, con Fernando, con Verónica, con Soren.

Tengo la confianza que no estoy sola, que la gente de mi pueblo sabrá luchar y hacer justicia; que en la UNAM nuestras autoridades han condenado los crímenes y han estado a la altura de los acontecimientos para defender el derecho a pensar y actuar críticamente. Estoy segura que muy pronto mis compañeros tendrán una lápida digna, que su muerte no será en vano ya que su semilla cayó en suelo fértil por lo que junto a ellos nacerán flores y frutos hermosos. Su voz que pretendieron apagar de una manera muy ruin se multiplicará en el grito de muchos millones por todo el planeta.

Me despido desde esta mitad del mundo fracturada por ese bombardeo cobarde. Sigo confiada en que esa América, esa Patria Grande por la que lucharon y soñaron Bolívar y Martí, muy pronto llegará. Nuestras naciones después de un largo eclipse florecerán. No hay imperio que viva eternamente.

Fraternalmente.
Lucía Andrea Morett Álvarez.
Quito, Ecuador, a 25 de marzo de 2008.

lunes, febrero 18, 2008

Nace la campaña 'Por una cuerda de vida' para apoyar a familiares de mineros sacrificados en Pasta de Conchos

Campaña 'Por una cuerda de vida para los mineros del carbón y sus familias'

A casi dos años del siniestro en la mina 8 de Pasta de Conchos, la familia Pasta de Conchos, integrada por 615 familiares directos de los 65 mineros atrapados, de los cuales 63 todavía permanecen en la mina. No los han entregado, porque ni la empresa Industrial Minera México (IMMSA), ni el Estado, ni el sindicato, han cumplido lo que lo que por ley están obligados a hacer para no tener que asumir las responsabilidades por la muerte de los mineros. Sus componendas y complicidades nos pretenden dejar en estado de indefensión.

- La empresa declaró: 'cumplimiento escrupulosos de todas las prestaciones y obligaciones de ley y del contrato colectivo de trabajo' (boletín de prensa del 27 de febrero de 2006, emitido por IMMSA). A dos años del siniestro, las familias no tienen pensión ni servicios médicos por que la empresa se amparó para no pagar lo ordenado por el Seguro Social.

- La empresa se comprometió por escrito y lo publicó en desplegados infinidad de veces: 'que cubriría el triple salario integrado de los mineros fallecidos en tanto se inicie el pago de las pensiones del IMSS'. El viernes 2 de marzo del año 2007 IMMSA dejó de hacer el pago a las familias pues argumentaron que ya habían pagado lo suficiente.

- El gobierno del estado de Coahuila, la empresa y algunas empresas privadas se comprometieron a entregar una vivienda a cada una de las familias afectadas. A dos años las viviendas no han sido entregadas, están cuarteadas y algunas se inundaron.

- El gobierno del estado de Coahuila emitió dos actas de defunción ilegales por cada uno de los mineros que continúan sepultados en Pastas de Conchos, certificando las causas de muerte.

- La contraloría interna de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social no ha terminado la investigación sobre la responsabilidad de los funcionarios y por tanto, a dos años, no se han fincado responsabilidades. Asimismo la misma STPS no ha dado cumplimiento a la recomendación 26/2006 (17 julio 06) emitida por la CNDH.

- La Procuraduría General de la República no ha concluido la investigación abierta para determinar las responsabilidades en el siniestro de Pasta de Conchos ni ha dado respuesta a la denuncia interpuesta contra el Secretario del Trabajo, Lic. Javier Lozano, por abuso de autoridad, al difamar públicamente a dos de los asesores de la familia Pasta de Conchos.

- La Secretaría de Economía “sancionó” a la empresa por desacatar la orden de restablecer la seguridad en la mina, suspendiendo de manera definitiva la exploración y explotación de carbón únicamente donde están los restos de los mineros atrapados.

- La Dirección General de Inspección Federal del Trabajo y el XV juzgado de distrito de la Ciudad de México determinaron que las familias no tienen interés jurídico; y en los términos en que está planteado, ni siquiera los mineros muertos pueden reclamar justicia por los actos de gobierno. Argumento que ha retomado IMMSA para impedir que las familias presenten ante un juzgado de circuito las pruebas periciales que demuestran que el rescate es posible.

- La STPS y el Sindicato Minero se han sentado a negociar, y en la conflictiva agenda que tendrán que resolver, establecieron analizar todo el asunto de Pasta de Conchos. En este punto, ningún acuerdo que postulen es viable, ni moralmente justo, sin la participación y actuación de la familia Pasta de Conchos y su equipo de asesores. El sindicato minero de ninguna manera puede atribuirse la representación de las familias, porque jamás asumió su responsabilidad frente a la muerte de nuestros familiares, a quienes supuestamente representaba y defendía, razón por la cual cuenta únicamente con dos familiares en sus filas. La familia Pasta de Conchos representa a 615 familiares directos y es la única afectada y moralmente acreditada para resolver de manera justa y en apego al respeto de nuestros derechos humanos, toda la problemática que han acrecentado y exacerbado con sus silencios, sus acciones y sus decisiones.

Ante esta cadena de impunidades, la familia Pasta de Conchos emprende otra etapa de protesta y resistencia en la que lanza la campaña internacional, nacional y regional 'Por una cuerda de vida para los mineros del carbón y sus familias', exigiendo:

1. El rescate de los cuerpos dado que, de acuerdo con el peritaje realizado por el Foro Consultivo Científico y Tecnológico y el equipo de peritos que nos asesoran, sí hay condiciones técnicas para ello, siempre y cuando se garanticen las condiciones de seguridad e higiene, tal como se realizó durante el primer año de rescate.

2. La postulación de la empresa Industrial Minera México de Grupo México como 'empresa socialmente irresponsable', por su probada negligencia en la mina 8 de Pasta de Conchos y en muchas otras de las minas que tienen en concesión.

3. Que se les finquen responsabilidades tanto al Estado Mexicano como a las autoridades gubernamentales responsables de todos los agravios; a Germán Larrea Mota Velazco y al Consejo de Administración de IMMSA, responsables directos del siniestro; a Jesús Javier de la Fuente Cepeda, dueño de la empresa contratista General de Hulla, patrón directo de 39 de los trabajadores fallecidos en la mina; así como a los representantes sindicales involucrados.

De esta manera, los trabajadores y sus familias podrán estar ciertos de que las condiciones de trabajo y de seguridad e higiene se deben cumplir a cabalidad en todas las minas. La violaciones a las leyes y normas de seguridad e higiene deben ser castigadas. Es el único camino que permitirá acotar y controlar los riesgos inherentes a la extracción de minerales para no violentar ni la salud, ni la integridad física de los trabajadores, ni la seguridad y estabilidad de sus familias.

En dicha campaña, la familia Pasta de Conchos se dirige principalmente a las familias trabajadoras de México y el mundo; a las organizaciones civiles y sociales; a los sindicatos y organizaciones de trabajadores comprometidas con la seguridad y la vida de éstos y sus familias; a las empresas socialmente responsables que han mostrado sensibilidad ante los atropellos por la negligencia industrial y la complicidad estatal y sindical, tal como es el caso de Pasta de Conchos; a las instancias internacionales de lucha y de defensa de los derechos humanos, a las iglesias y confesiones religiosas preocupadas por la justicia social y el bien común.

A todos ellos y a la ciudadanía solidaria, se les invita a sumarse a un frente de protesta y resistencia sostenido “Por una cuerda de vida para los mineros del carbón y sus familias” que inicia con las siguientes acciones en torno al segundo memorial:

-Una gira internacional en la que se establecerán contactos con sindicatos y organizaciones de derechos humanos, mineros, empresarios y medios de comunicación;

-Fortalecimiento de los vínculos y definición de estrategias comunes de acción con las redes internacionales ya establecidas;

-Encuentros informativos con parlamentarios europeos, representantes de las iglesias y diversos grupos empresariales:

-Diálogo con instancias internacionales de derechos humanos;

-Acciones de protesta solidaria articulada pacífica nacional e internacional;

-Jornadas ecuménicas de oración.

Invitamos a todos y cada uno de los lectores de este mensaje a la celebración de una eucaristía el próximo martes 19 de febrero fuera de las instalaciones de Industrial Minera México a las 12 del mediodía en Campos Elíseos 400, colonia Polanco, como se ha venido realizando mes con mes desde que IMMSA suspendió unilateralmente y sin ningún fundamento técnico el rescate.

Invitamos también a todos y cada uno de los lectores de este mensaje a marchar con nosotros el mismo día 19 de febrero a las 17 hrs, del Monumento a la Revolución al Zócalo, en donde se realizará un memorial para hacer valer el derecho humanitario inherente a todos los seres humanos: enterrar a los muertos conforme a nuestras creencias y costumbres.

Ejerzamos juntas, las familias y la sociedad, el derecho que tenemos a saber la verdad, para que, con ese fundamento, garanticemos la vida, la seguridad y la integridad de todos los trabajadores y sus familias.

¡A una voz, rescate ya!

FAMILIA PASTA DE CONCHOS; EQUIPO NACIONAL DE PASTORAL LABORAL; RED DE DERECHOS HUMANOS 'TODOS LOS DERECHOS PARA TODOS'; CENTRO DE ESTUDIOS ECUMÉNICOS; SERAPAZ; SICSAL; CENTRO DE DERECHOS HUMANOS 'FRAY JUAN LARIOS'; CEREAL; CENTRO DE DERECHOS HUMANOS 'MIGUEL AGUSTÍN PRO'; CENTRO 'FRAY FRANCISCO DE VITORIA'; CENTRO NACIONAL DE COMUNICACIÓN SOCIAL (CENCOS), OBSERVATORIO ECLESIAL.

Contacto:
Cristina Auerbach
nextel 10416364
familiapastadeconchos@yahoo.com

www.pastadeconchos.net
México D. F., a 31 de enero de 2008
Información difundida por del Área de Comunicación y Visibilidad de Cencos

lunes, febrero 11, 2008

Ante los ataques contra Gilad Atzmon y Mary Rizzo

Petición por dos activistas que conocéis bien
Ante los ataques contra Gilad Atzmon y Mary Rizzo
Rebelión
11 de febrero de 2008

A
todos los amantes de la libertad de expresión que se oponen al racismo:

Somos un grupo de palestinos y otros activistas por la causa palestina de varias nacionalidades y afiliaciones que creemos que la unión y la persistencia son fundamentales para hacer frente a la injusticia que nuestro pueblo ha sufrido en el pasado, sigue sufriendo en el presente y posiblemente seguirá padeciendo en el impredecible futuro por culpa de las potencias coloniales y sionistas.

El sionismo nos ha perjudicado desde el primer día, cuando comenzó a poner en práctica su proyecto para colonizar toda Palestina y, cuando tuviera oportunidad, extenderlo más allá de las fronteras de la Palestina histórica, en perjuicio de otros pueblos árabes. Desde el primer día han utilizado el terror físico, psicológico, moral y propagandístico contra cualquier clase de resistencia, ya fuera la resistencia armada en defensa propia o incluso contra otras fuerzas del mundo a favor de los palestinos y sus partidarios. Han recurrido a asesinatos selectivos en privado y en público aterrorizando a los palestinos y a sus defensores en todo el mundo para acallar cualquier tipo de resistencia. Han tratado de dividirnos y disgregarnos porque saben que nuestra unión es peligrosa para sus planes coloniales y racistas. Han tratado de controlar y silenciar a los medios de comunicación libres e íntegros y a los activistas políticos mediante sobornos y chantajes económicos presentándose en toda clase de despachos políticos en todos los ámbitos, especialmente contra aquellos que exigen la liberación de Palestina y el Derecho de Retorno de los palestinos a sus casas y tierras, y que quieren vivir en un estado de derecho soberano, libre y democrático.

Entre los luchadores independientes contra el sionismo hay dos grandes defensores, no árabes, de la causa palestina; dos destacadas personalidades que son asimismo grandes combatientes por la libertad y la emancipación de todos los pueblos sometidos del mundo: Gilad Atzmon, el músico y escritor ex sionista afincado en Londres, y Mary Rizzo, que vive en Italia y dirige el blog Peacepalestine (http://peacepalestine.blogspot.com). Ambos han recibido ataques de los sionistas durante mucho tiempo y también de determinadas personas que están en el movimiento por Palestina.

Casi todos los días Tony Greenstein renueva su guerra contra Gilad Atzmon y Mary Rizzo y consideramos que sus actuaciones ya han rebasado todos los límites. Hemos observado como trata de vilipendiarlos como racistas y nos entristece que estos intentos sigan aumentando mientras nuestra situación se vuelve cada vez más dramática. Estas campañas inútiles e injustificadas son intolerables, puesto que Greenstein hace circular mentiras sobre estos activistas. Sus intentos, lo único que consiguen es dañar nuestra causa y malgastar nuestras energías: como mínimo, distrae de los asuntos importantes y va dirigido contra la propia idea de unión que tanto valoramos.

Nosotros, palestinos y activistas por Palestina, expresamos nuestra solidaridad con Gilad Atzmon y Mary Rizzo, quienes cuando se dieron cuenta de las tragedias que sufren los palestinos y otros árabes, especialmente la limpieza étnica de su patria ancestral a manos del sionismo racista y colonial, decidieron luchar por la legítima causa palestina. Atzmon se autoexcluyó voluntariamente de ese proyecto inhumano y destructivo eligiendo el camino del exilio y la tarea de explicar qué significa el proyecto sionista. Tony Greenstein incluyó entre sus mentiras cotidianas la de que algunos palestinos atacaron y difamaron a los dos defensores dedicados a la causa palestina, Atzmon y Rizzo. Declaramos que no habla por nosotros ni en nuestro nombre cuando ataca a estos u otros activistas.

También aprovechamos la oportunidad para condenar el asfixiante asedio que se ha impuesto a la Franja de Gaza en particular y a Cisjordania y al resto de la población árabe palestina en general para completar la limpieza étnica de su patria histórica. Urgimos a todos los amantes y defensores de la paz y a quienes quieren y defienden la libertad de pensamiento y están en contra del sionismo y de cualquier otro tipo de racismo contra la justa causa árabe, también en Iraq y en todos los países árabes ocupados, para que firmen esta petición pidiendo el cese de la campaña de difamación y un enfoque en los asuntos que son importantes para nuestro pueblo.

Añade tu nombre, localidad y organización o grupo del que formas parte, si lo deseas, y envíala a palestinesomoud@yahoo.fr. Se incluirá en la lista pública.

Primeras firmas a las que se añadirán los nombres y comentarios que se vayan recopilando:

Adib S. Kawar, Nazareth, Palestine - Beirut, Lebanon

Walid Halabi, France - Italy

Malak Abdel-Hadi, Palestinian living in Dubai

Shahira Mehrez, Egyptian living in Cairo, Egypt

Paola Pisi, Italy, URUKNET

Ismail Zayid, Canada

Nizar Issa, London

Nadia Hasan, Chile

Dr. Sadek Pharaon MD, Syria

Oren Ben Dor, UK

Manuel Talens, España

Dima Hamdan, London, UK

Iqbal Tamimi, Exiled Journalist Network, UK, Palestinian journalist and poet

Samir Daoud - Akka Palestine - residence: Beirut – Lebanon

Nadia Daoud - Akka Palestine - Residence: Beirut – Lebanon

Hala Kawar – Nazareth, Palestine - Residence - Beirut – Lebanon

Wajih Freij – Jerusalem, Palestine - Residence: Beirut – Lebanon

Lamia Kawar – Nazareth, Palestine - Residence - Beirut – Lebanon

Ibrahim Kawar – Nazareth, Palestine - Residence - Beirut – Lebanon

Fausto Giudice, Secretary, France, Zapatist Alliance for Social Liberation

Ginette Hess Skandrani, France, Chairwoman, Zapatist Alliance for Social Liberation

Wael AlSaad, Düsseldorf - Germany

Community Düsseldorf Board

Dr. Hajo G. Meyer, Heiloo, the Netherlands , survivor of Auschwitz

The Radical Press, Canada

Mauro Manno, Italy

Manuela Vittorelli, Italy

Diego Traversa, Italy

Vicente Romano, España

Carlos Sanchis, España

Nancy Harb Almendras, United States, Germany

Zuhair Nafa, Palestine

Raja Chemayel, The Hague, Netherlands

Theodore D. Turner, Brooklyn, New York

Kristoffer Larsson, Sweden

Ellen Rohlfs, Germany, German - Palestinian Society and Gush Shalom

Hergen Matussik, Germany

Benedetta Scardovi-Mounier, USA / Italy

Cristina Santos, London, UK

Rocío Anguiano, España

Sigge Andersson, pre-med student, Sweden

Guenter Schenk, France / Germany, Aktionsbündnis für einen gerechten Frieden in Palästina

LanceThruster, LA, CA, USA

Mary Sparrowdancer, Tallahassee, FL

Birgit Jödahl, Sweden

Miguel Martinez, Florence, Italy

Susanne Scheidt, Al-Awda Italia

Jean-Marie Flémal, writer and translator, WPB (Workers' Party of Belgium), Charleroi, Belgium

Edna Spennato, South Africa - Brazil, Earth Heal Geoharmonic Research Project

Abdullah Husain, Palestine by birth, KSA, India by life accident

Wendy Campbell, California, USA, MarWen Media

Peter Brooke, UK (www.peterbrooke.org.uk)

Daniel McGowan, Geneva, NY, Exec. Director, Deir Yassin Remembered

Debbie Brown, Hacienda Heights, California USA

Kenneth Rasmusson, Sweden

Redress Information & Analysis, London, UK

Schuyler Ebbets, USA, The People's Voice.org

Ragnar B. Johannessen, Norway, The People's Voice.org

Annie Selden Annab, Annie's Letters Blog

Jim Leven, UK, PSC member

Javier Fernández Retenaga, España

Shaukat Khawja, Toronto, Canada Profession: Engineer

Volker M., Canada

Lina Abubaker, London, UK

Brenda Heard, UK, Friends of Lebanon (http://www.friendsoflebanon.org)

Letizia Tessicini, Orte, Italy

Simon R-Levin, Manchester, UK

lunes, enero 14, 2008

Mi corazón: tu nido

Esperanza

Esperanza,
araña negra del atardecer.
Tu paras
no lejos de mi cuerpo
abandonado, andas
en torno a mí,
tejiendo, rápida,
inconsistentes hilos invisibles,
te acercas, obstinada,
y me acaricias casi con tu sombra
pesada
y leve a un tiempo.
Agazapada
bajo las piedras y las horas,
esperaste, paciente, la llegada
de esta tarde
en la que nada
es ya posible...
Mi corazón:
tu nido.
Muerde en él, esperanza.
El sábado pasado, día 12 de enero, murió en un hospital de Madrid el poeta Ángel González. Había nacido 82 años atrás, el 6 de septiembre de 1925, en Oviedo.
Fotografía del periódico mexicano La Jornada.

sábado, enero 12, 2008

La primacía del oído: el camino que lleva de la música a la ética

Gilad Atzmon
Tlaxcala
11 de enero de 2008
Originalmente publicado en inglés por el blog
Peace Palestine

Traducción y epílogo:
Manuel Talens, para Tlaxcala, Cubadebate y Rebelión


Este artículo es una elaboración a posteriori de una charla pronunciada por Gilad Atzmon en Brighton, Reino Unido, el 7 de enero de 2008.

Una visión alternativa del conflicto israelopalestino y el activismo pacifista
Cada vez que me entrevistan en un medio árabe suelen hacerme la misma pregunta: “Gilad, ¿cómo es que usted ve lo que tantos israelíes no pueden ver?” Lo cierto es que son muy pocos los israelíes capaces de interpretar la bancarrota ética israelí como un síntoma innato. Durante muchos años no supe encontrar una respuesta. Sin embargo, hace poco me di cuenta de que tiene algo que ver con mi saxofón. Es la música lo que ha dado forma a mis opiniones sobre el conflicto israelopalestino y lo que ha fundamentado mi crítica de la identidad judía.

Hoy voy a hablarles a ustedes del camino que lleva desde la música a la ética.

Es bien sabido que la vida adquiere significado cuando se examina de forma retrospectiva, desde el final hasta su origen. Por lo tanto, trataré de escrutar mi propia lucha contra el sionismo a través de mi evolución como músico. Analizaré mi lucha con la música árabe. Trataré de dar más detalles retrospectivos sobre el papel que ha ejercido la música sobre mi conocimiento del mundo que me rodea. Hasta cierto punto, ésa es la historia de mi vida hasta la fecha (al menos de una de ellas).

Crecí en Israel en una familia laica bastante sionista. Mi abuelo fue un veterano terrorista poético y carismático, un ilustre ex comandante de la organización terrorista de derechas Irgún. Debo admitir que tuvo una enorme influencia sobre mí en mi primera infancia. Su odio hacia cualquier cosa que no fuese judía fue un estímulo muy importante. Como odiaba a los alemanes no permitió que mi padre comprase un coche alemán. También despreciaba a los británicos por haber colonizado su “tierra prometida”. Supongo que no detestaba a los británicos tanto como a los alemanes, porque sí permitió que mi padre condujese un viejo Vauxhall Viva. Estaba también muy enojado con los palestinos por el hecho de que viviesen en la tierra que, según él, les pertenecía a él y a su pueblo. A menudo solía decir sobre los palestinos: “Con tantos países como tienen estos árabes, ¿por qué han de vivir exactamente en donde nosotros queremos vivir?”. Pero a quienes más odiaba mi abuelo era a los judíos izquierdistas. Sin embargo, debo mencionar que como los izquierdistas judíos nunca han producido ningún automóvil, esta aversión específica no llegó nunca a crear un conflicto de intereses entre él y mi padre. Dado que admiraba a Zeev Jabotinsky (el primer comandante del Irgún), era obvio que mi abuelo se dio cuenta de que la filosofía izquierdista y el sistema de valores judío eran una contradictio in terminis. Siendo como era un veterano terrorista de derechas y un orgulloso judío tribal, sabía muy bien que el sentimiento de tribu nunca puede hacer las paces con el humanismo y el universalismo. Buen seguidor de su maestro Jabotinsky, creía en la filosofía del “telón de acero”. Estaba seguro de que a los árabes en general y a los palestinos en particular había que combatirlos sin miedo y de manera implacable. Le gustaba citar el himno del movimiento juvenil sionista Betar, “erigiremos nuestra raza con sangre y sudor”.

Mi abuelo creía en la raza judía y, por eso, yo también creía en mi infancia. Al igual que mis allegados, no veía a los palestinos de mi entorno. Sin duda estaban allí, arreglaban el coche de mi padre a mitad de precio, construían nuestras casas, limpiaban el desorden que dejábamos, colocaban cajas en la tienda de alimentación, pero siempre desaparecían justo antes de la puesta del sol y aparecían de nuevo al amanecer. Nunca alternaban con nosotros. La verdad es que no sabíamos quiénes eran y qué defendían. El sentido de la supremacía era algo consustancial en nosotros, observábamos el mundo a través de lentes racistas, chauvinistas.

A los diecisiete años me estaba preparando para hacer el servicio militar obligatorio. Como era un adolescente robusto, henchido de espíritu sionista y con pretensiones de superioridad moral, estaba destinado a incorporarme a una unidad especial de rescate de las fuerzas aéreas. Pero entonces ocurrió lo inesperado. Durante un programa radiofónico de jazz que transmitían de madrugada, escuché The Master Tapes de Charlie “Bird” Parker.

Me quedé anonadado. Era algo mucho más orgánico, poético, sensible y a la vez salvaje que todo lo que había escuchado antes en mi vida. Mi padre solía escuchar a Bennie Goodman y a Artie Shaw, que eran entretenidos, podían tocar el clarinete, pero Bird era una historia totalmente distinta. Era un espectáculo libidinoso y feroz de ingenio y energía. A la mañana siguiente, en vez de ir a la escuela, me dirigí a todo correr a Piccadilly Record, la tienda de música más importante de Jerusalén. Encontré la sección de jazz y compré todos los LP de bebop que había en los estantes (probablemente sólo dos). En el autobús, de vuelta a casa, me di cuenta de que Charlie Parker era negro. No me sorprendió mucho, pero fue una especie de revelación, porque en mi mundo únicamente los judíos estaban relacionados con algo bueno. Bird fue el principio de un itinerario.

* * *

En aquel tiempo, al igual que mis allegados, yo estaba convencido de que los judíos eran el pueblo elegido. Mi generación creció con la mágica victoria de la Guerra de los Seis Días, estábamos totalmente seguros de nosotros mismos. Como éramos laicos, relacionábamos cada éxito que obteníamos con nuestras cualidades omnipotentes. No creíamos en la intervención divina, creíamos en nosotros mismos. Creíamos que nuestro poderío estaba inmerso en el alma y en la carne hebrea resucitadas. Los palestinos, por su parte, nos servían con obediencia y por entonces no parecía que aquello fuese a cambiar. No daban señales de resistencia colectiva. Sus esporádicos atentados, calificados de “terroristas”, nos confirmaban que la justicia estaba de nuestra parte y alimentaban nuestro deseo de venganza. Pero de algún modo, dentro de esta farsa de la omnipotencia, para mi sorpresa aprendí a darme cuenta de que las personas que más me apasionaban eran en realidad un puñado de estadounidenses. Era gente que no tenía nada que ver ni con el milagro sionista ni con mi propia tribu chauvinista y exclusiva.

Dos días después conseguí mi primer saxofón. El saxofón es un instrumento muy fácil para empezar y, si no me creen, pregúntenle a Bill Clinton. Sin embargo, por muy fácil que fuese, tocar como Bird o Cannonball me parecía una misión imposible. Empecé a practicar día y noche y, cuanto más practicaba, más abrumado me sentía ante los logros colosales de esa gran familia de músicos estadounidenses negros, una familia a la que entonces empezaba a conocer con más detalle. Un mes más tarde supe de la existencia de Sonny Rollins, Joe Henderson, Hank Mobley, Monk, Oscar Peterson y Duke , y cuanto más los escuchaba más cuenta me daba de que mi educación judeocéntrica era totalmente errónea. Al cabo de un mes con un saxofón enchufado en la boca mi entusiasmo sionista había desaparecido por completo. En vez de fantasear con pilotar helicópteros en la retaguardia del enemigo empecé a soñar con vivir en Nueva York, en Londres o en París. Lo único que deseaba era una oportunidad para escuchar a los gran del jazz, muchos de los cuales todavía estaban vivos a finales de los setenta.

Hoy en día, los jóvenes que quieren tocar jazz tienden a matricularse en una facultad de música, pero en mi época era muy diferente. Los que querían tocar música clásica iban a una facultad o a una escuela de música, pero los que querían tocar por afición se quedaban ensayando en su casa las veinticuatro horas del día. Además, a finales de los setenta en Israel no había escuelas de jazz y en mi Jerusalén natal sólo había un club de jazz. Se llamaba Pargod y estaba en un antiguo baño turco reconvertido. Cada viernes por la noche ofrecían una jam session y durante mis primeros dos años en el jazz aquellas jams fueron la esencia de mi vida. Literalmente hablando abandoné todo lo demás, sólo me dedicaba a ensayar día y noche preparándome para la siguiente “jam del viernes”. Escuchaba música, transcribía en el pentagrama algunos grandes solos, incluso ensayaba mientras dormía. Decidí dedicar mi vida al jazz aceptando el hecho de que como israelí de raza blanca mis oportunidades de alcanzar el éxito eran bastante remotas. Sin darme cuenta entonces, mi naciente dedicación al jazz había sobrepasado mis tendencias sionistas exclusivas. Sin ser consciente, olvidé mi pertenencia al pueblo elegido. Me había convertido en un ser humano ordinario. Muchos años después supe que el jazz fue el camino por el que escapé. Unos cuantos meses bastaron para que me sintiese cada vez menos relacionado con mi realidad circundante, empecé a sentirme miembro de una familia mucho más amplia y más grande, de una familia de amantes de la música, de un grupo de personas adorables preocupadas por la belleza y el espíritu en vez de por la tierra y la ocupación.

Sin embargo, aún tenía que hacer el servicio militar. Aunque generaciones posteriores de jóvenes músicos de jazz israelíes se libraron del ejército y se fueron a Nueva York –la Meca del jazz–, para mí, un joven sionista originario de Jerusalén, dicha alternativa no estaba disponible, ni siquiera se me ocurrió tal posibilidad.

En julio de 1981 me alisté en el ejército israelí, pero puedo decir con orgullo que desde el primer día hice todo lo posible por evitar cualquier llamada del deber. Y no porque fuese pacifista ni porque me preocupase por los palestinos o debido a una pasión latente por la paz: lo hice porque adoraba estar solo con mi saxofón.

Cuando estalló la primera guerra de Líbano ya llevaba un año de soldado. No hacía falta ser un genio para saber la verdad, yo sabía que nuestros jefes estaban mintiendo. Cada soldado israelí se dio cuenta de que aquella guerra era una agresión israelí. Por mi parte, me sentía totalmente ajeno a la causa sionista. Ya no formaba parte de ella. Pero todavía no eran ni la política ni la ética lo que me alienaba de aquel entorno, sino el deseo de estar solo con mi instrumento. Llegar a tocar escalas a la velocidad de la luz me parecía mucho más importante que matar árabes en nombre de la redención judía. Por eso, en lugar de convertirme en un asesino diplomado hice todos los esfuerzos posibles por integrarme en una de las bandas. Tardé unos meses en lograrlo, pero al final atraqué sin peligro en la Orquesta de las Fuerzas Aéreas Israelíes (IAFO).

La IAFO era un ejemplo típico de cambalache social, uno podía ingresar en ella por ser un talento prometedor del jazz o sólo por ser hijo de un piloto muerto. El hecho de que yo fuese aceptado a sabiendas de que mi padre estaba entre los vivos me indicó por primera vez que quizá tenía talento musical. Para mi sorpresa, ninguno de los miembros de la orquesta se tomaba seriamente el ejército. Estábamos todos preocupados por una sola cosa: nuestro desarrollo musical personal. Odiábamos el ejército y no tardé mucho tiempo en odiar también al Estado que tenía un ejército tan grande, con unas fuerzas aéreas tan descomunales que necesitaban una banda de música, la cual me impedía practicar veinticuatro horas al día los siete días de la semana. Cada vez que teníamos que tocar en un evento militar tratábamos de hacerlo lo peor posible para asegurarnos de que nunca volverían a invitarnos otra vez. En la orquesta de IAFO aprendí por primera vez cómo ser subversivo, cómo destruir el sistema para lograr una perfección personal inmaculada.

En el verano de 1984, sólo tres semanas antes de que me licenciaran, nos enviaron a Líbano para una gira de conciertos. En aquellos momentos Líbano era un lugar muy peligroso y el ejército israelí estaba enterrado en búnkers y trincheras para evitar cualquier confrontación con la población local. Al segundo día llegamos a Ansar, un conocido campo de concentración israelí situado en tierra libanesa. Aquel evento cambió mi vida.

Era un día abrasador de principios de julio. Por un camino polvoriento llegamos al infierno en la tierra, un inmenso centro de detención rodeado de alambradas. De camino hacia las oficinas centrales del campamento pudimos ver a miles de prisioneros calcinándose bajo el sol. Es difícil de creer, pero las bandas militares reciben siempre tratamiento de VIPS. Una vez en los barracones del mando nos llevaron a una visita guiada del campamento. Íbamos andando junto a las interminables alambradas y las torres de vigilancia. No podía creer lo que veían mis ojos. “¿Quiénes son esas personas?”, le pregunté al oficial. “Son palestinos”, dijo. “A la izquierda están los de la OLP y a la derecha los de Ahmed Jibril, que son mucho más peligrosos (el Frente Popular para la Liberación de Palestina), así que los mantenemos aislados.”

Miré a los prisioneros y me parecieron muy diferentes a los de Jerusalén. Los que vi en Ansar parecían disgustados. No estaban derrotados y eran muchos. Conforme avanzábamos a lo largo de las alambradas y miraba fijamente a los prisioneros me di cuenta de algo insoportable: llevaba puesto un uniforme militar israelí. Mientras que pensaba en mi uniforme y trataba de sobreponerme a un profundo sentido de vergüenza, llegamos a una gran explanada en medio del campamento. Nos quedamos allí alrededor del guía oficial, que nos contó más mentiras sobre aquella guerra que combatíamos para defender nuestro refugio judío. Mientras que nos aburría a muerte con embustes irrelevantes observé que estábamos rodeados por dos docenas de bloques de hormigón de un metro cuadrado de base y unos 130 cm de altura. Tenían una pequeña puerta de metal y me sentí horrorizado ante el hecho de que mi ejército pudiese haber decidido encerrar a los perros guardianes en aquellas construcciones durante la noche. Haciendo uso de mi descaro israelí, le pregunté al guía oficial qué eran aquellos horribles cubos de cemento. Respondió con celeridad: “Son bloques de reclusión incomunicada, al cabo de dos días en uno de ellos cualquiera se convierte en un sionista fiel”.

Aquello fue la gota que desbordó el vaso. Me di cuenta entonces, ya en 1984, de que mi aventura amorosa con el Estado israelí y el sionismo se había acabado. A pesar de todo, sabía muy poco sobre Palestina, sobre la Nakba o incluso sobre el judaísmo y la judeidad. Únicamente sabía que, para mí, Israel era una mala noticia y no quería tener nada que ver con él. Dos semanas después entregué mi uniforme, agarré mi saxo contralto, tomé el autobús del aeropuerto Ben Gurion y volé en dirección a Europa, donde permanecí varios meses. Estaba disfrutando de la calle. A mis 21 años era libre por primera vez. En diciembre hacía demasiado frío y volví a casa con la clara intención de regresar a Europa.

* * *

Pasaron otros diez años antes de que me fuera posible dejar Israel para siempre. Los utilicé para aprender sobre el conflicto israelopalestino, sobre la opresión. Empecé a aceptar que estaba viviendo en una tierra que pertenecía a otra gente. Empecé a conocer ese hecho pasmoso de que en 1948 los palestinos no se fueron voluntariamente, sino que fueron objeto de una brutal limpieza étnica por parte de mi abuelo y sus compinches. Empecé a darme cuenta de que la limpieza étnica nunca ha cesado en Israel, sólo tomó formas y estilos diferentes. Empecé a reconocer el hecho de que el sistema jurídico israelí se basa en una orientación racial absoluta. Un buen ejemplo era, obviamente, la “Ley del retorno”, una ley que invita a los judíos a regresar a su “hogar” después de 2000 años, pero impide que los palestinos regresen a su tierra y a sus pueblos tras 2 años en el extranjero. Durante todo aquel tiempo seguí progresando como músico, me había convertido en un importante músico de sesión y en productor musical. Pero todavía no estaba muy involucrado en ninguna actividad política. Estudié el discurso de la izquierda israelí y me di cuenta de que ésta era un club social en vez de un entorno ideológico motivado por una conciencia ética.

En la época de los acuerdos de Oslo (1994), ya no podía aguantar más. Comprendí que los “esfuerzos de paz” de los israelíes eran un auténtico engaño. No buscaban la reconciliación con los palestinos ni hacerle frente al pecado original sionista. En vez de eso, estaban allí para asegurar la existencia tranquila del estado judío a expensas de los palestinos. El derecho palestino al retorno no era en absoluto una alternativa. Decidí dejar mi hogar, abandonar mi carrera. Lo dejé todo, incluida mi esposa Tali, que se reunió conmigo después. Lo único que me llevé fue mi saxo tenor, mi verdadero amigo eterno.

Me mudé a Londres e hice estudios de postgrado en Filosofía en la universidad de Essex. Al cabo de una semana en Londres me las arreglé para obtener un puesto en el Black Lion, un legendario pub irlandés situado en Kilburn High Road. En aquel momento no comprendí la suerte que tenía. No supe lo difícil que es que a uno lo contraten en Londres. A decir verdad, aquello fue el origen de mi carrera internacional como músico de jazz. Al cabo de un año era muy popular en el Reino Unido tocando bebop y post bop. Tres años después estaba de gira con mi banda por toda Europa.

Sin embargo, no pasó mucho tiempo antes de que empezara a sentir un poco de nostalgia. Para mi sorpresa, no fue Israel lo que extrañaba. No eran Tel Aviv, Haifa o Jerusalén. En realidad añoraba Palestina. No añoraba al taxista descortés del aeropuerto Ben Gurion o un centro comercial en Ramat Gan, sino el humus de Yafo en las calles Yesfet y Salasa. Eran los pueblos palestinos desplegados sobre las colinas entre olivos y nopales sabbar. Me di cuenta de que siempre que sentía el deseo de volver a mi tierra terminaba en la londinense Edgware Road pasando la tarde en un restaurante libanés. Sin embargo, una vez que empecé a exponer públicamente mis ideas sobre Israel, pronto tuve claro que para mí Edgware Road era lo más cerca de mi patria que alguna vez podría estar.

* * *

He de admitir que en Israel no estuve nunca interesado en la música árabe. Los colonos supremacistas nunca se interesan por la cultura autóctona. Siempre me ha gustado la música folclórica. Ya me había hecho un hueco en Europa como intérprete destacado de klezmer. Con los años empecé a tocar música turca y griega. Sin embargo, pasé por alto la música árabe y, sobre todo, la música palestina. Una vez en Londres, en aquellos restaurantes libaneses, empecé a darme cuenta de que nunca había analizado la música de mis vecinos. Lo más preocupante era que la había ignorado, a pesar de que la oía constantemente. Estaba por todas partes, pero nunca la escuchaba. Estaba en cada esquina de mi vida, la llamada a la oración de las mezquitas sobre las colinas. Um Jaltum, Farid El Atrash, Abdel Halim Hafez estaban en la calle, en la televisión, en los pequeños cafetines del barrio antiguo de Jerusalén, en los restaurantes. Estaban por todas partes, pero yo los había descartado irrespetuosamente.

Con treinta y pocos años y fuera de mi país me sumergí en la música autóctona de mi patria. No fue fácil. Fue casi impracticable. Mientras que el jazz era fácil para mí, la música árabe se me resistía. Ponía la música, tomaba el saxofón o el clarinete, trataba de imitarla y sonaba falso. Pronto me di cuenta de que la música árabe era un lenguaje totalmente distinto. No sabía por dónde empezar y cómo encararla.

La música de jazz es un producto occidental. Nació en el siglo XX y se desarrolló en los márgenes de la industria cultural. El bebop, la música con la que crecí, está hecha de fragmentos musicales relativamente pequeños. Las melodías son breves porque tenían que caber en el formato de los discos de los años cuarenta (3 minutos). La música occidental puede transcribirse fácilmente en el lenguaje visual del pentagrama con las notas y los acordes habituales.

El jazz, al igual que cualquier otra forma de arte occidental, es parcialmente digital. La música árabe, por otro lado, es analógica, no se puede transcribir. Si se transcribe, su autenticidad desaparece. Había alcanzado por fin la suficiente madurez humana para enfrentarme a la música de mi patria, pero mis conocimientos musicales se interponían en mi camino.

No podía comprender qué era lo que me impedía dominar la música árabe. No podía comprender por qué no sonaba bien. Pasaba mucho tiempo escuchando y ensayando. Pero no sonaba bien. Con el tiempo, los críticos musicales de Europa empezaron a apreciar mi nuevo sonido, empezaron a considerarme como un nuevo héroe del jazz que había cruzado la línea divisoria y como un experto en música árabe. Yo sabía que se equivocaban, pues por mucho que tratase de cruzar esa frontera notaba fácilmente que mi sonido y mi interpretación eran ajenos al auténtico color árabe.

Pero entonces descubrí un truco fácil. En mis conciertos, cuando trataba de emular el sonido oriental, cantaba primero una estrofa que me recordase el sonido que ignoré en mi infancia, trataba de recordar los ecos del almuecín adentrándose a hurtadillas por nuestras callejuelas desde los valles de alrededor. Trataba de recordar el sonido asombrosamente obsesivo de mis amigos Dhafer Youssef y Nizar Al Issa. Escuchaba la voz baja y persistente de Abel Halim Hafez. Al principio, sólo cerraba los ojos y escuchaba mi oído interior, pero sin darme cuenta empecé a despegar los labios y a cantar cada vez más fuerte. Supe entonces que si cantaba con el saxofón en la boca obtendría un sonido muy cercano al de los cornos de metal de las mezquitas. Al principio traté de acercarme lo más posible al sonido árabe, pero llegó un momento en que me olvidé de lo que estaba tratando de lograr; empecé a divertirme.

El año pasado, mientras grababa un álbum en Suiza, supe de repente que mi sonido árabe ya era lo bastante bueno como para no avergonzarme más. Al escuchar algunas tomas en la sala de control supe que los ecos de Jenín, Al Quds y Ramalá surgían con naturalidad de los altavoces. Traté de preguntarme a mí mismo qué había ocurrido, por qué de repente empezaba a parecer genuino. Me di cuenta de que había abandonado la primacía del ojo para regresar a la primacía del oído. Ya no buscaba inspiración en el pentagrama, en las notas musicales o en los acordes. En vez de eso, estaba escuchando mi voz interior. La pelea con la música árabe me recordó por qué empecé a tocar música en primer lugar. Al final del día escuché a Bird en la radio en vez de verlo en MTV.

Me gustaría terminar esta charla diciendo que ya va siendo hora de que aprendamos a escuchar a la gente que queremos. Ya va siendo hora de que escuchemos a los palestinos en vez de seguir lo que dicen algunos deteriorados libros de texto. Ya va siendo hora. Sólo en fechas recientes comprendí que la ética entra en juego cuando los ojos se cierran y los ecos de la conciencia forman una melodía interior. Empatizar es aceptar la primacía del oído.

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Epílogo: Gilad Atzmon o La redención del exiliado
Manuel Talens

Retrato de Gilad Atzmon por Ben Haine

Desde que hace algunos años conocí a Gilad Atzmon con motivo de una larga entrevista que le hice estoy convencido de que este hombre escucha al mundo con los oídos de un artista. No fue casualidad si lo titulé La belleza como arma política (parte 1, parte 2), pues tanto de su música como de sus escritos emana siempre una profunda y sublime poesía, incluso si tratan -como suele suceder- de la perenne tragedia palestina causada por Israel. Este artículo, que es la elaboración detallada de una charla que pronunció recientemente en Brighton (Reino Unido), no es un excepción a esta regla, pero en lugar de tratar el argumento desde un punto de vista externo -técnica literaria que establece una distancia y lo “enfría”- aquí el ex israelí Atzmon asume el doloroso papel de sujeto que se sitúa en medio de la acción para contarnos su propio itinerario desde el infierno racista del estado sionista, donde nació, hasta la única salida ética que le quedaba cuanto escuchó la luz a través del milagro de la música: el exilio voluntario. Exile, como ya bien saben los lectores informados sobre este gran jazzman, es uno de sus álbumes más hermosos. Pero para mí es también el argumento principal de este artículo. No es cosa del azar si otros israelíes tan honrados como Ilan Pappe han escogido asimismo el exilio –al igual que hizo Atzmon- como única manera de redimirse de la vergüenza de pertenecer a un Estado que trata a la población autóctona como si fueran bestias despreciables. Pero el relato de Atzmon tiene una ventaja adicional -por lo menos para los melómanos- y es la sutil narración de su despertar de la culpable pesadilla israelí en que estaba sumergido, proceso que le permitió liberarse mediante su renuncia a la israelidad, y todo ello gracias al arte de Charlie Parker. El arte es el vaso comunicante que une a Parker y Atzmon. Pero hay más: el hecho de que Parker fuese negro -una raza tan despreciada por los colonialistas de siempre como hoy lo son los palestinos por parte de los sionistas- sirve simbólicamente el propósito de la redención de Atzmon: para él, aceptar la causa de la música negra fue como matar dos pájaros de un tiro, pues significó que simultáneamente aceptaba la causa de la liberación del pueblo palestino a través del activismo político. Textos como éste, escritos por personas como Atzmon que han decidido integrarse en la humanidad sin discriminaciones tribales y que se definen como ex sionistas, nos ayudan a mantener la esperanza de que un día la tierra de Palestina se verá libre de esta plaga racista posmoderna que es el sionismo y de que todos sus habitantes vivirán en paz con independencia de su religión o su identidad étnica.- Manuel Talens.

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Fuente: http://peacepalestine.blogspot.com/2008/01/gilad-atzmon-primacy-of-ear.html.

Artículo original publicado el 10 de enero de 2008.

Sobre el autor.

El traductor, Manuel Talens, es escritor. Forma parte de Rebelión, Cubadebate y Tlaxcala. Su última novela se titula La cinta de Moebius (Alcalá Grupo Editorial). Su sitio web es http://www.manueltalens.com.

Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar a sus autores y la fuente.

URL de este artículo en Tlaxcala: http://www.tlaxcala.es/pp.asp?reference=4460&lg=es.

En inglés.