martes, mayo 27, 2008

¿A alguien le gusta Fabiana Cantilo?

Por que a mí sí. :)

Y no sólo ella por bonita; me gusta esta canción, sin ir más lejos.


Título: "Nada es para siempre". Autor: Fito Páez.


En YouTube

Sin querer te lastimé,
sin querer te abandoné.
Sólo sé que yo no sé
cuidarte de mi amor.

Necesito tu perdón,
necesito verte hoy.
Sólo sé que yo no sé
cuidarte de mi amor.

Si al final siempre el tiempo se va
donde caen los días,
si al final abrazarse al dolor
no nos deja brillar,
dime qué será, qué será de los dos
cuando pase la vida,
algo ocurrirá, tengo una sensación,
una carta guardada, un buen signo del sol.

Nada es para siempre,
nada es para siempre.
No me digas, mi amor,
que te falta valor
porque nada es para siempre.

Si pudiéramos hablar,
si pudieramos dejarlo.
Vos sabés que yo no sé
cuidarte de mi amor.

Otra vez me equivoqué,
otra vez te abandoné.
Vos sabés que yo no sé
cuidarte de mi amor.

El azar nos permite cambiar
nuestro incierto destino,
el temor que nos puede vencer
sin mirar más allá,
yo creo que al final nunca sé dónde voy
pero sigo un camino,
algo ocurrirá, tengo la sensación,
una carta marcada, un buen signo del sol.

Nada es para siempre,
nada es para siempre.
No me digas, mi amor,
que te falta valor
porque nada es para siempre.

Nada es para siempre,
nada es para siempre.
Si tu risa escapó,
si no escuchas mi voz,
sabes, nada es para siempre.

Todo vuelve a mí
una vez más.
Todo vuelve a mí
una vez más.

Una vez más
te aliviarás,
te aliviarás.

Todo vuelve a mí

una vez más.
Todo vuelve a mí
una vez más.

Oí por primera vez alguno de sus discos hará 5 años, después de enterarme de que trabajó con músicos de rock de su país, Argentina, muy queri
dos por mí.

Algo tiene esta tonadilla que se queda pegada a uno y ya no se va, ¿creen?


Espero les haya gustad
o.
Foto de Nora Lezano tomada de http://www.rock.com.ar

sábado, abril 19, 2008

Hoy recuerdo a los muertos de mi casa...

Hace diez años que te fuiste, Octavio; y todavía en ti seguimos respirando.

Elegía interrumpida

Hoy recuerdo a los muertos de mi casa.
Al primer muerto nunca lo olvidamos,
aunque muera de rayo, tan aprisa
que no alcance la cama ni los óleos.
Oigo el bastón que duda en un peldaño,
el cuerpo que se afianza en un suspiro,
la puerta que se abre, el muerto que entra.
De una puerta a morir hay poco espacio
y apenas queda tiempo de sentarse,
alzar la cara, ver la hora
y enterarse: las ocho y cuarto.

Hoy recuerdo a los muertos de mi casa.
La que murió noche tras noche
y era una larga despedida,
un tren que nunca parte, su agonía.
Codicia de la boca
al hilo de un suspiro suspendida,
ojos que no se cierran y hacen señas
y vagan de la lámpara a mis ojos,
fija mirada que se abraza a otra,
ajena, que se asfixia en el abrazo
y al fin se escapa y ve desde la orilla
cómo se hunde y pierde cuerpo el alma
y no encuentra unos ojos a que asirse…
¿Y me invitó a morir esa mirada?
Quizá morir con otro no es morirse.
Quizá morimos sólo porque nadie
quiere morirse con nosotros, nadie
quiere mirarnos a los ojos.

Hoy recuerdo a los muertos de mi casa.
Al que se fue por unas horas
y nadie sabe en qué silencio entró.
De sobremesa, cada noche,
la pausa sin color que da al vacío
o la frase sin fin que cuelga a medias
del hilo de la araña del silencio
abren un corredor para el que vuelve:
suenan sus pasos, sube, se detiene…
Y alguien entre nosotros se levanta
y cierra bien la puerta.
Pero él, allá del otro lado, insiste.
Acecha en cada hueco, en los repliegues,
vaga entre los bostezos, las afueras.
Aunque cerremos las puertas él insiste.

Hoy recuerdo a los muertos de mi casa.
Rostros perdidos en mi frente, rostros
sin ojos, ojos fijos, vaciados,
¿busco en ellos acaso mi secreto,
el dios de sangre que mi sangre mueve,
el dios de yelo, el dios que me devora?
Su silencio es espejo de mi vida,
en mi vida su muerte se prolonga:
soy el error final de sus errores.

Hoy recuerdo a los muertos de mi casa.
El pensamiento disipado, el acto
disipado, los nombres esparcidos
(lagunas, zonas nulas, hoyos
que escarba terca la memoria),
la dispersión de los encuentros,
el yo, su guiño abstracto, compartido
siempre por otro (el mismo) yo, las iras,
el deseo y sus máscaras, la víbora
enterrada, las lentas erosiones,
la espera, el miedo, el acto
y su reverso: en mí se obstinan,
piden comer el pan, la fruta, el cuerpo,
beber el agua que les fue negada.
Pero no hay agua ya, todo está seco,
no sabe el pan, la fruta amarga,
amor domesticado, masticado,
en jaulas de barrotes invisibles
mono onanista y perra amaestrada,
lo que devoras te devora,
tu víctima también es tu verdugo.
Montón de días muertos, arrugados
periódicos, y noches descorchadas
y amaneceres, corbata, nudo corredizo:
“saluda al sol, araña, no seas rencorosa…”

Es un desierto circular el mundo,
el cielo está cerrado y el infierno vacío.

(Libertad bajo palabra, 1957)

viernes, marzo 28, 2008

Palabras de la estudiante mexicana herida en la invasión de Colombia a Ecuador

"A Uribe y a quienes nos lanzaron bombas igualitas a las que arrojaron contra Irak, se les debe investigar y castigar"
Lucía Andrea Morett Álvarez
Rebelión
28 de marzo de 2008

El siguiente texto fue leído en el Aula Magna de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, en el homenaje a los universitarios víctimas de la invasión de Colombia a Ecuador el 1 de marzo; también fueron leídas en el acto en defensa del petróleo, en el zócalo de la Ciudad de México, por la senadora Rosario Ibarra; ambos actos fueron realizados el 25 de marzo de 2008.

Compañeras y compañeros:

Reciban un saludo sincero, bolivariano, desde una cama del Hospital Militar en Quito, Ecuador, en donde me recupero de las múltiples lesiones que sufrí a consecuencia del criminal bombardeo lanzado por el ejército colombiano a tierras del Ecuador el pasado 1 de marzo y por el cual murieron cuatro de mis mejores amigos. Me duelen muchas cosas, entre otras, que el gobierno mexicano intente con su silencio revertir la responsabilidad que, ante el mundo y la historia, tienen los autores de la masacre, para desviar la atención preguntándose qué estábamos haciendo allí, cuando además se sabe que llegamos al campamento unas pocas horas antes de la barbarie y lo hicimos en nuestra condición de civiles y estudiosos universitarios sin imaginar que íbamos a ser víctimas de una de las peores infamias cometida recientemente en América Latina, justo en un lugar al que se nos invitó para conocer las propuestas de paz.

Me duele que en un mundo lleno de comunicación, los medios y su poder tergiversen la realidad con absurdas y dolosas mentiras, y que con ellas busquen lastimar la dignidad de jóvenes que desde las vías pacíficas y legales queremos un cambio en la sociedad. Vean lo que les digo, ahora nos salen con la abominable pretensión, eso sí ampliamente difundida, “de que las autoridades colombianas nos van a interrogar”. En qué cabeza cabe pensar que nuestro verdugo sea al mismo tiempo el juez de estos hechos y que sean además los asesinos quienes sentencien a las víctimas.

Cabe destacar que existe ya un culpable confeso, a Álvaro Uribe se le debe investigar y castigar y lo mismo debe hacerse con otros autores materiales e intelectuales, a todos aquellos que nos lanzaron bombas igualitas a las que arrojaron en guerra contra Irak, para después atacar por la espalda a los heridos.

Nosotros no cometimos ningún delito, ingresamos y transitamos legalmente en el Ecuador, participamos de actividades públicas y, en cambio arteramente se nos acribilló. Tan abrumadores son los hechos que el Fiscal General de esta nación me ha dicho que no hay nada en mi contra, que fui víctima y me deseaba una pronta recuperación.

Quiero decirles desde este hermoso pueblo ecuatoriano que me ha abierto sus brazos y su solidaridad, que sé que allá en México el coraje y la dignidad también están encontrando su lugar y que son muchos los actos y las formas mediante las que se exige que este crimen de Estado no quede impune. Gracias por estar con nosotros, con Juan, con Fernando, con Verónica, con Soren.

Tengo la confianza que no estoy sola, que la gente de mi pueblo sabrá luchar y hacer justicia; que en la UNAM nuestras autoridades han condenado los crímenes y han estado a la altura de los acontecimientos para defender el derecho a pensar y actuar críticamente. Estoy segura que muy pronto mis compañeros tendrán una lápida digna, que su muerte no será en vano ya que su semilla cayó en suelo fértil por lo que junto a ellos nacerán flores y frutos hermosos. Su voz que pretendieron apagar de una manera muy ruin se multiplicará en el grito de muchos millones por todo el planeta.

Me despido desde esta mitad del mundo fracturada por ese bombardeo cobarde. Sigo confiada en que esa América, esa Patria Grande por la que lucharon y soñaron Bolívar y Martí, muy pronto llegará. Nuestras naciones después de un largo eclipse florecerán. No hay imperio que viva eternamente.

Fraternalmente.
Lucía Andrea Morett Álvarez.
Quito, Ecuador, a 25 de marzo de 2008.

lunes, febrero 18, 2008

Nace la campaña 'Por una cuerda de vida' para apoyar a familiares de mineros sacrificados en Pasta de Conchos

Campaña 'Por una cuerda de vida para los mineros del carbón y sus familias'

A casi dos años del siniestro en la mina 8 de Pasta de Conchos, la familia Pasta de Conchos, integrada por 615 familiares directos de los 65 mineros atrapados, de los cuales 63 todavía permanecen en la mina. No los han entregado, porque ni la empresa Industrial Minera México (IMMSA), ni el Estado, ni el sindicato, han cumplido lo que lo que por ley están obligados a hacer para no tener que asumir las responsabilidades por la muerte de los mineros. Sus componendas y complicidades nos pretenden dejar en estado de indefensión.

- La empresa declaró: 'cumplimiento escrupulosos de todas las prestaciones y obligaciones de ley y del contrato colectivo de trabajo' (boletín de prensa del 27 de febrero de 2006, emitido por IMMSA). A dos años del siniestro, las familias no tienen pensión ni servicios médicos por que la empresa se amparó para no pagar lo ordenado por el Seguro Social.

- La empresa se comprometió por escrito y lo publicó en desplegados infinidad de veces: 'que cubriría el triple salario integrado de los mineros fallecidos en tanto se inicie el pago de las pensiones del IMSS'. El viernes 2 de marzo del año 2007 IMMSA dejó de hacer el pago a las familias pues argumentaron que ya habían pagado lo suficiente.

- El gobierno del estado de Coahuila, la empresa y algunas empresas privadas se comprometieron a entregar una vivienda a cada una de las familias afectadas. A dos años las viviendas no han sido entregadas, están cuarteadas y algunas se inundaron.

- El gobierno del estado de Coahuila emitió dos actas de defunción ilegales por cada uno de los mineros que continúan sepultados en Pastas de Conchos, certificando las causas de muerte.

- La contraloría interna de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social no ha terminado la investigación sobre la responsabilidad de los funcionarios y por tanto, a dos años, no se han fincado responsabilidades. Asimismo la misma STPS no ha dado cumplimiento a la recomendación 26/2006 (17 julio 06) emitida por la CNDH.

- La Procuraduría General de la República no ha concluido la investigación abierta para determinar las responsabilidades en el siniestro de Pasta de Conchos ni ha dado respuesta a la denuncia interpuesta contra el Secretario del Trabajo, Lic. Javier Lozano, por abuso de autoridad, al difamar públicamente a dos de los asesores de la familia Pasta de Conchos.

- La Secretaría de Economía “sancionó” a la empresa por desacatar la orden de restablecer la seguridad en la mina, suspendiendo de manera definitiva la exploración y explotación de carbón únicamente donde están los restos de los mineros atrapados.

- La Dirección General de Inspección Federal del Trabajo y el XV juzgado de distrito de la Ciudad de México determinaron que las familias no tienen interés jurídico; y en los términos en que está planteado, ni siquiera los mineros muertos pueden reclamar justicia por los actos de gobierno. Argumento que ha retomado IMMSA para impedir que las familias presenten ante un juzgado de circuito las pruebas periciales que demuestran que el rescate es posible.

- La STPS y el Sindicato Minero se han sentado a negociar, y en la conflictiva agenda que tendrán que resolver, establecieron analizar todo el asunto de Pasta de Conchos. En este punto, ningún acuerdo que postulen es viable, ni moralmente justo, sin la participación y actuación de la familia Pasta de Conchos y su equipo de asesores. El sindicato minero de ninguna manera puede atribuirse la representación de las familias, porque jamás asumió su responsabilidad frente a la muerte de nuestros familiares, a quienes supuestamente representaba y defendía, razón por la cual cuenta únicamente con dos familiares en sus filas. La familia Pasta de Conchos representa a 615 familiares directos y es la única afectada y moralmente acreditada para resolver de manera justa y en apego al respeto de nuestros derechos humanos, toda la problemática que han acrecentado y exacerbado con sus silencios, sus acciones y sus decisiones.

Ante esta cadena de impunidades, la familia Pasta de Conchos emprende otra etapa de protesta y resistencia en la que lanza la campaña internacional, nacional y regional 'Por una cuerda de vida para los mineros del carbón y sus familias', exigiendo:

1. El rescate de los cuerpos dado que, de acuerdo con el peritaje realizado por el Foro Consultivo Científico y Tecnológico y el equipo de peritos que nos asesoran, sí hay condiciones técnicas para ello, siempre y cuando se garanticen las condiciones de seguridad e higiene, tal como se realizó durante el primer año de rescate.

2. La postulación de la empresa Industrial Minera México de Grupo México como 'empresa socialmente irresponsable', por su probada negligencia en la mina 8 de Pasta de Conchos y en muchas otras de las minas que tienen en concesión.

3. Que se les finquen responsabilidades tanto al Estado Mexicano como a las autoridades gubernamentales responsables de todos los agravios; a Germán Larrea Mota Velazco y al Consejo de Administración de IMMSA, responsables directos del siniestro; a Jesús Javier de la Fuente Cepeda, dueño de la empresa contratista General de Hulla, patrón directo de 39 de los trabajadores fallecidos en la mina; así como a los representantes sindicales involucrados.

De esta manera, los trabajadores y sus familias podrán estar ciertos de que las condiciones de trabajo y de seguridad e higiene se deben cumplir a cabalidad en todas las minas. La violaciones a las leyes y normas de seguridad e higiene deben ser castigadas. Es el único camino que permitirá acotar y controlar los riesgos inherentes a la extracción de minerales para no violentar ni la salud, ni la integridad física de los trabajadores, ni la seguridad y estabilidad de sus familias.

En dicha campaña, la familia Pasta de Conchos se dirige principalmente a las familias trabajadoras de México y el mundo; a las organizaciones civiles y sociales; a los sindicatos y organizaciones de trabajadores comprometidas con la seguridad y la vida de éstos y sus familias; a las empresas socialmente responsables que han mostrado sensibilidad ante los atropellos por la negligencia industrial y la complicidad estatal y sindical, tal como es el caso de Pasta de Conchos; a las instancias internacionales de lucha y de defensa de los derechos humanos, a las iglesias y confesiones religiosas preocupadas por la justicia social y el bien común.

A todos ellos y a la ciudadanía solidaria, se les invita a sumarse a un frente de protesta y resistencia sostenido “Por una cuerda de vida para los mineros del carbón y sus familias” que inicia con las siguientes acciones en torno al segundo memorial:

-Una gira internacional en la que se establecerán contactos con sindicatos y organizaciones de derechos humanos, mineros, empresarios y medios de comunicación;

-Fortalecimiento de los vínculos y definición de estrategias comunes de acción con las redes internacionales ya establecidas;

-Encuentros informativos con parlamentarios europeos, representantes de las iglesias y diversos grupos empresariales:

-Diálogo con instancias internacionales de derechos humanos;

-Acciones de protesta solidaria articulada pacífica nacional e internacional;

-Jornadas ecuménicas de oración.

Invitamos a todos y cada uno de los lectores de este mensaje a la celebración de una eucaristía el próximo martes 19 de febrero fuera de las instalaciones de Industrial Minera México a las 12 del mediodía en Campos Elíseos 400, colonia Polanco, como se ha venido realizando mes con mes desde que IMMSA suspendió unilateralmente y sin ningún fundamento técnico el rescate.

Invitamos también a todos y cada uno de los lectores de este mensaje a marchar con nosotros el mismo día 19 de febrero a las 17 hrs, del Monumento a la Revolución al Zócalo, en donde se realizará un memorial para hacer valer el derecho humanitario inherente a todos los seres humanos: enterrar a los muertos conforme a nuestras creencias y costumbres.

Ejerzamos juntas, las familias y la sociedad, el derecho que tenemos a saber la verdad, para que, con ese fundamento, garanticemos la vida, la seguridad y la integridad de todos los trabajadores y sus familias.

¡A una voz, rescate ya!

FAMILIA PASTA DE CONCHOS; EQUIPO NACIONAL DE PASTORAL LABORAL; RED DE DERECHOS HUMANOS 'TODOS LOS DERECHOS PARA TODOS'; CENTRO DE ESTUDIOS ECUMÉNICOS; SERAPAZ; SICSAL; CENTRO DE DERECHOS HUMANOS 'FRAY JUAN LARIOS'; CEREAL; CENTRO DE DERECHOS HUMANOS 'MIGUEL AGUSTÍN PRO'; CENTRO 'FRAY FRANCISCO DE VITORIA'; CENTRO NACIONAL DE COMUNICACIÓN SOCIAL (CENCOS), OBSERVATORIO ECLESIAL.

Contacto:
Cristina Auerbach
nextel 10416364
familiapastadeconchos@yahoo.com

www.pastadeconchos.net
México D. F., a 31 de enero de 2008
Información difundida por del Área de Comunicación y Visibilidad de Cencos

lunes, febrero 11, 2008

Ante los ataques contra Gilad Atzmon y Mary Rizzo

Petición por dos activistas que conocéis bien
Ante los ataques contra Gilad Atzmon y Mary Rizzo
Rebelión
11 de febrero de 2008

A
todos los amantes de la libertad de expresión que se oponen al racismo:

Somos un grupo de palestinos y otros activistas por la causa palestina de varias nacionalidades y afiliaciones que creemos que la unión y la persistencia son fundamentales para hacer frente a la injusticia que nuestro pueblo ha sufrido en el pasado, sigue sufriendo en el presente y posiblemente seguirá padeciendo en el impredecible futuro por culpa de las potencias coloniales y sionistas.

El sionismo nos ha perjudicado desde el primer día, cuando comenzó a poner en práctica su proyecto para colonizar toda Palestina y, cuando tuviera oportunidad, extenderlo más allá de las fronteras de la Palestina histórica, en perjuicio de otros pueblos árabes. Desde el primer día han utilizado el terror físico, psicológico, moral y propagandístico contra cualquier clase de resistencia, ya fuera la resistencia armada en defensa propia o incluso contra otras fuerzas del mundo a favor de los palestinos y sus partidarios. Han recurrido a asesinatos selectivos en privado y en público aterrorizando a los palestinos y a sus defensores en todo el mundo para acallar cualquier tipo de resistencia. Han tratado de dividirnos y disgregarnos porque saben que nuestra unión es peligrosa para sus planes coloniales y racistas. Han tratado de controlar y silenciar a los medios de comunicación libres e íntegros y a los activistas políticos mediante sobornos y chantajes económicos presentándose en toda clase de despachos políticos en todos los ámbitos, especialmente contra aquellos que exigen la liberación de Palestina y el Derecho de Retorno de los palestinos a sus casas y tierras, y que quieren vivir en un estado de derecho soberano, libre y democrático.

Entre los luchadores independientes contra el sionismo hay dos grandes defensores, no árabes, de la causa palestina; dos destacadas personalidades que son asimismo grandes combatientes por la libertad y la emancipación de todos los pueblos sometidos del mundo: Gilad Atzmon, el músico y escritor ex sionista afincado en Londres, y Mary Rizzo, que vive en Italia y dirige el blog Peacepalestine (http://peacepalestine.blogspot.com). Ambos han recibido ataques de los sionistas durante mucho tiempo y también de determinadas personas que están en el movimiento por Palestina.

Casi todos los días Tony Greenstein renueva su guerra contra Gilad Atzmon y Mary Rizzo y consideramos que sus actuaciones ya han rebasado todos los límites. Hemos observado como trata de vilipendiarlos como racistas y nos entristece que estos intentos sigan aumentando mientras nuestra situación se vuelve cada vez más dramática. Estas campañas inútiles e injustificadas son intolerables, puesto que Greenstein hace circular mentiras sobre estos activistas. Sus intentos, lo único que consiguen es dañar nuestra causa y malgastar nuestras energías: como mínimo, distrae de los asuntos importantes y va dirigido contra la propia idea de unión que tanto valoramos.

Nosotros, palestinos y activistas por Palestina, expresamos nuestra solidaridad con Gilad Atzmon y Mary Rizzo, quienes cuando se dieron cuenta de las tragedias que sufren los palestinos y otros árabes, especialmente la limpieza étnica de su patria ancestral a manos del sionismo racista y colonial, decidieron luchar por la legítima causa palestina. Atzmon se autoexcluyó voluntariamente de ese proyecto inhumano y destructivo eligiendo el camino del exilio y la tarea de explicar qué significa el proyecto sionista. Tony Greenstein incluyó entre sus mentiras cotidianas la de que algunos palestinos atacaron y difamaron a los dos defensores dedicados a la causa palestina, Atzmon y Rizzo. Declaramos que no habla por nosotros ni en nuestro nombre cuando ataca a estos u otros activistas.

También aprovechamos la oportunidad para condenar el asfixiante asedio que se ha impuesto a la Franja de Gaza en particular y a Cisjordania y al resto de la población árabe palestina en general para completar la limpieza étnica de su patria histórica. Urgimos a todos los amantes y defensores de la paz y a quienes quieren y defienden la libertad de pensamiento y están en contra del sionismo y de cualquier otro tipo de racismo contra la justa causa árabe, también en Iraq y en todos los países árabes ocupados, para que firmen esta petición pidiendo el cese de la campaña de difamación y un enfoque en los asuntos que son importantes para nuestro pueblo.

Añade tu nombre, localidad y organización o grupo del que formas parte, si lo deseas, y envíala a palestinesomoud@yahoo.fr. Se incluirá en la lista pública.

Primeras firmas a las que se añadirán los nombres y comentarios que se vayan recopilando:

Adib S. Kawar, Nazareth, Palestine - Beirut, Lebanon

Walid Halabi, France - Italy

Malak Abdel-Hadi, Palestinian living in Dubai

Shahira Mehrez, Egyptian living in Cairo, Egypt

Paola Pisi, Italy, URUKNET

Ismail Zayid, Canada

Nizar Issa, London

Nadia Hasan, Chile

Dr. Sadek Pharaon MD, Syria

Oren Ben Dor, UK

Manuel Talens, España

Dima Hamdan, London, UK

Iqbal Tamimi, Exiled Journalist Network, UK, Palestinian journalist and poet

Samir Daoud - Akka Palestine - residence: Beirut – Lebanon

Nadia Daoud - Akka Palestine - Residence: Beirut – Lebanon

Hala Kawar – Nazareth, Palestine - Residence - Beirut – Lebanon

Wajih Freij – Jerusalem, Palestine - Residence: Beirut – Lebanon

Lamia Kawar – Nazareth, Palestine - Residence - Beirut – Lebanon

Ibrahim Kawar – Nazareth, Palestine - Residence - Beirut – Lebanon

Fausto Giudice, Secretary, France, Zapatist Alliance for Social Liberation

Ginette Hess Skandrani, France, Chairwoman, Zapatist Alliance for Social Liberation

Wael AlSaad, Düsseldorf - Germany

Community Düsseldorf Board

Dr. Hajo G. Meyer, Heiloo, the Netherlands , survivor of Auschwitz

The Radical Press, Canada

Mauro Manno, Italy

Manuela Vittorelli, Italy

Diego Traversa, Italy

Vicente Romano, España

Carlos Sanchis, España

Nancy Harb Almendras, United States, Germany

Zuhair Nafa, Palestine

Raja Chemayel, The Hague, Netherlands

Theodore D. Turner, Brooklyn, New York

Kristoffer Larsson, Sweden

Ellen Rohlfs, Germany, German - Palestinian Society and Gush Shalom

Hergen Matussik, Germany

Benedetta Scardovi-Mounier, USA / Italy

Cristina Santos, London, UK

Rocío Anguiano, España

Sigge Andersson, pre-med student, Sweden

Guenter Schenk, France / Germany, Aktionsbündnis für einen gerechten Frieden in Palästina

LanceThruster, LA, CA, USA

Mary Sparrowdancer, Tallahassee, FL

Birgit Jödahl, Sweden

Miguel Martinez, Florence, Italy

Susanne Scheidt, Al-Awda Italia

Jean-Marie Flémal, writer and translator, WPB (Workers' Party of Belgium), Charleroi, Belgium

Edna Spennato, South Africa - Brazil, Earth Heal Geoharmonic Research Project

Abdullah Husain, Palestine by birth, KSA, India by life accident

Wendy Campbell, California, USA, MarWen Media

Peter Brooke, UK (www.peterbrooke.org.uk)

Daniel McGowan, Geneva, NY, Exec. Director, Deir Yassin Remembered

Debbie Brown, Hacienda Heights, California USA

Kenneth Rasmusson, Sweden

Redress Information & Analysis, London, UK

Schuyler Ebbets, USA, The People's Voice.org

Ragnar B. Johannessen, Norway, The People's Voice.org

Annie Selden Annab, Annie's Letters Blog

Jim Leven, UK, PSC member

Javier Fernández Retenaga, España

Shaukat Khawja, Toronto, Canada Profession: Engineer

Volker M., Canada

Lina Abubaker, London, UK

Brenda Heard, UK, Friends of Lebanon (http://www.friendsoflebanon.org)

Letizia Tessicini, Orte, Italy

Simon R-Levin, Manchester, UK

lunes, enero 14, 2008

Mi corazón: tu nido

Esperanza

Esperanza,
araña negra del atardecer.
Tu paras
no lejos de mi cuerpo
abandonado, andas
en torno a mí,
tejiendo, rápida,
inconsistentes hilos invisibles,
te acercas, obstinada,
y me acaricias casi con tu sombra
pesada
y leve a un tiempo.
Agazapada
bajo las piedras y las horas,
esperaste, paciente, la llegada
de esta tarde
en la que nada
es ya posible...
Mi corazón:
tu nido.
Muerde en él, esperanza.
El sábado pasado, día 12 de enero, murió en un hospital de Madrid el poeta Ángel González. Había nacido 82 años atrás, el 6 de septiembre de 1925, en Oviedo.
Fotografía del periódico mexicano La Jornada.

sábado, enero 12, 2008

La primacía del oído: el camino que lleva de la música a la ética

Gilad Atzmon
Tlaxcala
11 de enero de 2008
Originalmente publicado en inglés por el blog
Peace Palestine

Traducción y epílogo:
Manuel Talens, para Tlaxcala, Cubadebate y Rebelión


Este artículo es una elaboración a posteriori de una charla pronunciada por Gilad Atzmon en Brighton, Reino Unido, el 7 de enero de 2008.

Una visión alternativa del conflicto israelopalestino y el activismo pacifista
Cada vez que me entrevistan en un medio árabe suelen hacerme la misma pregunta: “Gilad, ¿cómo es que usted ve lo que tantos israelíes no pueden ver?” Lo cierto es que son muy pocos los israelíes capaces de interpretar la bancarrota ética israelí como un síntoma innato. Durante muchos años no supe encontrar una respuesta. Sin embargo, hace poco me di cuenta de que tiene algo que ver con mi saxofón. Es la música lo que ha dado forma a mis opiniones sobre el conflicto israelopalestino y lo que ha fundamentado mi crítica de la identidad judía.

Hoy voy a hablarles a ustedes del camino que lleva desde la música a la ética.

Es bien sabido que la vida adquiere significado cuando se examina de forma retrospectiva, desde el final hasta su origen. Por lo tanto, trataré de escrutar mi propia lucha contra el sionismo a través de mi evolución como músico. Analizaré mi lucha con la música árabe. Trataré de dar más detalles retrospectivos sobre el papel que ha ejercido la música sobre mi conocimiento del mundo que me rodea. Hasta cierto punto, ésa es la historia de mi vida hasta la fecha (al menos de una de ellas).

Crecí en Israel en una familia laica bastante sionista. Mi abuelo fue un veterano terrorista poético y carismático, un ilustre ex comandante de la organización terrorista de derechas Irgún. Debo admitir que tuvo una enorme influencia sobre mí en mi primera infancia. Su odio hacia cualquier cosa que no fuese judía fue un estímulo muy importante. Como odiaba a los alemanes no permitió que mi padre comprase un coche alemán. También despreciaba a los británicos por haber colonizado su “tierra prometida”. Supongo que no detestaba a los británicos tanto como a los alemanes, porque sí permitió que mi padre condujese un viejo Vauxhall Viva. Estaba también muy enojado con los palestinos por el hecho de que viviesen en la tierra que, según él, les pertenecía a él y a su pueblo. A menudo solía decir sobre los palestinos: “Con tantos países como tienen estos árabes, ¿por qué han de vivir exactamente en donde nosotros queremos vivir?”. Pero a quienes más odiaba mi abuelo era a los judíos izquierdistas. Sin embargo, debo mencionar que como los izquierdistas judíos nunca han producido ningún automóvil, esta aversión específica no llegó nunca a crear un conflicto de intereses entre él y mi padre. Dado que admiraba a Zeev Jabotinsky (el primer comandante del Irgún), era obvio que mi abuelo se dio cuenta de que la filosofía izquierdista y el sistema de valores judío eran una contradictio in terminis. Siendo como era un veterano terrorista de derechas y un orgulloso judío tribal, sabía muy bien que el sentimiento de tribu nunca puede hacer las paces con el humanismo y el universalismo. Buen seguidor de su maestro Jabotinsky, creía en la filosofía del “telón de acero”. Estaba seguro de que a los árabes en general y a los palestinos en particular había que combatirlos sin miedo y de manera implacable. Le gustaba citar el himno del movimiento juvenil sionista Betar, “erigiremos nuestra raza con sangre y sudor”.

Mi abuelo creía en la raza judía y, por eso, yo también creía en mi infancia. Al igual que mis allegados, no veía a los palestinos de mi entorno. Sin duda estaban allí, arreglaban el coche de mi padre a mitad de precio, construían nuestras casas, limpiaban el desorden que dejábamos, colocaban cajas en la tienda de alimentación, pero siempre desaparecían justo antes de la puesta del sol y aparecían de nuevo al amanecer. Nunca alternaban con nosotros. La verdad es que no sabíamos quiénes eran y qué defendían. El sentido de la supremacía era algo consustancial en nosotros, observábamos el mundo a través de lentes racistas, chauvinistas.

A los diecisiete años me estaba preparando para hacer el servicio militar obligatorio. Como era un adolescente robusto, henchido de espíritu sionista y con pretensiones de superioridad moral, estaba destinado a incorporarme a una unidad especial de rescate de las fuerzas aéreas. Pero entonces ocurrió lo inesperado. Durante un programa radiofónico de jazz que transmitían de madrugada, escuché The Master Tapes de Charlie “Bird” Parker.

Me quedé anonadado. Era algo mucho más orgánico, poético, sensible y a la vez salvaje que todo lo que había escuchado antes en mi vida. Mi padre solía escuchar a Bennie Goodman y a Artie Shaw, que eran entretenidos, podían tocar el clarinete, pero Bird era una historia totalmente distinta. Era un espectáculo libidinoso y feroz de ingenio y energía. A la mañana siguiente, en vez de ir a la escuela, me dirigí a todo correr a Piccadilly Record, la tienda de música más importante de Jerusalén. Encontré la sección de jazz y compré todos los LP de bebop que había en los estantes (probablemente sólo dos). En el autobús, de vuelta a casa, me di cuenta de que Charlie Parker era negro. No me sorprendió mucho, pero fue una especie de revelación, porque en mi mundo únicamente los judíos estaban relacionados con algo bueno. Bird fue el principio de un itinerario.

* * *

En aquel tiempo, al igual que mis allegados, yo estaba convencido de que los judíos eran el pueblo elegido. Mi generación creció con la mágica victoria de la Guerra de los Seis Días, estábamos totalmente seguros de nosotros mismos. Como éramos laicos, relacionábamos cada éxito que obteníamos con nuestras cualidades omnipotentes. No creíamos en la intervención divina, creíamos en nosotros mismos. Creíamos que nuestro poderío estaba inmerso en el alma y en la carne hebrea resucitadas. Los palestinos, por su parte, nos servían con obediencia y por entonces no parecía que aquello fuese a cambiar. No daban señales de resistencia colectiva. Sus esporádicos atentados, calificados de “terroristas”, nos confirmaban que la justicia estaba de nuestra parte y alimentaban nuestro deseo de venganza. Pero de algún modo, dentro de esta farsa de la omnipotencia, para mi sorpresa aprendí a darme cuenta de que las personas que más me apasionaban eran en realidad un puñado de estadounidenses. Era gente que no tenía nada que ver ni con el milagro sionista ni con mi propia tribu chauvinista y exclusiva.

Dos días después conseguí mi primer saxofón. El saxofón es un instrumento muy fácil para empezar y, si no me creen, pregúntenle a Bill Clinton. Sin embargo, por muy fácil que fuese, tocar como Bird o Cannonball me parecía una misión imposible. Empecé a practicar día y noche y, cuanto más practicaba, más abrumado me sentía ante los logros colosales de esa gran familia de músicos estadounidenses negros, una familia a la que entonces empezaba a conocer con más detalle. Un mes más tarde supe de la existencia de Sonny Rollins, Joe Henderson, Hank Mobley, Monk, Oscar Peterson y Duke , y cuanto más los escuchaba más cuenta me daba de que mi educación judeocéntrica era totalmente errónea. Al cabo de un mes con un saxofón enchufado en la boca mi entusiasmo sionista había desaparecido por completo. En vez de fantasear con pilotar helicópteros en la retaguardia del enemigo empecé a soñar con vivir en Nueva York, en Londres o en París. Lo único que deseaba era una oportunidad para escuchar a los gran del jazz, muchos de los cuales todavía estaban vivos a finales de los setenta.

Hoy en día, los jóvenes que quieren tocar jazz tienden a matricularse en una facultad de música, pero en mi época era muy diferente. Los que querían tocar música clásica iban a una facultad o a una escuela de música, pero los que querían tocar por afición se quedaban ensayando en su casa las veinticuatro horas del día. Además, a finales de los setenta en Israel no había escuelas de jazz y en mi Jerusalén natal sólo había un club de jazz. Se llamaba Pargod y estaba en un antiguo baño turco reconvertido. Cada viernes por la noche ofrecían una jam session y durante mis primeros dos años en el jazz aquellas jams fueron la esencia de mi vida. Literalmente hablando abandoné todo lo demás, sólo me dedicaba a ensayar día y noche preparándome para la siguiente “jam del viernes”. Escuchaba música, transcribía en el pentagrama algunos grandes solos, incluso ensayaba mientras dormía. Decidí dedicar mi vida al jazz aceptando el hecho de que como israelí de raza blanca mis oportunidades de alcanzar el éxito eran bastante remotas. Sin darme cuenta entonces, mi naciente dedicación al jazz había sobrepasado mis tendencias sionistas exclusivas. Sin ser consciente, olvidé mi pertenencia al pueblo elegido. Me había convertido en un ser humano ordinario. Muchos años después supe que el jazz fue el camino por el que escapé. Unos cuantos meses bastaron para que me sintiese cada vez menos relacionado con mi realidad circundante, empecé a sentirme miembro de una familia mucho más amplia y más grande, de una familia de amantes de la música, de un grupo de personas adorables preocupadas por la belleza y el espíritu en vez de por la tierra y la ocupación.

Sin embargo, aún tenía que hacer el servicio militar. Aunque generaciones posteriores de jóvenes músicos de jazz israelíes se libraron del ejército y se fueron a Nueva York –la Meca del jazz–, para mí, un joven sionista originario de Jerusalén, dicha alternativa no estaba disponible, ni siquiera se me ocurrió tal posibilidad.

En julio de 1981 me alisté en el ejército israelí, pero puedo decir con orgullo que desde el primer día hice todo lo posible por evitar cualquier llamada del deber. Y no porque fuese pacifista ni porque me preocupase por los palestinos o debido a una pasión latente por la paz: lo hice porque adoraba estar solo con mi saxofón.

Cuando estalló la primera guerra de Líbano ya llevaba un año de soldado. No hacía falta ser un genio para saber la verdad, yo sabía que nuestros jefes estaban mintiendo. Cada soldado israelí se dio cuenta de que aquella guerra era una agresión israelí. Por mi parte, me sentía totalmente ajeno a la causa sionista. Ya no formaba parte de ella. Pero todavía no eran ni la política ni la ética lo que me alienaba de aquel entorno, sino el deseo de estar solo con mi instrumento. Llegar a tocar escalas a la velocidad de la luz me parecía mucho más importante que matar árabes en nombre de la redención judía. Por eso, en lugar de convertirme en un asesino diplomado hice todos los esfuerzos posibles por integrarme en una de las bandas. Tardé unos meses en lograrlo, pero al final atraqué sin peligro en la Orquesta de las Fuerzas Aéreas Israelíes (IAFO).

La IAFO era un ejemplo típico de cambalache social, uno podía ingresar en ella por ser un talento prometedor del jazz o sólo por ser hijo de un piloto muerto. El hecho de que yo fuese aceptado a sabiendas de que mi padre estaba entre los vivos me indicó por primera vez que quizá tenía talento musical. Para mi sorpresa, ninguno de los miembros de la orquesta se tomaba seriamente el ejército. Estábamos todos preocupados por una sola cosa: nuestro desarrollo musical personal. Odiábamos el ejército y no tardé mucho tiempo en odiar también al Estado que tenía un ejército tan grande, con unas fuerzas aéreas tan descomunales que necesitaban una banda de música, la cual me impedía practicar veinticuatro horas al día los siete días de la semana. Cada vez que teníamos que tocar en un evento militar tratábamos de hacerlo lo peor posible para asegurarnos de que nunca volverían a invitarnos otra vez. En la orquesta de IAFO aprendí por primera vez cómo ser subversivo, cómo destruir el sistema para lograr una perfección personal inmaculada.

En el verano de 1984, sólo tres semanas antes de que me licenciaran, nos enviaron a Líbano para una gira de conciertos. En aquellos momentos Líbano era un lugar muy peligroso y el ejército israelí estaba enterrado en búnkers y trincheras para evitar cualquier confrontación con la población local. Al segundo día llegamos a Ansar, un conocido campo de concentración israelí situado en tierra libanesa. Aquel evento cambió mi vida.

Era un día abrasador de principios de julio. Por un camino polvoriento llegamos al infierno en la tierra, un inmenso centro de detención rodeado de alambradas. De camino hacia las oficinas centrales del campamento pudimos ver a miles de prisioneros calcinándose bajo el sol. Es difícil de creer, pero las bandas militares reciben siempre tratamiento de VIPS. Una vez en los barracones del mando nos llevaron a una visita guiada del campamento. Íbamos andando junto a las interminables alambradas y las torres de vigilancia. No podía creer lo que veían mis ojos. “¿Quiénes son esas personas?”, le pregunté al oficial. “Son palestinos”, dijo. “A la izquierda están los de la OLP y a la derecha los de Ahmed Jibril, que son mucho más peligrosos (el Frente Popular para la Liberación de Palestina), así que los mantenemos aislados.”

Miré a los prisioneros y me parecieron muy diferentes a los de Jerusalén. Los que vi en Ansar parecían disgustados. No estaban derrotados y eran muchos. Conforme avanzábamos a lo largo de las alambradas y miraba fijamente a los prisioneros me di cuenta de algo insoportable: llevaba puesto un uniforme militar israelí. Mientras que pensaba en mi uniforme y trataba de sobreponerme a un profundo sentido de vergüenza, llegamos a una gran explanada en medio del campamento. Nos quedamos allí alrededor del guía oficial, que nos contó más mentiras sobre aquella guerra que combatíamos para defender nuestro refugio judío. Mientras que nos aburría a muerte con embustes irrelevantes observé que estábamos rodeados por dos docenas de bloques de hormigón de un metro cuadrado de base y unos 130 cm de altura. Tenían una pequeña puerta de metal y me sentí horrorizado ante el hecho de que mi ejército pudiese haber decidido encerrar a los perros guardianes en aquellas construcciones durante la noche. Haciendo uso de mi descaro israelí, le pregunté al guía oficial qué eran aquellos horribles cubos de cemento. Respondió con celeridad: “Son bloques de reclusión incomunicada, al cabo de dos días en uno de ellos cualquiera se convierte en un sionista fiel”.

Aquello fue la gota que desbordó el vaso. Me di cuenta entonces, ya en 1984, de que mi aventura amorosa con el Estado israelí y el sionismo se había acabado. A pesar de todo, sabía muy poco sobre Palestina, sobre la Nakba o incluso sobre el judaísmo y la judeidad. Únicamente sabía que, para mí, Israel era una mala noticia y no quería tener nada que ver con él. Dos semanas después entregué mi uniforme, agarré mi saxo contralto, tomé el autobús del aeropuerto Ben Gurion y volé en dirección a Europa, donde permanecí varios meses. Estaba disfrutando de la calle. A mis 21 años era libre por primera vez. En diciembre hacía demasiado frío y volví a casa con la clara intención de regresar a Europa.

* * *

Pasaron otros diez años antes de que me fuera posible dejar Israel para siempre. Los utilicé para aprender sobre el conflicto israelopalestino, sobre la opresión. Empecé a aceptar que estaba viviendo en una tierra que pertenecía a otra gente. Empecé a conocer ese hecho pasmoso de que en 1948 los palestinos no se fueron voluntariamente, sino que fueron objeto de una brutal limpieza étnica por parte de mi abuelo y sus compinches. Empecé a darme cuenta de que la limpieza étnica nunca ha cesado en Israel, sólo tomó formas y estilos diferentes. Empecé a reconocer el hecho de que el sistema jurídico israelí se basa en una orientación racial absoluta. Un buen ejemplo era, obviamente, la “Ley del retorno”, una ley que invita a los judíos a regresar a su “hogar” después de 2000 años, pero impide que los palestinos regresen a su tierra y a sus pueblos tras 2 años en el extranjero. Durante todo aquel tiempo seguí progresando como músico, me había convertido en un importante músico de sesión y en productor musical. Pero todavía no estaba muy involucrado en ninguna actividad política. Estudié el discurso de la izquierda israelí y me di cuenta de que ésta era un club social en vez de un entorno ideológico motivado por una conciencia ética.

En la época de los acuerdos de Oslo (1994), ya no podía aguantar más. Comprendí que los “esfuerzos de paz” de los israelíes eran un auténtico engaño. No buscaban la reconciliación con los palestinos ni hacerle frente al pecado original sionista. En vez de eso, estaban allí para asegurar la existencia tranquila del estado judío a expensas de los palestinos. El derecho palestino al retorno no era en absoluto una alternativa. Decidí dejar mi hogar, abandonar mi carrera. Lo dejé todo, incluida mi esposa Tali, que se reunió conmigo después. Lo único que me llevé fue mi saxo tenor, mi verdadero amigo eterno.

Me mudé a Londres e hice estudios de postgrado en Filosofía en la universidad de Essex. Al cabo de una semana en Londres me las arreglé para obtener un puesto en el Black Lion, un legendario pub irlandés situado en Kilburn High Road. En aquel momento no comprendí la suerte que tenía. No supe lo difícil que es que a uno lo contraten en Londres. A decir verdad, aquello fue el origen de mi carrera internacional como músico de jazz. Al cabo de un año era muy popular en el Reino Unido tocando bebop y post bop. Tres años después estaba de gira con mi banda por toda Europa.

Sin embargo, no pasó mucho tiempo antes de que empezara a sentir un poco de nostalgia. Para mi sorpresa, no fue Israel lo que extrañaba. No eran Tel Aviv, Haifa o Jerusalén. En realidad añoraba Palestina. No añoraba al taxista descortés del aeropuerto Ben Gurion o un centro comercial en Ramat Gan, sino el humus de Yafo en las calles Yesfet y Salasa. Eran los pueblos palestinos desplegados sobre las colinas entre olivos y nopales sabbar. Me di cuenta de que siempre que sentía el deseo de volver a mi tierra terminaba en la londinense Edgware Road pasando la tarde en un restaurante libanés. Sin embargo, una vez que empecé a exponer públicamente mis ideas sobre Israel, pronto tuve claro que para mí Edgware Road era lo más cerca de mi patria que alguna vez podría estar.

* * *

He de admitir que en Israel no estuve nunca interesado en la música árabe. Los colonos supremacistas nunca se interesan por la cultura autóctona. Siempre me ha gustado la música folclórica. Ya me había hecho un hueco en Europa como intérprete destacado de klezmer. Con los años empecé a tocar música turca y griega. Sin embargo, pasé por alto la música árabe y, sobre todo, la música palestina. Una vez en Londres, en aquellos restaurantes libaneses, empecé a darme cuenta de que nunca había analizado la música de mis vecinos. Lo más preocupante era que la había ignorado, a pesar de que la oía constantemente. Estaba por todas partes, pero nunca la escuchaba. Estaba en cada esquina de mi vida, la llamada a la oración de las mezquitas sobre las colinas. Um Jaltum, Farid El Atrash, Abdel Halim Hafez estaban en la calle, en la televisión, en los pequeños cafetines del barrio antiguo de Jerusalén, en los restaurantes. Estaban por todas partes, pero yo los había descartado irrespetuosamente.

Con treinta y pocos años y fuera de mi país me sumergí en la música autóctona de mi patria. No fue fácil. Fue casi impracticable. Mientras que el jazz era fácil para mí, la música árabe se me resistía. Ponía la música, tomaba el saxofón o el clarinete, trataba de imitarla y sonaba falso. Pronto me di cuenta de que la música árabe era un lenguaje totalmente distinto. No sabía por dónde empezar y cómo encararla.

La música de jazz es un producto occidental. Nació en el siglo XX y se desarrolló en los márgenes de la industria cultural. El bebop, la música con la que crecí, está hecha de fragmentos musicales relativamente pequeños. Las melodías son breves porque tenían que caber en el formato de los discos de los años cuarenta (3 minutos). La música occidental puede transcribirse fácilmente en el lenguaje visual del pentagrama con las notas y los acordes habituales.

El jazz, al igual que cualquier otra forma de arte occidental, es parcialmente digital. La música árabe, por otro lado, es analógica, no se puede transcribir. Si se transcribe, su autenticidad desaparece. Había alcanzado por fin la suficiente madurez humana para enfrentarme a la música de mi patria, pero mis conocimientos musicales se interponían en mi camino.

No podía comprender qué era lo que me impedía dominar la música árabe. No podía comprender por qué no sonaba bien. Pasaba mucho tiempo escuchando y ensayando. Pero no sonaba bien. Con el tiempo, los críticos musicales de Europa empezaron a apreciar mi nuevo sonido, empezaron a considerarme como un nuevo héroe del jazz que había cruzado la línea divisoria y como un experto en música árabe. Yo sabía que se equivocaban, pues por mucho que tratase de cruzar esa frontera notaba fácilmente que mi sonido y mi interpretación eran ajenos al auténtico color árabe.

Pero entonces descubrí un truco fácil. En mis conciertos, cuando trataba de emular el sonido oriental, cantaba primero una estrofa que me recordase el sonido que ignoré en mi infancia, trataba de recordar los ecos del almuecín adentrándose a hurtadillas por nuestras callejuelas desde los valles de alrededor. Trataba de recordar el sonido asombrosamente obsesivo de mis amigos Dhafer Youssef y Nizar Al Issa. Escuchaba la voz baja y persistente de Abel Halim Hafez. Al principio, sólo cerraba los ojos y escuchaba mi oído interior, pero sin darme cuenta empecé a despegar los labios y a cantar cada vez más fuerte. Supe entonces que si cantaba con el saxofón en la boca obtendría un sonido muy cercano al de los cornos de metal de las mezquitas. Al principio traté de acercarme lo más posible al sonido árabe, pero llegó un momento en que me olvidé de lo que estaba tratando de lograr; empecé a divertirme.

El año pasado, mientras grababa un álbum en Suiza, supe de repente que mi sonido árabe ya era lo bastante bueno como para no avergonzarme más. Al escuchar algunas tomas en la sala de control supe que los ecos de Jenín, Al Quds y Ramalá surgían con naturalidad de los altavoces. Traté de preguntarme a mí mismo qué había ocurrido, por qué de repente empezaba a parecer genuino. Me di cuenta de que había abandonado la primacía del ojo para regresar a la primacía del oído. Ya no buscaba inspiración en el pentagrama, en las notas musicales o en los acordes. En vez de eso, estaba escuchando mi voz interior. La pelea con la música árabe me recordó por qué empecé a tocar música en primer lugar. Al final del día escuché a Bird en la radio en vez de verlo en MTV.

Me gustaría terminar esta charla diciendo que ya va siendo hora de que aprendamos a escuchar a la gente que queremos. Ya va siendo hora de que escuchemos a los palestinos en vez de seguir lo que dicen algunos deteriorados libros de texto. Ya va siendo hora. Sólo en fechas recientes comprendí que la ética entra en juego cuando los ojos se cierran y los ecos de la conciencia forman una melodía interior. Empatizar es aceptar la primacía del oído.

* * *

Epílogo: Gilad Atzmon o La redención del exiliado
Manuel Talens

Retrato de Gilad Atzmon por Ben Haine

Desde que hace algunos años conocí a Gilad Atzmon con motivo de una larga entrevista que le hice estoy convencido de que este hombre escucha al mundo con los oídos de un artista. No fue casualidad si lo titulé La belleza como arma política (parte 1, parte 2), pues tanto de su música como de sus escritos emana siempre una profunda y sublime poesía, incluso si tratan -como suele suceder- de la perenne tragedia palestina causada por Israel. Este artículo, que es la elaboración detallada de una charla que pronunció recientemente en Brighton (Reino Unido), no es un excepción a esta regla, pero en lugar de tratar el argumento desde un punto de vista externo -técnica literaria que establece una distancia y lo “enfría”- aquí el ex israelí Atzmon asume el doloroso papel de sujeto que se sitúa en medio de la acción para contarnos su propio itinerario desde el infierno racista del estado sionista, donde nació, hasta la única salida ética que le quedaba cuanto escuchó la luz a través del milagro de la música: el exilio voluntario. Exile, como ya bien saben los lectores informados sobre este gran jazzman, es uno de sus álbumes más hermosos. Pero para mí es también el argumento principal de este artículo. No es cosa del azar si otros israelíes tan honrados como Ilan Pappe han escogido asimismo el exilio –al igual que hizo Atzmon- como única manera de redimirse de la vergüenza de pertenecer a un Estado que trata a la población autóctona como si fueran bestias despreciables. Pero el relato de Atzmon tiene una ventaja adicional -por lo menos para los melómanos- y es la sutil narración de su despertar de la culpable pesadilla israelí en que estaba sumergido, proceso que le permitió liberarse mediante su renuncia a la israelidad, y todo ello gracias al arte de Charlie Parker. El arte es el vaso comunicante que une a Parker y Atzmon. Pero hay más: el hecho de que Parker fuese negro -una raza tan despreciada por los colonialistas de siempre como hoy lo son los palestinos por parte de los sionistas- sirve simbólicamente el propósito de la redención de Atzmon: para él, aceptar la causa de la música negra fue como matar dos pájaros de un tiro, pues significó que simultáneamente aceptaba la causa de la liberación del pueblo palestino a través del activismo político. Textos como éste, escritos por personas como Atzmon que han decidido integrarse en la humanidad sin discriminaciones tribales y que se definen como ex sionistas, nos ayudan a mantener la esperanza de que un día la tierra de Palestina se verá libre de esta plaga racista posmoderna que es el sionismo y de que todos sus habitantes vivirán en paz con independencia de su religión o su identidad étnica.- Manuel Talens.

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Fuente: http://peacepalestine.blogspot.com/2008/01/gilad-atzmon-primacy-of-ear.html.

Artículo original publicado el 10 de enero de 2008.

Sobre el autor.

El traductor, Manuel Talens, es escritor. Forma parte de Rebelión, Cubadebate y Tlaxcala. Su última novela se titula La cinta de Moebius (Alcalá Grupo Editorial). Su sitio web es http://www.manueltalens.com.

Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar a sus autores y la fuente.

URL de este artículo en Tlaxcala: http://www.tlaxcala.es/pp.asp?reference=4460&lg=es.

En inglés.

jueves, diciembre 13, 2007

«He sido un asesino psicópata»

Jimmy Massey: «He sido un asesino psicópata»*
Testimonio de un ex soldado marine de EEUU que peleó en Irak

Rosa Miriam Elizalde**
Red Voltaire
22 de noviembre de 2007

Durante casi 12 años el sargento Jimmy Massey fue un marine de corazón duro. En marzo del 2003, llegó a Irak con las tropas invasoras y dirigió a 45 hombres que no dudaron en matar a civiles inocentes. Jimmy Massey participando en la Feria del Libro de Caracas, donde presentó su libro Cowboys de Infierno, un crudo testimonio del genocidio que EE.UU. comete día a día contra el pueblo iraquí. El ex marine responde a las preguntas de la periodista cubana Rosa Miriam Elizalde de Cubadebate. Desde Caracas.
Dos fotografías del soldado Jimmy Massey en Irak al desencadenarse la invasión estadounidense en marzo 2003.

«Tengo 32 años y soy un asesino psicópata entrenado. Las únicas cosas que sé hacer es venderle a los jóvenes la idea de enrolarse en los marines y matar. Soy incapaz de conservar un trabajo. Para mí los civiles son despreciables, retrasados mentales, unos débiles, una manada de ovejas. Yo soy su perro pastor. Soy un depredador. En el Ejército me llamaban "Jimmy el Tiburón"».

Este es el segundo párrafo del libro escrito hace tres años por Jimmy Massey, con la ayuda de la periodista Natasha Saulnier, que fue presentado en la Feria del Libro de Caracas. Cowboys de Infierno es el relato más violento que se haya escrito hasta ahora de la experiencia de un ex miembro del Cuerpo de Marines, uno de los primeros en llegar a Irak durante la invasión del 2003 y que decidido a contar todas las veces que sean necesarias qué significa haber sido por 12 años un despiadado marine y por qué lo cambió la guerra.

Jimmy asistió como panelista al taller principal de la Feria, que tiene un título polémico: «Estados Unidos, la Revolución posible», y su testimonio ha sido quizás el de mayor impacto en la audiencia. Lleva el pelo con un corte militar, espejuelos oscuros, camina con aires marciales y sus brazos están completamente tatuados. Parece exactamente lo que era: un marine. Cuando habla es otra cosa: alguien profundamente marcado por una aterradora experiencia que intenta evitarle a otros jóvenes incautos. Como asegura en su libro, no ha sido el único que mató en Irak: esta fue una práctica constante entre sus compañeros. Cuatro años después de dejar la guerra, todavía vive perseguido por las pesadillas.

Rosa Miriam Elizalde: ¿Qué significan todos esos tatuajes?

Jimmy Massey: Tengo muchos. Me los hice en el Ejército. En la mano (señala la zona entre los dedos pulgar y anular), el logo de Blackwater, el ejército mercenario que fue fundado donde yo nací, en Carolina del Norte. Me lo hice en un acto de resistencia, porque los marines tienen prohibido tatuarse la zona que va de las muñecas a las manos. Un día los integrantes de mi pelotón nos emborrachamos y todos nos hicimos el mismo tatuaje: un cowboy de ojos inyectados en sangre sobre varias ases, que representan la muerte. Quiere decir exactamente eso que estás pensando: «mataste a alguien». En el brazo derecho, el símbolo de los marines, con la bandera norteamericana y la Texas, donde me enrolé en el Ejército. En el pecho, del lado izquierdo, un dragón chino que desgarra la piel y significa que el dolor es la debilidad escapándose del cuerpo. Lo que no nos mata nos hace más fuerte.

Tapa del libro Cowboys del Infierno que fue presentado en la Feria del Libro de Caracas (FILVEN 2007) y en presencia de Jimmy Massey. Usted podrá pedir el libro escribiendo a la editorial Timéli: mail@timeli.ch y apoyar de esta manera a nuestras investigaciones periodísticas.

Rosa Miriam Elizalde: ¿Por qué dijo que en el Cuerpo de Marines encontró las peores personas que usted ha conocido en su vida?

Jimmy Massey: Estados Unidos solo tiene dos maneras de usar a los marines: para tareas humanitarias y para asesinar. En los 12 años que yo pasé en el Cuerpo de Marines de los Estados Unidos jamás participé en misiones humanitarias.

Rosa Miriam Elizalde: Antes de ir a Irak usted reclutaba a jóvenes para que ingresaran en el Ejército. ¿Qué significa ser un reclutador en Estados Unidos?

Jimmy Massey: Ser un mentiroso. La administración Bush ha forzado a la juventud norteamericana para que se enrole en el Ejército y lo que básicamente hace –y yo hice también- es tratar de ganar gente con incentivos económicos. Durante tres años recluté a 74 personas, que nunca me dijeron que querían entrar en el Ejército para defender al país ni argumentaron ninguna razón patriótica. Querían recibir dinero para ir a una universidad u obtener un seguro de salud. Y yo les describía primero todas esas ventajas y solo al final les hablaba de que iban a servir a la patria. Jamás recluté al hijo de un rico. Para mantener el trabajo, los reclutadores no podíamos tener escrúpulos.

Rosa Miriam Elizalde: Ahora el Pentágono ha relajado más los requisitos para entrar al Ejército. ¿Qué significa eso?

Jimmy Massey: Los estándares para el reclutamiento han descendido enormemente, porque casi nadie quiere enrolarse. Ya no es un impedimento tener problemas mentales ni antecedentes criminales. Pueden ingresar personas que han cometido felonías, es decir que han sido sentenciadas a más de un año de cárcel, lo que se considera un delito serio. Pueden ingresar muchachos que no han terminado los estudios preuniversitarios. Si pasan la prueba mental, ingresan.

Rosa Miriam Elizalde: Usted cambió después de la guerra, pero ¿qué sentimientos tenía antes?

Jimmy Massey: Yo era como otro soldado cualquiera, que creía en lo que le decían. Sin embargo, desde que estaba reclutando comencé a sentirme mal: como reclutador tenía que mentir todo el tiempo.

Rosa Miriam Elizalde: Sin embargo, creyó que su país se enrolaba en una guerra justa contra Irak.

Jimmy Massey: Sí. Los reportes de inteligencia que recibíamos decían que Saddan tenía armas de destrucción masiva. Después descubrimos que todo era mentira.

Rosa Miriam Elizalde: ¿Cuándo se enteró que lo habían engañado?

Jimmy Massey: En Irak, a donde llegué en marzo de 2003. A mi pelotón le tocó ir a los lugares que habían sido del Ejército iraquí y vimos miles y miles de municiones en cajas que llevaban la etiqueta norteamericana y estaban ahí desde que los Estados Unidos ayudaban al gobierno de Saddan en guerra contra Irán. Vi cajas con la bandera norteamericana y hasta tanques de EE.UU. Mis marines –yo era sargento de categoría E6, un rango superior al sargento, y dirigía a 45 marines- me preguntaban por qué había municiones de nuestro país en Irak. No entendían. Los informes de la CIA afirmaban que Salmon Pac era un campo de terroristas y que íbamos a encontrar armas químicas y biológicas. No encontramos nada. En ese momento empecé a pensar que nuestra misión realmente era el petróleo.

Rosa Miriam Elizalde: Las líneas más perturbadoras de su libro son esas donde usted se reconoce como asesino psicópata. ¿Puede explicar por qué lo dice?

Jimmy Massey: He sido un asesino psicópata porque me entrenaron para matar. No nací con esa mentalidad. Fue el Cuerpo de Infantería de Marina quien me educó para que fuera un gangster de las corporaciones estadounidenses, un delincuente. Me entrenaron para cumplir ciegamente la orden del Presidente de Estados Unidos y traerle a casa lo que él pidiera, sin reparar en ninguna consideración moral. Yo era un psicópata porque nos ensañaron a disparar primero y a preguntar después, como lo haría un enfermo y no un soldado profesional que solo debe enfrentar a otro soldado. Si había que matar a mujeres y a niños, lo hacíamos. Por tanto, no éramos soldados, sino mercenarios.

Rosa Miriam Elizalde: ¿Qué experiencia exactamente le hizo a usted llegar a esa conclusión?

Jimmy Massey: Hubo varias. Nuestro trabajo era ir a determinadas áreas de las ciudades y ocuparnos de la seguridad en las carreteras. Hubo un incidente en particular -y muchos más- que realmente me llevó hasta el borde del precipicio. Afectó a un coche que llevaba civiles iraquíes. Todos los informes de inteligencia que nos llegaban decían que los carros iban cargados con bombas y explosivos. Esa era la información que recibíamos de la inteligencia. Los carros llegaban a nuestros controles y hacíamos algunos disparos de advertencia; cuando no detenían su marcha a la velocidad que indicábamos, disparábamos sin contemplaciones.

Rosa Miriam Elizalde: ¿Con las ametralladoras?

Jimmy Massey: Sí. Esperábamos que hubiera explosiones al acribillar cada vehículo. Pero nunca oímos nada. Luego abríamos el carro y ¿qué encontrábamos?: muertos o heridos, y ni una sola arma, ninguna propaganda de Al Qaeda, nada. Salvo civiles en el lugar equivocado y en el momento equivocado.

Rosa Miriam Elizalde: Usted también relata cómo su pelotón ametralló una manifestación pacífica. ¿Es así?

Jimmy Massey: Sí. En los alrededores del Complejo Militar de Rasheed, al sur de Bagdad, cerca del río Tigris. Había manifestantes al final de la calle. Eran jóvenes y no tenían armas. Y cuando avanzamos había ya un tanque que estaba aparcado a un lado de la calle. El conductor del tanque nos dijo que eran manifestantes pacíficos. Si los iraquíes hubieran querido hacer algo podían haber volado el tanque. Pero no lo hicieron. Sólo estaban manifestándose. Eso nos hizo sentirnos bien porque pensamos: «Si fueran a dispararnos, lo habrían hecho ya». Ellos estaban como a 200 metros de nuestro retén.

Rosa Miriam Elizalde: ¿Quién dio la orden de ametrallar a los manifestantes?

Jimmy Massey: Del alto mando nos dijeron que no perdiéramos de vista a los civiles porque muchos fedayines (combatientes) de la Guardia Republicana se habían quitado los uniformes, se habían puesto ropas de civiles y estaban desencadenando ataques terroristas contra los soldados estadounidenses. Los informes de inteligencia que nos daban eran conocidos básicamente por cada miembro de la cadena de mando. Todos los marines teníamos muy clara la estructura de la cadena de mando que se organizó en Irak. Yo creo que la orden de disparar a los manifestantes vino de altos funcionarios de la Administración, eso incluía tanto a los centros de inteligencia militar como gubernamental.


Rosa Miriam Elizalde: ¿Usted qué hizo?

Jimmy Massey: Yo regresé a mi vehículo, un humvee (un jeep altamente equipado) y escuché un tiro por encima de mi cabeza. Mis marines empezaron a disparar y yo también. No nos devolvieron ningún disparado, mientras que yo había disparado 12 veces.
Quise asegurarme de que habíamos matado según las normas de combate de la convención de Ginebra y los procedimientos operativos reglamentarios. Intenté olvidarme de sus caras y busqué las armas, pero no había ninguna.

Rosa Miriam Elizalde: ¿Y sus superiores cómo reaccionaron?

Jimmy Massey: Me dijeron que «la mierda ocurre».

Rosa Miriam Elizalde: Cuando sus compañeros se enteraron que habían sido engañados, ¿cómo reaccionaron?

Jimmy Massey: Yo era segundo en el mando. Mis marines me preguntaban por qué estábamos matando a tantos civiles. «¿Tú puedes hablar con el teniente?», me preguntaron. «Diles que tiene que haber retenes adecuados, preparados por los ingenieros de combate». La respuesta fue: «No». En el momento en que los marines descubrieron que era una gran mentira, enloquecieron más.

Nuestra primera misión en Irak no fue para dar apoyo humanitario, como decían los medios, sino para asegurar los campos petroleros de Bassora. En la ciudad de Karbala usamos la artillería por 24 horas. Fue la primera ciudad que atacamos. Yo pensé que íbamos a darle ayuda médica y alimenticia a la población. No. Seguimos de largo hasta los campos petroleros. Antes de llegar a Irak, estuvimos en Kuwait.
Llegamos en enero de 2003 y nuestros vehículos estaban llenos de comida y medicina. Le pregunté al teniente qué íbamos a hacer con los suministros, pues apenas cabíamos nosotros con tantas cosas dentro. Me dijo que su capitan le había ordenado dejar todo en Kuwait. Poco después nos dieron la orden de quemarlo todo: alimentos y suministros médicos humanitarios.

Rosa Miriam Elizalde: Usted también ha denunciado el uso del uranio empobrecido...

Jimmy Massey: Tengo 35 años y sólo conservo el 80 por ciento de mi capacidad pulmonar. Me han diagnosticado una enfermedad degenerativa de la columna vertebral, fatiga crónica y dolor en los tendones. Antes, todos los días corría 10 kilómetros por puro placer, y ahora solo puedo caminar entre 5 y 6 km todos los días. Tengo temor de tener niños por eso. Mi cara está inflamada. Mira esta foto (me muestra la imagen que aparece en la credencial de la Feria del Libro), me la tomaron poco después de regresar de Irak. Parezco un Frankenstein. Todo eso se lo debo al uranio empobrecido, ahora imagínate lo que estará pasando con la gente en Irak.

Rosa Miriam Elizalde: ¿Qué ocurrió cuando regresó a Estados Unidos?

Jimmy Massey: Me trataron como un loco, un cobarde, un traidor.

Rosa Miriam Elizalde: Sus superiores han dicho que es mentira todo lo que ha contado.

Jimmy Massey: La evidencia contra ellos es abrumadora. El Ejército norteamericano esta agotado. Mientras más tiempo dure esta guerra, más posibilidades habrá de que mi verdad aparezca.

Rosa Miriam Elizalde: El libro que usted ha presentado en Venezuela está editado en español y en francés. ¿Por qué no se ha publicado en Estados Unidos?

Jimmy Massey: Las editoriales han exigido que elimine los nombres reales de las personas que están involucradas en su historia y que presente la guerra en Irak como envuelta en una neblina, menos crudamente. No estoy dispuesto a hacerlo. Editoriales como New Press, supuestamente de izquierda, se negaron a publicarlo porque temían verse envueltas en un pleito presentado por la gente involucrada en el libro.

La asociación de Jimmy Massey, la IVAW «Veteranos de Irak contra la Guerra» (Iraq Veterans Against the War, IVAW) organizando una marcha de protesta en los EEUU para denunciar esta ilegal y abusiva invasión.

Rosa Miriam Elizalde: ¿Por qué medios como The New York Times y The Washington Post jamás reprodujeron su testimonio?

Jimmy Massey: Yo no repetía el cuento oficial, de que las tropas estaban en Irak para ayudar al pueblo, ni repetía que los civiles morían por accidente. Me negué a decir eso. No había visto ningún disparo accidental contra los iraquíes y me negué a mentir.

Rosa Miriam Elizalde: ¿Ha cambiado esa actitud?

Jimmy Massey: No. Lo que han hecho es incorporar opiniones y libros de personas con objeciones de conciencia: que están contra la guerra en general o que participaron en la guerra, pero no tuvieron este tipo de experiencia. Se resisten todavía a mirar de frente la realidad.

Rosa Miriam Elizalde: ¿Tiene fotografías o documentos que prueben lo que usted nos ha contado?

Jimmy Massey: No. Me quitaron todas mis pertenencias, cuando me ordenaron regresar a Estados Unidos. Regresé de Irak solo con dos armas: mi mente y un cuchillo.

Rosa Miriam Elizalde: ¿Habrá alguna salida a corto plazo para la guerra?

Jimmy Massey: No. Lo que veo es una misma política entre demócratas y republicanos. Son la misma cosa. La guerra es un negocio para ambos partidos, que dependen del Complejo Militar Industrial. Necesitamos un tercer partido.

Rosa Miriam Elizalde: ¿Cuál?

Jimmy Massey: El del socialismo.

Rosa Miriam Elizalde: Usted ha participado en un taller cuyo título es «Estados Unidos: La Revolución es posible». ¿Cree que realmente que habrá revolución en EE.UU.?

Jimmy Massey: Ya comenzó. En el sur, donde yo nací.

Rosa Miriam Elizalde: Pero esa ha sido tradicionalmente la zona más conservadora del país.

Jimmy Massey: Después del Katrina eso cambió. Nueva Orleáns se parece a Bagdad. La gente del sur está indignada y se pregunta todos los días cómo es posible que se atrevan a invertir en una guerra inútil y en Bagdad, cuando no lo han hecho en Nueva Orleans. Recuerda también que en el Sur se inició la primera gran rebelión del país.

Rosa Miriam Elizalde: ¿Iría usted a Cuba?

Jimmy Massey: Admiro a Fidel y al pueblo de Cuba y por supuesto, si me invitan, yo iré a la Isla. No me importa qué me diga mi gobierno. Nadie controla a dónde yo voy.

Rosa Miriam Elizalde: ¿Sabe usted que el símbolo del desprecio imperial hacia nuestra nación es una fotografía de marines mientras orinaban sobre la estatua de José Martí, el Héroe de nuestra Independencia?

Jimmy Massey: Si, lo sé. En el Cuerpo de Marines nos hablaban de Cuba como una colonia de los Estados Unidos y nos ensañaron algo de Historia. Parte de la formación de un marine es aprender algunas cosas de los países que habrá que invadir, como dice la canción.

Rosa Miriam Elizalde: ¿La canción de los marines?

Jimmy Massey: (Canta) «From the halls of Montezuma, to the shores of Tripoli…» (Desde las salas de Montezuma hasta las playas de Trípoli...)

Rosa Miriam Elizalde: Es decir, los marines quieren estar en todo el mundo.

Jimmy Massey: El sueño es dominar al mundo…, aunque por el camino nos conviertan a todos en asesinos.

* Jimmy Massey es actualmente uno de los principales activistas de la organización Veteranos de Irak contra la Guerra (Iraq Veterans Against The War, IVAW).

** Rosa Miriam Elizalde. Periodista cubana. Más artículos de esta autora.

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Entrevista a Jimmy Massey en la televisión venezolana



Parte 1

Parte 2

Parte 3

lunes, diciembre 10, 2007

Mientras escucho un disco de John Lennon

Alguien escucha un disco de John Lennon
Domingo F. Faílde

Viene del lado inmóvil del tiempo, suena
desde una cueva oscura esa voz que nadie localiza,
flota en el aire,
se empoza en la nostalgia, como un presagio líquido,
surcando la penumbra gris del atardecer.
He aquí, en un remolino de pájaros, la música;
el vértigo indomable de la voz, y John Lennon
sueña, imagina, eleva
la construcción del grito, la precisión insomne
de la luz insaciada.
John Lennon, a lo lejos,
trepa por el crepúsculo,
y reverdece el cauce del calendario,
como si un maremoto,
recorriendo el declive de la memoria,
el velo del origen descorriera.
He aquí la perfección de la tristeza
que mide la distancia de la noche, su indescifrable código,
sus ocultos designios, en tanto
dilapida sus pétalos la duda.

No es acaso John Lennon quien cruza la avenida,
sino una sombra dulce que no borró la lluvia,
anclada a un tocadiscos que, pese a todo, suena,
mientras entre los sauces se atrinchera el otoño.

(Náufrago de la lluvia, 1995)
Love

Love is real, real is love,
Love is feeling, feeling love,
Love is wanting to be loved.

Love is touch, touch is love,
Love is reaching, reaching love,
Love is asking to be loved.

Love is you,
You and me,
Love is knowing
We can be.

Love is free, free is love,
Love is living, living love,
Love is needing to be loved.

(1970)