viernes, noviembre 23, 2007

Árbol de tilo

Por: Eratóstenes Horamarcada

Demasiado joven murió Franz Peter Schubert, el 19 de noviembre de 1828, en Viena, donde había nacido 31 años atrás. En ese penoso y brevísimo lapso pudo confeccionar una formidable obra integrada por tal vez un millar de piezas distin
tas, de la que han prevalecido en la memoria del público los Lieder o "canciones"; Lied es la forma alemana del singular que designa a cada composición cuya melodía interpreta un vocalista, por lo común con la armonía de uno o pocos instrumentos; el número plural de Lied es Lieder.

Franz Schubert, en un cuadro (1875) de Wilhelm August Rieder

Franz Schubert dio al Lied (Kunstlied, para distinguirlo de la canción popular, Volkslied)
su configuración más acabada como género musical. Escribió más de seiscientos. Schubert unió en un solo cuerpo el canto y el piano sin que disminuyera la capacidad expresiva de la voz ni la del instrumento; antes, por el contrario, esta capacidad, en manos de Schubert, se intensifica o refina; pero el compositor, al tiempo que pule la expresividad, aleja a una y a otro, voz y piano, de los manierismos, virtuosismos o voluptuosidades de los conciertos o de las arias de ópera, guiándolos bajo un principio de limpieza, de suma delicadeza y austeridad. Schubert, digámoslo así, ha sabido "calibrar" las dimensiones de la canción; en su música, en su duración, en su texto, los Lieder se convierten en temas, en unidades autónomas, como los poemas de un libro.

El
Lied había nacido anudado a la poesía, por lo que puede decirse que Schubert revitaliza su tradición, reanudando la corriente desde su manantial. Los historiadores han rastreado los orígenes del género en las tonadas populares anónimas y en los coros de la liturgia cristiana protestante que legó a Europa Martín Lutero, figura fundadora indispensable de la música alemana y de la lengua alemana. En días de Schubert, los artistas solían poner música a los poemas de Johann Wolfgang von Goethe, transformándolos en Lieder. Schubert, admirador fervoroso del autor de Fausto, también realizó adaptaciones de sus escritos, así como de Friedrich Schiller y otros poetas.

El
Lied que pueden escuchar en el video de esta entrada se titula Am Brunnen vor dem Tore, "En la noria situada delante de los portones", conocida también con el nombre de Der Lindenbaum, "El árbol de tilo". El autor del texto —de "la letra", como dicen en el mundo del pop— es el poeta Wilhelm Müller (1794-1827), contemporáneo y coterráneo de Schubert. Los dos "ciclos" o colecciones de Lieder que compuso Schubert, Die schöne Müllerin y Die Winterreise, están inspirados en la poesía de Müller. Der Lindenbaum es la quinta pieza del segundo ciclo schubertiano, "Viaje a través del invierno". El poema de Müller pertenece a los Gedichte aus den hinterlassenen Papieren eines reisenden Waldhornisten, "Poemas póstumos de un clarín viajero", y data de 1823. Schubert le puso música en 1827, año de la muerte del escritor y año asimismo que precedió al de la temprana muerte del músico.

Frontispicio de las Obras Completas (1830) de Wilhelm Müller

El Lied de Schubert, junto al peregrino del poema de Müller, inicia su recorrido entre la tierna calma y la bondad de los primeros compases, que le abren un ancho panorama a quien oye la música. Sobre la piel del tilo
—árbol del sueño—, el caminante tatúa leyendas de una melancolía dulce y suave; y aun parece dar la bienvenida a la desdicha, porque sabe que ésta es inseparable del amor. Uno adelantaría que el transcurso del canto, y del personaje, serán pacíficos, y sus pasos seguros —mas, de repente, el viajero vacila; el oyente se sobresalta; el piano se violenta; la voz se hace profunda; el inflexible tilo se descarna para erguirse en símbolo imperecedero de la muerte. Recordemos que el árbol se yergue delante de un pozo de agua. El terco "Du fändest Ruhe dort" con que requiere el árbol al pasajero de la vida, recuerda, o repite —porque ambos gritos provienen de una misma boca—, al "Nevermore" que desgañita al cuervo de Poe. El Lied retoma, hacia el final, los suaves compases de un principio, pero el poema termina abruptamente.

Me gustaría mencionar la agradable sorpresa que me llevé al conocer el sitio
Das Goethezeitportal, donde se exhiben postales y hojas de los siglos XIX y XX que ilustran los textos de "rolas" populares; hagan de cuenta nuestros "cancioneros". Am Brunnen... llegó a ser muy popular, y algunos de los ilustradores que se ocuparon de ella, la mayoría casi desconocidos, son intérpretes legítimos de este poema, no menos que un cantante sagaz. Alois Broch, por ejemplo, cuyo trabajo pueden ver al final de esta entrada, recrea un cielo triste y una tierra mortuoria, con una luna amarilla parecida a la de Van Gogh, que acaso ensombrece más que ilumina al desolado vagabundo que da la espalda al ominoso árbol.

Hans Wolff dirigió en 1952 una película con el título del Lied. ¿Quién la habrá visto?

Esta versión de Am Brunnen vor dem Tore fue filmada el 14 de mayo de 1959, en Londres, y presenta a dos de los grandes intérpretes de Schubert, el barítono Dietrich Fischer-Dieskau y el pianista Gerald Moore. Aunque la música, la del canto y la del piano, es ella sola fuerte para conmovernos, me atreví a traducir el Lied a nuestro idioma. Mi atrevimiento, sin duda, peca de impertinente, ya que ignoro el alemán y, aunque para redactar esta entrada he consultado todo el tiempo mi diccionario, me he basado más bien en una traducción anterior, la que hizo al inglés —él sí desde el idioma original— el químico Walter A. Aue, buen conocedor de la literatura alemana. Pueden encontrar su traducción en la página de YouTube donde obtuve el video. En la misma página se cita una observación de Aue, tan acertada que recordarla aquí me parece la mejor manera de cerrar estos párrafos antes de sumergirnos en la música:

“"El árbol de tilo", con la melodía de Franz Schubert de Die Winterreise, es uno de los pocos ejemplos donde un gran compositor clásico —otros dos que acuden a la mente son Mozart y Brahms— escribió una canción que, quizá bajo una forma ligeramente simplificada, llega a convertirse en un tema popular ("folk song", "Volkslied"). No existe honor más grande en la tradición alemana”.

En YouTube

El tilo

Delante de la noria,
Solo un tilo se alzaba.
Dulce sueño su sombra
Me dio cuando dormí.

Cincelé en su corteza
Palabras de amor mío:
Alegrías y duelos
En una misma raya.

Me perdí, vagabundo,
En la noche pesada
Y abrí, entre las tinieblas,
Mi vista a su visión.

Y sus ramas crujieron
Como si me llamaran:
"¡Ven aquí, peregrino!
¡En mí tendrás tu paz!"

El viento sopló helado
Quemándome la cara,
Robándome el sombrero,
Pero no me volví.

Y aún ahora, a muchas
Horas de aquel camino,
Todavía oigo al tilo:
"¡En mí tendrás tu paz!"
Postal de Alois Broch que ilustra el poema de Müller

The Linden Tree

Wilhelm Müller
Traduction: Walter A. Aue
Found in:
http://myweb.dal.ca/waue/Trans/Mueller-Lindenbaum.html

At wellside, past the ramparts,
There stands a linden tree.
While sleeping in its shadow,
Sweet dreams it sent to me.

And in its bark I chiseled
My messages of love:
My pleasures and my sorrows
Were welcomed from above.

Today I had to pass it,
Well in the depth of night-
And still, in all the darkness,
My eyes closed to its sight.

Its branches bent and rustled,
As if they called to me:
Come here, come here, companion,
Your haven I shall be!

The icy winds were blowing,
Straight in my face they ground.
The hat tore off my forehead.
I did not turn around.

Away I walked for hours
Whence stands the linden tree,
And still I hear it whisp'ring:
You'll find your peace with me!

(Original in German: Der Lindenbaum; in Gedichte aus den hinterlassenen Papieren eines reisenden Waldhornisten, 1823)

Der Lindenbaum

Wilhelm Müller

Am Brunnen vor dem Tore
Da steht ein Lindenbaum:
Ich träumt in seinem Schatten
So manchen süßen Traum.

Ich schnitt in seine Rinde
So manches liebe Wort;
Es zog in Freud und Leide
Zu ihm mich immer fort.

Ich mußt auch heute wandern
Vorbei in tiefer Nacht,
Da hab ich noch im Dunkel
Die Augen zugemacht.

Und seine Zweige rauschten,
Als riefen sie mir zu:
Komm her zu mir, Geselle,
Hier findst du deine Ruh!

Die kalten Winde bliesen
Mir grad ins Angesicht,
Der Hut flog mir vom Kopfe,
Ich wendete mich nicht.

Nun bin ich manche Stunde
Entfernt von jenem Ort,
Und immer hör ich´s rauschen:
Du fändest Ruhe dort!

(Gedichte aus den hinterlassenen Papieren eines reisenden Waldhornisten, 1823)

miércoles, noviembre 21, 2007

Elemental

Les agradezco a los visitantes de este blog --asiduos, esporádicos, casuales-- por la paciencia con que han recibido mis poemas, mis textos en general. ¡No se disculpen al señalar algún error, algún desacuerdo! La crítica siempre es benéfica para quien la recibe.

Más sobre Norman Mailer

El buen amigo coahuilense Carlos Velázquez publicó un artículo sobre Norman Mailer en el periódico virtual Los Tubos, de la ciudad de Monterrey, N.L. Pasen a leerlo, si son tan amables, por acá:
http://www.lostubos.com/verNoticia.php?Cve_Noti=4258

El blog de Carlitos Velázquez es
EL PASEO INMORAL
http://elpaseoinmoral.blogspot.com

Por si gustan visitarlo y expresarle sus opiniones acerca del artículo.

sábado, noviembre 17, 2007

Norman Mailer: un guerrero contra la guerra

Paquita Armas Fonseca
La Jiribilla
17 de noviembre de 2007

A mediados de los años 80 Leonardo Padura Fuentes me hizo un regalo: la lectura de Noches de la antigüedad, de Norman Mailer. Entonces el hoy reconocido autor cubano tenía —creo— solo dos o tres libros publicados, pero ya era un conocedor de la literatura norteamericana y me recomendó especialmente aquel libro voluminoso, que me prestó por una semana. No necesité los siete días, en menos, Ramsés II se me hizo un personaje manoseado y aprendí muchísimo del antiguo Egipto. Y comencé mi búsqueda de Mailer del que ya había leído Los desnudos y los muertos.

Al husmear en la vida del autor norteamericano no pocas sorpresas tuve: el movimiento feminista lo calificó como “el cerdo más grande y reaccionario” cuando se presentó a elecciones para alcalde de Nueva York.

Mailer se había buscado el odio de las mujeres a las que presentaba como androfóbicas por naturaleza. En su pieza El prisionero del sexo acusó a las féminas de “usar anticonceptivos por odiar a los hombres”. En una oportunidad escribió: “La revolución feminista ha convertido a la mujer en ese tipo de hombre que a mí me entristecía cuando era joven. Ese que tenía que trabajar de nueve a cinco de manera aburrida y nunca era dueño de su destino. Ahí es donde acabó su revolución, su asalto al poder”.

Pero sus opiniones no solo fueron polémicas con el sexo femenino. La autobiografía de Jesucristo, escrita en primera persona, también desató vapuleos en el público y alguna zona de la crítica.

Escritor y sobre todo periodista poco complaciente, Norman Mailer no solo disfrutaba sino que buscaba la polémica. Hijo de judíos, nacido en 1923 en New Jersey, tuvo una vida novelesca: se casó seis veces, fue padre de nueve hijos, en medio de una borrachera apuñaleó a su segunda mujer, participó como soldado en la II Guerra Mundial, bebía más de la cuenta y vivía intensamente.

Es considerado junto a Truman Capote uno de los más altos exponentes del periodismo literario, de hecho toda su obra parte de extensas e intensas investigaciones, o de vivencias que lo marcaron. Para escribir Noches de la antigüedad necesitó 11 años de investigación, mientras que Los desnudos y… son el reflejo de su vida como soldado. Este extraordinario texto lo catapultó a la fama. Fue el primero de sus 39 libros (Costa bárbara, Un sueño americano, Los tipos duros no bailan, La canción del verdugo, El Evangelio según el hijo, Los ejércitos de la noche y El prisionero del sexo, son algunos de ellos). En su extensa obra aparecen tres biografías sobre la actriz Marilyn Monroe, el pintor Pablo Picasso y acerca de Lee Harvey Oswald, supuesto asesino de John F. Kennedy. También escribió varios guiones para el cine. Ganador en dos ocasiones del Premio Pulitzer, es otro de los grandes ignorados por el Nobel.

Quizá en ese olvido haya influido que Mailer si bien pudo ser iracundo, y un ser antagónico con el movimiento feminista, fue uno de los críticos más agudo y constante de los gobiernos de su país, tanto que fue a dar a la cárcel por sus manifestaciones y hechos antibelicistas, a favor de los negros, en contra de la guerra de Vietnam y en cuanto movimiento considerara justo para su pueblo.

Jimmy Breslin, otro cultor del Nuevo Periodismo, compañero generacional de Mailer, opina que su amigo, “Del principio al final de su vida, tuvo siempre una especie de solemnidad en el pensamiento y dejó miles de páginas llenas de ideas que siguen saltando sobre ti como chispas brotando del fuego”. Y recordó al comprometido activista de finales de los 60: “Cuando los demás mostraban una total cautela en temas sociales, él rompió una lanza por la total integración de blancos y negros y defendió propuestas que entonces sonaban como impensables”.

Ya octogenario el escritor publicó El castillo en el bosque sobre la infancia de Adolf Hitler. Pensaba realizar otras piezas. En una de sus últimas entrevistas dijo: “¡Por suerte, hay poca documentación sobre Adolf niño! Eso me da más tiempo. He tenido que hacer trabajo de novelista”.

Al conversar sobre la novela en la que el escritor sataniza al Fürer, dice “…era débil, a los 16 años era un desastre afectivo, un absoluto fracaso. Una de las cosas interesantes, una de las razones que me hicieron pensar que Hitler es la respuesta a Jesucristo, su contrapartida en el plano satánico, es que no hay explicación humana del horror de lo que hizo. De su maldad. Podemos explicar a Stalin: viene de una familia espantosa, tiene la matanza en la sangre. Hitler sería más bien una marioneta histérica, vanidosa, satanizada y muy débil. Pero tenía una especie de genio político. Se lo digo: ¡fue elegido y reclutado por el Diablo! Tengo una teoría al respecto. Por poderoso que sea Dios, no puede controlar la Historia, porque su mecánica es demasiado compleja”.

Y en ese sentido Mailer lanza una de sus polémicas aseveraciones al argumentar la naturaleza satánica de Hitler: “Creo verdadera y seriamente en ella. Escribí este libro en un país en que los intelectuales suelen ser laicos, ateos, no imaginan que la religión pueda ser un tema de conversación más que para los extremistas. ¡Para ellos Dios está pasado de moda y el Diablo es ridículo! Yo, que fui durante tanto tiempo un escéptico, tengo otro punto de vista: somos producto del Iluminismo, que empieza al final de la Edad Media, atraviesa el Renacimiento y concedió al hombre el rol primordial, y luego vino el nacimiento del individuo moderno. Quisimos eliminar a Dios y al Diablo. Se me ha reprochado el hecho de que haya empleado a ese demonio manipulador, narrador, mentiroso, pero creo verdaderamente en mi tesis. ¡Eso no es un artificio literario! El Diablo no tiene cuernos ni uniforme, no ataca a nadie durante el sueño, sino que por el contrario, es un trabajador encarnizado que estimula la burocracia, la ignorancia, la desinformación. El demonio aprende de los humanos y no al revés”.

De nuevo dio tela para cortar. Es una lástima que no haya podido seguir su acercamiento a Hitler y a la II Guerra Mundial. Ya tenía montones de datos, como siempre, luego de investigar por meses y hacer ese trabajo de hormiga de la profesión más noble del mundo, la de periodista, que Norman Mailer ejerció con el valor cívico imprescindible en el camino infinito de deshacer entuertos.

Mailer

Norman Mailer (31 de enero de 1923 - 10 de noviembre de 2007), novelista estadunidense.

sábado, noviembre 03, 2007

Please help people in Tabasco

Nuestros amigos Lorena y Gunnar nos escriben desde Suecia para recordarnos que tenemos un deber de solidaridad con Tabasco, donde un millón de personas —la mitad de la población del estado— es afectada ahora mismo por las peores inundaciones sufridas en 50 años en aquella parte de México. Las primeras consecuencias del desastre podrían ser: 1) la escasez de agua y víveres en un territorio muy amplio; y 2) debido a ello, el desencadenamiento de epidemias.

Lo que sigue es el llamado de auxilio escrito por Gunnar en inglés; y después, mi traducción. Las fotografías se las envió a Lorena un amigo de Tabasco.

Gracias a todos por su solidaridad.

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Friends and readers:

I have never asked you about anything, but now I do.

Please help the people of Tabasco, Mexico.

If you can, give something, anything is fine, to the Red Cross (choose: "International Response Fund"; or, if you speak Spanish: Cruz Roja), so they can redistribute it to the people that need it.

An estimate of over 600 000 people have lost their homes as I write this, and around 80% percent of the state's surface is now covered by water.

And yes, to answer your question: the levee was never finished. They started working on it many years ago, but... mysterically "forgot" to make it ready.

Thank you for your help.

Info:

Government of Tabasco (bank accounts)
Tabasco Hoy (magazine —in Spanish)
La Jornada (news)

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Amigos y lectores:

Nunca les he pedido nada, pero hoy sí lo haré.

Por favor, ayuden a la gente de Tabasco, México.

El que pueda, dé algo, cualquier cosa está bien, a la Red Cross (una vez en la página, los angloparlantes escojan "International Response Fund"; quienes hablen español, vayan al sitio de la Cruz Roja). Con nuestro apoyo, esta asociación beneficia a la gente que lo necesita.

Más de 600 000 personas han perdido sus hogares al momento en que escribo, y alrededor del 80% de la superficie del estado está cubierta por el agua.

Y sí, para responder a su pregunta: el dique nunca fue terminado. Empezaron a trabajar en él hace muchos años, pero... misteriosamente "olvidaron" concluirlo.

Gracias por su atención.

Para informarse:

Gobierno de Tabasco (cuentas bancarias)
Tabasco Hoy (revista)
La Jornada (periódico)

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Colonia Las Gaviotas, Villahermosa, Tabasco
Río Carrizal
Colonia Las Gaviotas
Malecón, Villahermosa, Tabasco
Río Grijalva

domingo, octubre 28, 2007

Un hombre y una bestia

Por: Eratóstenes Horamarcada

Habiéndoselo propuesto o no, mi ciberamigui Marichuy me hizo reparar, con sus últimos posts, en la notable cantidad de personas notables nacidas en octubre. Es de este mes uno de los escritores que por más tiempo me ha acompañado, Oscar Wilde; otro octubreño fue llamado Arthur Rimbaud en vida, cuando con su palabra trastornada puso la poesía —y lo que entendemos por poesía— de cabeza, de pie, de culo, de costado, y jaló las vísceras lingüísticas, poéticas, fuera de su cuerpo habitual. Cuando pronunciamos el nombre del mes tendríamos que mencionar también a Friedrich Nietzsche, Alfred Nobel, Mahatma Gandhi, John Lennon, Vladimir Horowitz, el recientemente fallecido Luciano Pavarotti... sin olvidar a mi vecina Babel, ni a mi querida Mafalda, ni a la grandiosa Marichuy, desde luego... Tendríamos que conmemorar a muchos otros, pero mi cabeza se llena con el recuerdo de unos cuantos.

Quise hacer de octubre mi pretexto. Pre-texto: una coartada para emprender la escritura de un texto. Para que el blog no luzca tan abandonado, aunque eso ¿a quién le importa? Pero si quieres ser escritor tienes que escribir. Para mantenerte en forma. Escribir sí, pero ¿acerca de qué? ¿Sobre Wilde? Lo veo tan grande que no me atrevo a decir nada de él. ¿Sobre Rimbaud, quien hizo un gran silencio? ¿Quien, tan pronto aprendió a escribir, escribió para aprender a dejar de escribir? Me saldrían puras tonterías.

Prefiero hablar al margen de lo grande. Tocar una figura oscura, no una brillante, si bien mi personaje supo sobresalir entre los de su tiempo con extraña luz... Una luz cenagosa que creaba oscuridad...

Aleister Crowley. Inglés. Nació en 1875. Octubre, por supuesto. A media noche, bajo el tamborileo de las alas de los vampiros. El día 12, fecha que desde 1492 está maldita.

Fue una suerte de antropólogo
amateur, un estudioso de las religiones, del misticismo y el esoterismo antiguo y moderno. Se decía mago, vocablo que en nuestra época —cuando la única superstición consentida por nuestros nuevos Papas se llama ciencia— hemos degradado a sinónimo de charlatán o farsante. Crowley fue todo esto y no lo fue, y también fue más: competente alpinista, poeta de delicioso mal gusto, el mayor connoisseur que ha existido del universo de las drogas, un enamoradizo homo y heterosexual, bisexual, pansexual; una bestia sensible, un laberinto humano, un minotauro a la espera de devorar a todos sus otros yos; un vividor, si acentuamos esta palabra en una parte distinta de donde solemos hacerlo. Su vida fue una continua e incansable aventura; Crowley pudo haber dicho, con mayor veracidad que Wilde (en quien Aleister se inspiró para construir su personalidad pública escandalosa y desafiante): "Dejé mi genio más auténtico en mi vida, y en mis escritos tan sólo mi talento".

En efecto, si Wilde, momentáneamente alejado de sus intensas correrías, pasaba solitarias temporadas concentrado en la composición de comedias o narraciones, Crowley, en cambio, era de esos artistas que, mal recobrados de una juerga, o de una expedición al Himalaya, al punto reanudaba la escritura interrumpida. Tras 72 años de pisar pesadamente la tierra, legó a nuestro presente —su futuro— más de 80 libros. Con un volumen tan vasto, la calidad de estas páginas tenía que ser, por fuerza, desigual. Al menos en lo literario, pues no tengo credenciales para juzgar si su magia (él escribía magick, para diferenciarla del ilusionismo vulgar, magic) conlleva algo profundo o queda en mera payasada; pero ¿cómo menospreciar una cosa, la que sea, cuando un hombre consagra a ella su vida entera?

Crowley, el poeta, no es interesante. O no lo es la mayoría de las veces. Me parece un romántico tardío o, más precisamente, un pseudorromántico, que les roba a algunos contemporáneos de Lord Byron la ropa más ligera: el "malditismo", la gana de épater le bourgeois, el fingido desdén por la alta sociedad —pero algo, y muy grande, le falta: le falta la carencia, valga la expresión. La formidable operación de los románticos ingleses y alemanes se gestó a lo largo de un pedregoso camino de búsqueda espiritual; sin embargo, los escritos literarios del ocultista británico no me dejan sentir el vacío o pobreza que llevó a sus modelos a buscar o a forjar una nueva lengua. Y es que Crowley creía conocer, de antemano, las respuestas a nuestras peores dudas. Por cierto, eso es lo que me impide tomar en serio a la magia: ese carácter de abusiva autosuficiencia, de hartura hueca, ignorante de sus propios agujeros. La obra de Crowley, poeta a veces, pero siempre harto y hueco, refleja dichos defectos: en su escaso afán de experimentar, en un reducirse a retomar las rimas tradicionales, los motivos típicos; un balbuceo, en fin... Aunque, leído de otra manera, pudo haber sido el balbuceo de Crowley su aportación más original a la era moderna. El destrozo psíquico sufrido por el mísero mortal que se enfrenta a la inmensidad de Lucifer, o que cede su personalidad para que el inmortal Diablo encarne en él, en el humano, en su pequeñez de criatura temporal; esta ruptura psíquica se manifiesta de forma verbal, en los poemas de Crowley, como un vagido animal, como una voz prehumana, antediluviana, no edénica pero sí prehistórica, bestial. Si la posesión diabólica del artista había venido dando lugar, por los siglos de los siglos, a creaciones intrincadas, con Aleister Crowley atestiguamos la posesión en un simple balido. Menos que un cántico, menos que una tonada: el desconcierto de las especies irracionales, la satisfacción brutal o el miedo también brutal, el aullido lejano en la montaña. Me refiero a la invocación a Pan que hace Crowley ("Io Pan!"), retomándola desde antiguos textos griegos.

Pan ("pastor" en aquel idioma) es, ustedes lo recuerdan, una deidad relacionada con la potencia sexual animal y con la fertilidad de los campos. En su carácter de santo patrono de la naturaleza salvaje, los cabreros le encomendaban sus rebaños para que no fueran lastimados por las lluvias o el mal tiempo; la palabra "pánico" ("terror pánico") designaba, de hecho, la reacción que observamos en el ganado cuando se avecina una tempestad. Pan, de temperamento juguetón e impredecible, cual corresponde a una orgullosa divinidad clásica, era particularmente temido por las poblaciones rurales de Arcadia, en el Peloponeso, donde su culto era importantísimo. Arcadia, más pobre que otras regiones de Grecia, no veneraba al toro —el animal sagrado de la Grecia rica—, sino al macho cabrío; y es la forma de Pan un monstruo híbrido de hombre y cabra. Dada la ambivalente fama de Pan entre los campesinos, el cristianismo victorioso adoptó al monstruo-dios para representar al Diablo.

La exclamación "Io Pan!", que para el entendimiento intelectual común no significa nada, no sólo fue recordada por Crowley, sino por otro poeta —este sí grande y abismal: Ezra Pound (uno de cuyos poemas da nombre a este blog). No sé de cierto si Pound y Crowley llegaron a conocerse en persona, pero no sería nada improbable, pues Pound actuó durante un tiempo como secretario de otro autor admirable, W. B. Yeats, cofrade de Crowley en la Orden Hermética del Alba Dorada (Hermetic Order of the Golden Dawn), una de las sociedades secretas más influyentes en el esoterismo del siglo XX. ¿Han oído hablar de una cosa llamada Wicca, muy de moda entre adolescentes? Pues en buena medida proviene de la Golden Dawn.

El aullido de Crowley es bestial, y bestial significa amoral, pues no podemos dejar de tener en cuenta que el satanismo crowleyano no es el que la injusta cristiandad imaginó durante la Edad Media, con "el chamuco" como líder de una pandilla de brujas; un dios, a fin de cuentas, que se opone a otro dios. Ciertos versos de nuestro insigne pecador inglés podrían confundirnos y hacernos creer que él practicaba este satanismo de novela gótica; pero no: al invocar al Demonio, Crowley era consciente de que no existe una entidad espiritual exterior que un brujo pueda atraer con plegarias abstrusas. El Demonio de Crowley es una fuerza interna oculta, latente en no pocos seres humanos; un vigor creativo, desaprovechado por la mayoría de nosotros, y del cual nos atemoriza su semejanza con la locura, su modo de ser incontrolable, por lo que preferimos contenernos en nuestra mediocridad y nuestra cobardía cotidiana. Es Crowley el nexo entre Nietzsche (cierto Nietzsche) y el "satanismo" actual (que, a mi juicio, ni siquiera debería denominarse así) de Anton Szandor LaVey y su Iglesia de Satán.

No obstante los señalamientos opuestos al autor inglés, su literatura resultó suficientemente cautivadora para estimular a un remoto lector en Portugal, nada menos que Fernando Pessoa, a verter en su idioma el Hymn to Pan del mago. La verdad es que lo que empujó a Pessoa hacia Crowley fue, en primer término, su interés por la astrología: habiendo observado que el horóscopo que de sí presentaba Crowley en sus Confesiones contenía una ligera equivocación que desbarajustaba todo el trabajo, Pessoa, astrólogo
él mismo, se comunicó con La Bestia para, cortésmente, indicar el yerro, iniciándose así, diríamos que por gracia de los astros, una amistad "a larga distancia" entre los dos poetas.

Pessoa y Crowley se entrevistaron en septiembre de 1930, en Lisboa. Poco después, el mago desapareció. Un periodista encontró su cigarrera tirada al filo de un acantilado en Cascais, localidad costera próx
ima a la capital portuguesa. Dentro de la cigarrera había una hoja de papel con este breve texto: "No puedo vivir sin ti. La otra boca del infierno me devorará, pero no será tan calurosa como la tuya".

Boca do Inferno es el nombre del cráter rocoso en cuyo borde halló el periodista la carta.

La policía descubrió que Aleister y su amante del moment
o, Anni Jaeger, habían estado riñendo antes de la desaparición de él, y que ella había terminado por huir a su natal Alemania, abandonándolo. ¿Es que eligió morir ridículamente de amor el hombre que firmaba sus comunicados con los alias de 666 y La Bestia? ¿"El hombre más malvado del mundo", según la prensa sensacionalista de su país? Nadie ha resuelto, que yo sepa, el pequeño misterio —que intuyo más guasón que tétrico, dada la socarronería de Crowley y Pessoa, tenidos falsamente por fúnebres— de lo que ocurrió durante aquellos extraños días en que el hoy reverenciado Fernando Pessoa tuvo que rendir declaración ante las autoridades por sospecharse la muerte de un excéntrico. Al parecer, la pretendida evanescencia del mago fue en realidad una fuga, un "montaje" urdido entre ambos escritores, pero ¿con qué finalidad? De cualquier modo, Aleister volvió a dejarse ver, esta vez en Alemania, junto a Anni, y nunca dio explicación de la encendida esquela de Boca do Inferno, que, para Pessoa, estaba codificada en clave "espiritista". ¿Creía de veras Pessoa, como aseguró, haber hablado con el "cuerpo astral" de Crowley? Las repentinas apariciones de éste en Alemania, ¿qué significan? ¿Fue Aleister Crowley un espía de Inglaterra? ¿O quizá de Alemania, como algunos han sugerido?

Lo que se ha comprobado es que el espía y novelista Ian Fleming —famoso por haber creado la saga de James Bond—, comandante en la Segunda Guerra Mundial del Servicio de Inteligencia Naval del Reino Unido, pretendía involucrar a Crowley en la realización de diversas ideas: la hechura de cartas astrológicas falsas con las cuales "seducir" a Rudolf Hess, el supersticioso lugarteniente de Hitler; cuando Hess aterrizó en Escocia con un fantástico plan que unificaría a alemanes e ingleses en contra de la Unión Soviética, Fleming propuso que Crowley participara en la confección de los cuestionarios policiacos que el líder nazi tendría que contestar; una tercera idea de Fleming (que, al igual que las anteriores, fracasó) fue la de utilizar el idioma enoquiano, el llamado "lenguaje de los ángeles", como código que difundiera subrepticiamente mensajes falsos al enemigo.

F
leming recibió escaso apoyo en su intento de aprovechar para el espionaje nacional las dotes de hierofante de Crowley, pero una inesperada presencia de éste en nuestra vida diaria es la universal "V" de victoria con que saluda Churchill desde tantas fotografías. Este gesto —adoptado luego por los hippies y, finalmente, por todo el mundo— donde los dedos índice y cordial se elevan sobre los demás formando una cornamenta, fue diseñado por Crowley para Churchill como un signo protector, un amuleto que contrarrestara el poder de la cruz gamada.

Aleister Crowley murió el 1 de diciembre de 1947.

Una de las obras en verso mejor conocidas de Crowley
—firmada con el pseudónimo de The Master Therion, "El Maestro Bestia"— es Hymn to Pan, publicado por primera ocasión en la revista The Equinox (volumen III, no. 1, marzo de 1919) y reproducido posteriormente en el libro Magick in Theory and Practice. He traducido este poema. El epígrafe es un extracto de la tragedia Áyax, de Sófocles. También lo he traducido, mas no del griego (quién supiera griego); me basé en la versión inglesa de Áyax de Sir Richard Claverhouse Jebb disponible en Wikisource, así como en la versión portuguesa del epígrafe que ofrece Sebastián Santisi en el estupendo sitio web que consagra a Fernando Pessoa. Pessoa, ya lo dije antes, tradujo el Hymn al portugués.

Los versos 695 a 705 del coral 5 de Áyax dirían en español:


"¡Me extasío, me irrito,/ me elevo en alas de alegría súbita!/ ¡Oh Pan, manifiéstate, pirata,/ desde las arduas crestas de Cilene batida por la nieve!/ ¡Rey que a los dioses haces bailar, ven/ para que con tu abrazo me enseñes la alegría,/ me enseñes pasos de Nisia y de Cnosos!/ Por ahora, mi único deseo es bailar./ ¡Y quiera A
polo, príncipe de Delos,/ sobre aguas ícaras venir conmigo/ en presencia y espíritu amorosos!"

A Pan y Apolo encomendamos en este octubre lúgubre el espíritu chocarrero de Aleister Crowley.
Himno a Pan
El Maestro Therion


ephrix erõti periarchés d' aneptoman
iõ iõ pan pan

õ pan pan aliplankte, kyllanias chionoktypoi

petraias apo deirados phanéth, õ

theõn choropoi anax

Sófocles, Áyax

¡Tiembla con la cimbreante lujuria de la luz,
Hombre mío! ¡Mi hombre!
¡Ven de la noche a nosotros corriendo
De Pan! ¡Io Pan!
¡Io Pan! ¡Io Pan! ¡Ven sobre el mar
Desde Sicilia y desde Arcadia!
Vagabundo cual Baco, entre fauno y leopardo
Y sátiros y ninfas que Te guarden,
A lomos de un asno de leche, ven sobre el mar
A mí, a mí,
Ven con Apolo en vestido nupcial
(Pastora y pitonisa),
Ven con Artemis, calzada con seda,
Y lava, hermoso Dios, Tu blanco muslo
En la luna silvestre, en el monte de mármol,
¡La aurora acribillada de la fuente ambarina!
Moja el púrpura de la oración apasionada
En el sagrario carmesí, la red escarlata,
El alma que se sobresalta en ojos de azul
Si brama Tu lascivia penetrando
El bosque despeinado, la corteza nudosa
Del árbol vivo que es alma y espíritu
Y es cuerpo y es mente —ven sobre el mar
(¡Io Pan! ¡Io Pan!),
Demonio o Dios, ¡a mí, a mí,
Hombre mío! ¡Mi hombre!
¡Ven con trompetas sonando estridentes
Por encima de la colina!
¡Ven con tambores graves murmurando
Desde los manantiales!
¡Ven con flautas y ven con gaitas!
¿No ves que ya estoy listo?
Yo me arrisqué, me arrastré, arremetí
Contra el aire que no tuvo ramas para anidar
Mi cuerpo hastiado de abrazos vacíos.
Fuerte como león, con filo de áspid—
Ven, ¡oh ven!
Aterido me siento
A solas con la concupiscencia del infierno.
Saje tu espada mis rudos grilletes,
Devorador-engendrador-de-todo;
Fíame la señal del Ojo Abierto
Y el alto signo del muslo espinoso
Y el verbo de locura y de misterio,
¡Oh pan! ¡Io Pan!
¡Io Pan! ¡Io Pan! ¡Io Pan! Pan,
Pues soy un hombre:
Hágase Tu voluntad, según puede un gran dios,
¡Oh Pan! ¡Io Pan!
¡Io Pan! ¡Io Pan! ¡Pan! Desperté
Entre los anillos de la serpiente.
Con pico y garras acuchilla el águila;
Los dioses se retiran:
Las grandes bestias vienen, ¡Io Pan! He nacido
Para morir bajo el ataque
De un cuerno de Unicornio.
¡Yo soy Pan! ¡Io Pan! ¡Io Pan! ¡Pan!
Yo soy Su consorte, Su hombre,
Cabra de Su rebaño, soy oro, yo soy dios,
Carne para Su hueso, flor de Su vara mágica.
Con pezuñas de acero corro sobre las piedras
De solsticio a equinoccio, testarudo,
Y desvarío y violo y deshonro y desgarro
Eternamente, mundo sin final,
Maniquí, ménade, muchacha, macho,
En la fuerza de Pan.
¡Io Pan! ¡Io Pan! ¡Pan! ¡Io Pan!

Hymn to Pan

The Master Therion

ephrix erõti periarchés d' aneptoman
iõ iõ pan pan

õ pan pan aliplankte, kyllanias chionoktypoi

petraias apo deirados phanéth, õ

theõn choropoi anax

Soph. Aj.

Thrill with lissome lust of the light,
O man! My man!
Come careering out of the night
Of Pan! Io Pan!
Io Pan! Io Pan! Come over the sea
From Sicily and from Arcady!
Roaming as Bacchus, with fauns and pards
And nymphs and satyrs for thy guards,
On a milk-white ass, come over the sea
To me, to me,
Come with Apollo in bridal dress
(Shepherdess and pythoness)
Come with Artemis, silken shod,
And wash thy white thigh, beautiful God,
In the moon of the woods, on the marble mount,
The dimpled dawn of the amber fount!
Dip the purple of passionate prayer
In the crimson shrine, the scarlet snare,
The soul that startles in eyes of blue
To watch thy wantonness weeping through
The tangled grove, the gnarled bole
Of the living tree that is spirit and soul
And body and brain —come over the sea,
(Io Pan! Io Pan!)
Devil or god, to me, to me,
My man! My man!
Come with trumpets sounding shrill
Over the hill!
Come with drums low muttering
From the spring!
Come with flute and come with pipe!
Am I not ripe?
I, who wait and writhe and wrestle
With air that hath no boughs to nestle
My body, weary of empty clasp,
Strong as a lion and sharp as an asp—
Come, O come!
I am numb
With the lonely lust of devildom.
Thrust the sword through the galling fetter,
All-devourer, all-begetter;
Give me the sign of the Open Eye,
And the token erect of thorny thigh,
And the word of madness and mystery,
O Pan! Io Pan!
Io Pan! Io Pan Pan! Pan Pan! Pan,
I am a man:
Do as thou wilt, as a great god can,
O Pan! Io Pan!
Io Pan! Io Pan Pan! I am awake
In the grip of the snake.
The eagle slashes with beak and claw;
The gods withdraw:
The great beasts come, Io Pan! I am borne
To death on the horn
Of the Unicorn.
I am Pan! Io Pan! Io Pan Pan! Pan!
I am thy mate, I am thy man,
Goat of thy flock, I am gold, I am god,
Flesh to thy bone, flower to thy rod.
With hoofs of steel I race on the rocks
Through solstice stubborn to equinox.
And I rave; and I rape and I rip and I rend
Everlasting, world without end,
Mannikin, maiden, Maenad, man,
In the might of Pan.
Io Pan! Io Pan Pan! Pan! Io Pan!

(The Equinox, vol. III, no. 1, March 1919)

lunes, octubre 15, 2007

Otro poema

Al igual que el otro, escribí este poema, o la mayor parte de él, en 2005: algunos versos son anteriores, otros más recientes; todavía hace unos minutos borré y añadí signos y palabras. Durante estos años, lo he mostrado a algunos amigos y maestros, pero es hoy la primera vez que lo publico.

domingo, octubre 14, 2007

Reina asesina

¡Feliz cumpleaños, vecina!
:)
En YouTube
Escogí esta canción porque sé que a Babel le gusta mucho; no hay otro significado para mi acción. Cualquier parecido entre mi vecina y la protagonista de la canción de Queen es mera coincidencia.
:D

jueves, octubre 04, 2007

Alguien, antes de Newton

Estuve en un lugar en el que es imposible caminar sin desprender alguna piedra.

El anónimo (alguien, antes de Newton)
José Watanabe


Desde la cornisa de la montaña
dejo caer suavemente una piedra hacia el precipicio,
una acción ociosa
de cualquiera que se detiene a descansar en este lugar.
Mientras la piedra cae libre y limpia en el aire
siento confusamente que la piedra no cae
sino que baja convocada por la tierra, llamada
por un poder invisible e inevitable.
Mi boca quiere nombrar ese poder, hace aspavientos, balbucea
y no pronuncia nada.
La revelación, el principio,
fue como un pez huidizo que afloró y volvió a sus abismos
y todavía es innombrable.
Yo me contento con haberlo entrevisto.
No tuve el lenguaje y esa falta no me desconsuela.
Algún día otro hombre, subido en esta montaña
o en otra,
dirá más, y con precisión.
Ese hombre, sin saberlo, estará cumpliendo conmigo.

(El huso de la palabra, 1989)

jueves, septiembre 13, 2007

La verdadera muerte de un Presidente

Gabriel García Márquez
TeleSur
11 de septiembre de 2007

A la hora de la batalla final, con el país a merced de las fuerzas desencadenadas de la subversión, Salvador Allende continuó aferrado a la legalidad.

La contradicción más dramática de su vida fue ser, al mismo tiempo, enemigo congénito de la violencia y revolucionario apasionado, y él creía haberla resuelto con la hipótesis de que las condiciones de Chile permitían una evolución pacífica hacia el socialismo dentro de la legalidad burguesa.

La experiencia le enseñó demasiado tarde que no se puede cambiar un sistema desde el gobierno, sino desde el poder.

Esa comprobación tardía debió ser la fuerza que lo impulsó a resistir hasta la muerte en los escombros en llamas de una casa que ni siquiera era la suya, una mansión sombría que un arquitecto italiano construyó para fábrica de dinero y terminó convertida en el refugio de un Presidente sin poder.

Resistió durante seis horas con una metralleta que le había regalado Fidel Castro y que fue la primera arma de fuego que Salvador Allende disparó jamás.

El periodista Augusto Olivares, que resistió a su lado hasta el final, fue herido varias veces y murió desangrándose en la asistencia pública.

Hacia las cuatro de la tarde el general de división Javier Palacios logró llegar hasta el segundo piso, con su ayudante el capitán Gallardo y un grupo de oficiales. Allí, entre las falsas poltronas Luis XV y los floreros de Dragones Chinos y los cuadros de Rugendas del salón rojo, Salvador Allende los estaba esperando. Llevaba en la cabeza un casco de minero y estaba en mangas de camisa, sin corbata y con la ropa sucia de sangre. Tenía la metralleta en la mano.

Allende conocía al general Palacios. Pocos días antes le había dicho a Augusto Olivares que aquel era un hombre peligroso, que mantenía contactos estrechos con la Embajada de los EE.UU. Tan pronto como lo vio aparecer en la escalera, Allende le gritó: "Traidor", y lo hirió en la mano.

Allende murió en un intercambio de disparos con esa patrulla. Luego todos los oficiales en un rito de casta, dispararon sobre el cuerpo. Por último un oficial le destrozó la cara con la culata del fusil.

La foto existe: la hizo el fotógrafo Juan Enrique Lira, del periódico El Mercurio, el único a quien se permitió retratar el cadáver. Estaba tan desfigurado, que a la Sra. Hortensia Allende, su esposa, le mostraron el cuerpo en el ataúd, pero no permitieron que le descubriera la cara.

Había cumplido 64 en el julio anterior y era un Leo perfecto: tenaz, decidido e imprevisible.

Lo que piensa Allende sólo lo sabe Allende, me había dicho uno de sus ministros. Amaba la vida, amaba las flores y los perros, y era de una galantería un poco a la antigua, con esquela perfumadas y encuentros furtivos.

Su virtud mayor fue la consecuencia, pero el destino le deparó la rara y trágica grandeza de morir defendiendo a bala el mamarracho anacrónico del derecho burgués, defendiendo una Corte Suprema de Justicia que lo había repudiado y había de legitimar a sus asesinos, defendiendo un Congreso miserable que lo había declarado ilegítimo pero que había de sucumbir complacido ante la voluntad de los usurpadores, defendiendo la voluntad de los partidos de la oposición que habían vendido su alma al fascismo, defendiendo toda la parafernalia apolillada de un sistema de mierda que él se había propuesto aniquilar sin disparar un tiro.

El drama ocurrió en Chile, para mal de los chilenos, pero ha de pasar a la historia como algo que nos sucedió sin remedio a todos los hombres de este tiempo, que se quedó en nuestras vidas para siempre.

Para oír: últimas palabras de Allende

Las últimas palabras públicas del presidente chileno Salvador Allende, transmitidas por Radio Magallanes a las 09:10 hrs del 11 de septiembre de 1973.En YouTube

Salvador Allende

Salvador Allende Gossens (Valparaíso, 26 de junio de 1908 - Santiago, 11 de septiembre de 1973), presidente de Chile del 3 de noviembre de 1970 al 11 de septiembre de 1973.

domingo, septiembre 09, 2007

Domingo soleado

Por: Eratóstenes Horamarcada

Hace dos meses, el crítico de cine Rafael Lemus hizo en la revista Día Siete, que distribuye el periódico El Universal, varias observaciones a una película... que no ha visto. Una película que desea ver, con toda su alma; pero a la cual, como a un seductor fuego, teme acercarse. Igual que a Octavio Paz la memoria de los dioses, el cine de Michael Moore despierta en Lemus fascinación y, al mismo tiempo, repugnancia. Pavor y amor. Estoy exagerando; amor no es, definitivamente, y sí, en cambio, indigestión. Pero es una indigestión que le produce a Lemus un chile del que su paladar no puede ni quiere privarse. Pueden leer, tras el vínculo, "El señor Michael Moore"; como luego pasa que los textos que uno cita desaparecen, me he atrevido a copiarlo acá. Por supuesto, retiraré de mi blog el artículo si "el señor Rafael Lemus" me pide hacerlo así.


Es tan absurdo el texto sobre Moore que tengo que consignar mi extrañamiento. A continuación, transcribo, entre comillas, algunos fragmentos del artículo, a los que siguen mis respuestas.

Rafa comienza con esta rara perla:

"El Hollywood clásico, con su pudor y sabiduría..."

¿Pudor? ¿Sabiduría? No, Rafa: Hollywood no vendía menos mierda ayer que hoy, lo que pasa es que ni tú ni yo ni nadie nos atrevemos a admitirlo. ¿Quién osaría levantar la voz ante Lo que el viento se llevó?

"... su abultada figura, su barata gorra, sus cochinos tenis..."

Si un día alguno de mis cuatro lectores visita la redacción de Día Siete, reconocerá a Rafa de inmediato: es el tipo de levita y bombín que hace girar con destreza un bastón mientras camina.

"... despachar a Moore con el argumento de que el suyo es un caso de interés exclusivamente estadounidense..."

Un "caso de interés". Los correctores de estilo contemporáneos del "Hollywood clásico", ¿habrían sido tan indulgentes con Lemus como éste lo es consigo?

"Estamos acabados..."

El único que está acabado eres tú, Rafa. El resto del planeta no te acompaña en tu desgracia.

"... todo lo gringo, incluyendo sus esquemáticos documentales, son asunto nuestro..."

Molestias innecesarias que se toma Rafiña (¿o es Rapiña?): podría ser más feliz si no se ocupara del botijón Moore. Otra cosa es que Día Siete lo obligue a ver lo que, aparentemente, no quiere ver.

"... un domingo odioso, caminaremos anestesiados hasta el cine..."

Lemus (¿o lémur?) no ha visto la película, pero está que se caga por despotricar en contra de ese hombretón obeso que en mala hora invadió los territorios de la mente lemusiana. Maldice de antemano hasta el día en que, anestesiado... (Qué sustancias te compras con lo que te paga Día Siete, mi buen Rafa.)

"... la atroz noticia de que Moore ya trabaja dos nuevos documentales..."

La atroz noticia es que Día Siete no le paga a Rafa por trabajar. Otros dirían que Moore "trabaja en dos documentales". Pero redactar cansa. Que otros se molesten en hacerlo.

"Todavía no nace el valiente que mire al señor Moore y diga: “Ah, mira, un señor inteligente”."

Los valientes, si ven pasar a Lemus, dicen: “¡Ah, mira, un señor Rafa!”

A propósito, me gustaría que el público lector reparara en otras dos obsesiones de Lemus, al lado de lo que sufre por Moore: tales obsesiones son la inteligencia y la palabra “señor”. Diría que Rafa es un tipo (que quisiera ser un señor) preocupado por la incertidumbre de no ser más inteligente que aquellos a quienes critica.

"Puede decirse esto y aquello sobre su ordinario temperamento..."

O puede no decirse. Insisto: el masoquista de marras tortura su pequeña mente en vano. En cuanto a su temperamento, no cabe duda, debe ser extraordinario.

"... nadie puede afirmar, no sin risas, que el tipo sea una lumbrera. No lo es."

Nadie, no sin risas, no lo es. Que quede claro.

"... sus documentales distan mucho de ser sabios."

La auténtica sabiduría sólo puede adquirirse repasando viejas cintas del Hollywood clásico.

La parte de "imposible esto, imposible lo otro", nos la saltamos; imposible no compadecer al célebre y mimado articulista cuando no deja de flagelarse viendo lo que dice que no quiere ver, quizá con culposa conciencia por consumir sustancias anestesiantes (leer cualquiera de tus libros produce el mismo efecto, Rafiña).

"... disparar contra George W. Bush, el blanco más sencillo..."

Intelectualoides del mundo postcomunista, uníos: cesen vuestras críticas a Bush. ¿No ven que es el blanco (y anglosajón y protestante) más sencillo? Tírenle a izquierdistas difíciles, disparen a la dura piel de Moore: será hacer blanco en un elefante.

"... y mirar cómo el dardo termina volviéndose contra uno mismo..."

Lo vemos, Rafiña, lo vemos.

"Yo, Michael Moore. ¿Quién? Un chico como tú… pero poderoso."

Nada que pudiera aplicarse a compadres de Rafiña como Mario Vargas Llosa, the boy next door.

"Uno estaría tonto si demandara documentales objetivos, desapasionados."

Rafa, que cree no ser tonto, demanda lo que no demanda, sólo que así queda mal hasta con lo que queda bien.

"Es imposible la imparcialidad..."

Menuda vida la tuya con tantos imposibles, tío. Ya veo qué es lo que tanto te amarga.

"Ser un bribón no es cosa grave..."

¡Hasta te dan columna en Día Siete!

"... una imagen idílica de, digamos, Irak (niños que vuelan sus cometas, adultos que sonríen, multitudes cándidas) y en seguida el vicioso rostro de Bush..."

No recuerdo que esta secuencia aparezca en ninguna película del caballero de la abultada figura, tampoco sé cuál es el vicio que anestesia a Bush, pero Moore no podría hoy repetir en Irak la filmación de "niños que vuelan sus cometas", "adultos que sonríen" o "multitudes cándidas". La invasión norteamericana ha destrozado para siempre aquel mundo. Ah, pero es que a Bush no debe criticársele. Sería demasiado sencillo. Al menos para una "lumbrera" como Rafa. Por eso no se toma tan despreciable molestia. Y el que sí lo haga, es un bribón sin gracia. Advertidos quedáis.

"Incluso los más entusiastas deben aceptar... Bla, bla, bla..."

Lemus dedica la integridad de su postrer párrafo (o parrafada) a calificar como ínfimas las películas de Moore. Y si alguien le pregunta por qué, la respuesta es: porque yo lo digo. ¿Quién? Yo, Rafael Lemus. ¿Quién? Un chico como tú, pero poderoso (publico en Letras Libres). Moore no es Orson Welles y esto molesta a Rafa. No es Sergei Eisenstein y Rafa restriega los dientes. No es Leni Riefenstahl y Rafiña echa espuma por la boca, truena, vierte su torva alma en balbuceos: ¿qué es lo que demanda nuestro reseñado reseñista? Ni él mismo lo sabe. Puede que el viejo Lemus no pretenda ya nada. Lo único claro en su oscuro texto es que no soportaría presenciar más críticas a Bush. Al borde del colapso nervioso, se enoja porque la Tierra gira, porque camina entre lodo, porque lo rodean el cielo y el agua: lo que le molesta --confiesa en una breve y casi conmovedora explosión hollywoodyallenesca-- es que llueva, y que sea domingo, y que haga frío y su corazón esté solo, bien lejos ya de aquel público lector en el que badulaques como Enrique Krauze, Guillermo Sheridan o el mismo Rafael Lemus pretendieron influir para que nadie se opusiera a George Bush, a Felipe Calderón, a Emilio Azcárraga. Los amos (de Lemus) son todavía los amos (de Lemus), pero cada vez menos mexicanos se resignan a subordinarse a un lord sin cuestionarlo jamás. Reconozco cuando menos un mérito en Michael Moore del que carece Lemus, y es su coraje; su irritante humorismo supone una forma, entre varias posibles, de oponer resistencia a la irracionalidad de un poder opresivo. Si los intelectuales de mi país son animales de engorda, perros domésticos que no se exigen a sí mismos nada, quiero que el coraje que sí hay en otros países contagie su vitalidad a la inteligencia del mío. Y creo que eso es lo que está ocurriendo. Hoy es domingo, pero brilla el sol.

El señor Michael Moore

Rafael Lemus
Día Siete
9 de julio de 2007

Hace no mucho tiempo Michael Moore hubiera sido un resignado tramoyista. El Hollywood clásico, con su pudor y sabiduría, hubiera impedido que el señor Moore paseara su abultada figura, su barata gorra, sus cochinos tenis frente a una cámara. Ahora somos tolerantes y debemos soportar a cualquier energúmeno. No tenemos la oportunidad siquiera de despachar a Moore con el argumento de que el suyo es un caso de interés exclusivamente estadounidense. Estamos acabados: ya todo lo gringo, incluyendo sus esquemáticos documentales, son asunto nuestro. Para qué negar que muchos de nosotros, un domingo odioso, caminaremos anestesiados hasta el cine y veremos su más reciente película, Sicko (2007), un documento contra el sistema de salud de Estados Unidos. Si ya vimos Bowling for Columbine (Masacre en Columbine, 2002) y Farenheit 9/11 (2004), podemos soportar cualquier cosa, incluso la atroz noticia de que Moore ya trabaja dos nuevos documentales. Dicen algunos críticos que Sicko es la mejor película de Moore. Tampoco es difícil que así sea: sus demás cintas no son particularmente excelsas.

Todavía no nace el valiente que mire al señor Moore y diga: “Ah, mira, un señor inteligente.” Puede decirse esto y aquello sobre su ordinario temperamento pero nadie puede afirmar, no sin risas, que el tipo sea una lumbrera. No lo es. Efectivos o no, sus documentales distan mucho de ser sabios. Imposible sugerir que simbolicen la eterna lucha de la razón contra la barbarie. Imposible observarlos sin advertir que entre el documentalista y sus villanos se reparte la misma, imbatible tontería. El señor Moore cuenta con un rasgo inusitado: es incapaz de unir dos argumentos sin contradecirse. El señor Moore presume, además, una hazaña única: disparar contra George W. Bush, el blanco más sencillo, y mirar cómo el dardo termina volviéndose contra uno mismo. Algunos ociosos se han tomado el tiempo de mirar una y otra vez Farenheit 9/11 para refutar, uno a una, sus aseveraciones y han hallado… 59 imprecisiones. ¿Imprecisiones? No exactamente. Mentiras, mala leche. Moore es, muy visiblemente, aquello que critica: una turbia versión –acaso la única posible– del poder. Como Bush, manipula a su antojo documentos e imágenes. Como Bush, es altanero: se niega a responder preguntas hostiles, amenaza con demandar a quien lo insulte. Mejor todavía: sus documentales, presuntamente civiles, están imbuidos de la lógica del poder. En vez de razonar, exponen imágenes supuestamente inapelables. Incapaces de convencer, imponen. Al final recurren al argumento de poder: esto es así porque yo lo digo. ¿Quién? Yo, Michael Moore. ¿Quién? Un chico como tú… pero poderoso.

Uno estaría tonto si demandara documentales objetivos, desapasionados. Es imposible la imparcialidad y es buena cosa, incluso, el partidismo. El señor Moore tiene derecho a realizar un cine subjetivo, vehemente, arbitrario. Tiene derecho, aun, a asestar golpes ruines y tramposos. Ser un bribón no es cosa grave: todos los documentalistas son unos canallas. (Orson Welles compuso un documental maestro, F for fake [F de falso, 1974], presumiendo sus trucos y fraudes.) Lo grave es ser, como Moore, un bribón sin apenas gracia: manipular las imágenes para apenas nada. Incluso los más entusiastas deben aceptar que las películas de Moore son estéticamente nulas: no proponen demasiado, tienden al hastío, se resuelven en secuencias previsibles. A cada momento, el obvio contrapunto: una imagen idílica de, digamos, Irak (niños que vuelan sus cometas, adultos que sonríen, multitudes cándidas) y en seguida el vicioso rostro de Bush, la pirotecnia de las bombas. Se dirá que Sergei Eisenstein no hacía otra cosa: enfrentaba imágenes opuestas hasta convencernos de la dialéctica nobleza de los bolcheviques. Es cierto y, sin embargo, Eisenstein era un genio. También lo era Leni Riefenstahl, la desalmada documentalista del régimen nazi. Ella y él eran, además, unos criminales. Ése es el asunto: Moore no es siquiera un bárbaro. Son nimios sus pecadillos. Son imperceptibles sus hallazgos visuales. Son ínfimas, de principio a fin, sus películas. ¿Entonces por qué tanto escándalo? Porque es domingo. Porque afuera llueve. Porque con Michael Moore no hay manera.