sábado, octubre 18, 2008

El imperio del eco

Puede parecer un acto de arrogancia decir que vivimos en el peor de los mundos posibles, pero eso es lo que creo. Y no creo estar exagerando ni mintiendo. Nuestra historia se ha escrito con páginas de esclavitud, de guerra interminable; una tribu oprimida por Egipto o por Roma, un indígena de la Conquista, un minero inglés del siglo XIX, si nos vieran no dirían que estamos en condiciones peores que las suyas. Pero el dolor de los que no sufrían —quiero decir el dolor de los que sólo miran al que vive el dolor, la clase intelectual, los periodistas, los profesores, los filósofos— era más incisivo y fructificaba en reflexiones más serias y más ricas. Su ingenuidad, cuando la había, era inconsciente y genuina. Ahora todos somos como un gigante viejo que no ha aprendido nada. Dejamos de ser ingenuos, y esto debería ser un logro, un costoso logro; pero las proposiciones que se escuchan no difieren gran cosa unas de otras. Es, como alguno ha notado, el imperio del pensamiento único, que también podríamos llamar el imperio del eco. A pesar de la velocidad y de la omnipresencia de los medios de comunicación, hay ahora mismo —en Asia, en África, en tu callegenocidios de los que no sabemos nada. Y en este mundo, que es también el imperio de la imagen, lo que no sale en la tele no existe. Y aunque viéramos lo que no vemos, aunque supiéramos que existe la muerte, ¿con qué respuesta le contestaríamos? Intelectualmente estamos desarmados. Espiritualmente estamos desamparados. Por eso el arte de hoy no vale nada. Es un arte contento. Terminó por formar parte de la industria del entretenimiento. Hace cien años justos, cien exactamente, la respuesta al dolor y a la muerte era arriesgada, atrevida. La humanidad se exponía a jalar hacia esta tierra otra tierra mejor. Cuando decía libertad”, “igualdad”, “fraternidad”, quería decir libertad”, “igualdad”, “fraternidad”. La boca decía lo que quería decir. El alma conocía las voces de la boca. En nuestros días no soñamos con libertad, sino con un sucedáneo de la libertad, ese franco timo (valga el oxímoron) que apodan libertad de mercado”, una coartada para consagrar el triunfo del más fuerte. La igualdad ni siquiera se plantea ni la echamos en falta y ni siquiera hemos fabricado sucedáneos. Tal vez el sucedáneo sea esa mentirosa “igualdad ante la ley que en nuestro país mantiene las cárceles llenas de pobres y en Estados Unidos llenas de mujeres y hombres de raza negra. El último deseo, el de fraternidad, no tiene por qué cumplirse cuando los otros dos no importan. Sólo realizan la fraternidad seres libres e iguales. Un millonario que le da unas palmadas en la espalda al obrero al que explota no desea fraternidad, simplemente expresa la satisfacción de establecer a través suyo bajo el consentimiento del otro un status quo (en buen mexicano: un “estate quieto”) de injusticia y dependencia.

Esto es el nuevo siglo y es el nuevo milenio: la satanización de todo lo que perturbe al imperio del pensamiento único. Ahí comienzan el temor al mestizaje y el odio a la figura del inmigrante, porque el mestizaje y el inmigrante rompen las aguas calmas, contrarrestan lo único, invaden de otredad. En una línea paralela, los perros de la ley transforman virtualmente en delincuente a todo aquél que se atreva a exigir una libertad y una igualdad auténticas; podemos decir que así como aun sin proponérselo el inmigrante es un rebelde (porque las leyes no toleran sus actos), de cierto modo, en un espejo, el rebelde es un inmigrante, porque no está contento aquí, porque espera encontrar otra tierra más allá de esta tierra, a la manera mosaica. Escribí “más allá... pero lo que perturba a los mantenedores del status quo es que los rebeldes quieren ver ese “más allá...aquí, precisamente aquí.

L
os años transcurridos del 2001 al 2008 los años del César George Bush II han bastado para imprimir en nuestra imaginación (ya paupérrima después de décadas de pan y circo, Hollywood y TV) un estereotipo del musulmán, el ruso y el guerrillero latinoamericano como villanos. Hasta individuos no violentos y en el fondo muy tibios como Hugo Chávez, Evo Morales, Rafael Correa o Andrés Manuel López Obrador se han vuelto, por obra y gracia de la propaganda, casi jinetes del apocalipsis. Una vez impresos en el corazón de su pueblo tales estereotipos, resultó más sencillo para el César americano acabar con Irak.

Irak: el punto donde inicia la civilización. Esto sí tiene algo de apocalipsis. La invasión a Irak es mi razón más fuerte para creer que el mundo en que vivo es el peor de los mundos construidos y destruidos por la historia.

Lo más cruel es que invadieron el paraje donde nació la civilización... ¡en nombre de una supuesta
“defensa de la civilización! ¿Se acuerdan de las arengas anti-musulmanas de Samuel Huntington, Bernard Lewis, Oriana Fallaci y sus centenares de repetidores en la “intelectualidad” de todos los idiomas? En México también los tuvimos; iban del fingido tono “grave” de Enrique Krauze a la socarronería de su hijo León y llegaban a las bobadas del dibujante Paco Calderón. Todos ellos justificaron la aventura bushiana en Irak y no se han detenido para perpetuar la tergiversación de lo musulmán y de lo árabe.

Miles de piezas del rompecabezas arqueológico aún sin descifrar que podrían habernos hablado de Sumeria, de Asiria, de Babilonia, del nacimiento de la cultura, la poesía, la técnica y la religión
se perdieron en lo oscuro de la nada y no volveremos a verlas.

En nadie cabe ya una duda sobre la certeza de las escasas voces divergentes de 2003 (descalificadas por
“anti-americanismo y hasta por ¡“apoyar a Saddam”!). Los Estados Unidos no pretendían defender ninguna civilización occidental (suponiendo que exista una cosa digna de ese nombre). Nunca estuvieron preocupados por resguardar los largos caminos de la historia. Desde antes de la invasión su único objetivo tenía que ver con el presente de corto plazo: el petróleo.

Los súbditos estadunidenses han debido
tocar fondo antes de pedir que los rija un César cuya extracción sea diferente a la de la derecha ultra-conservadora que los ha gobernado la última década. Al fraude de Bush le sucederá la patraña de Obama.

Aunque quien toca fondo no es Estados Unidos, sino el mundo, y más duramente Irak. Unos 4000 soldados norteamericanos han caído en combate, pero tal vez un millón de civiles irakíes han muerto. ¿De dónde viene esta grosería de recordar sólo las bajas del invasor y
desaparecer de nuestra vista las muertes ocurridas en el seno del pueblo agredido? Viene de Vietnam. Se puede perder una guerra en el tereno físico y ganarla en el espacio virtual. Ésta es la principal lección que aprendieron los norteamericanos al evaluar su experiencia vietnamita.

A esa lección se debe que muchos ciudadanos en Estados Unidos crean que la de Afganistán fue una invasión menos problemática que la de Irak... ¿Notan que para los medios de (dizque) comunicación sólo Irak está en guerra y raramente mencionan a Afganistán? Pero en Afganistán
—algún historiador honesto hizo la observación en 2001 nunca han triunfado los conquistadores. ¿Por qué iba a triunfar el pequeño Bush donde fue derrotado Alejandro Magno?

Recuerdo las torpes líneas de David Rieff, quien reducía todo a
“frías matemáticas (enero de 2002). Estados Unidos debería ganar porque cuenta con la superioridad tecnológica; y según ciertos columnistas, también con la superioridad moral. La historia dispuso otro desenlace. El jefe de las fuerzas armadas gringas en Afganistán, almirante Michael G. Mullen, declaró (artículo del 17 de octubre de 2008) que la situación “no tiene visos de mejorar y que las tendencias observadas indican que, con toda probabilidad, empeorará a lo largo del año próximo. El máximo líder del Talibán, mulá Omar (¿lo recuerdan?, alto, parche en un ojo, amigo de Bin Laden), ofrece garantías de seguridad a Estados Unidos si éste se retira (nota del 1 de octubre): “los estadunidenses han sido incapaces de prever su derrota y ahora reciben cada día los cadáveres de sus soldados”. Otra vez dicho en buen mexicano (norteño, o tal vez jalisciense): Omar se pone en un plan de “no estoy pa pedirlas fiadas, estoy pa regalar. Hay una matemática que trabaja con números reales y otra que trabaja con números imaginarios. ¿Con qué clase de números creen que trabaja David Rieff?

Desde luego no se trata sólo de torpeza, o de que a Rieff le falte información, o de que a los escritores de derecha les complazca autoengañarse, ni de la humana incapacidad de prever el futuro (Rieff refiere al principio de su artículo que
un filósofo romano señaló alguna vez que no entendía cómo era posible que dos adivinadores se encontraran en la calle sin que se echaran a reír”; advierto que si alguien se topa con Rieff, podría morir de risa). Apenas sí se trata de esto que he enumerado; la intención subyacente a un texto como el de Rieff —y otros publicados en aquel momento es la de desmoralizar, sosteniendo una imagen de Estados Unidos como potencia irreductible, imposible de vencer en ningún terreno, mucho menos en el militar. En el Afganistán real, lo más probable es que las fuerzas norteamericanas se vean obligadas a entablar acuerdos para que, al menos parcialmente, recupere su poder... el Talibán. Y estaríamos de nuevo en el punto de partida.

Pero nunca se vuelve al punto de partida. Siempre se llega a un sitio mucho peor que aquél que alguna vez dejamos.

5 comentarios:

Luis Ricardo dijo...

"¡Dos adivinadores en la calle sin morir de la risa!"}

(Además recordarás los blogs antipejistas. Ahí sigue el titiritero y dónde están los títeres)

marichuy dijo...

Erat

Yo también pensaba así: peor imposible; no obstante, creo que aún pueda empeorar.

La caída del Imperio Gringo probablemente esté más cerca de lo que pienso... el problema es que en su derrumbe nos arrastrará a todos. Ahorita preferiría estar con Endmundo Dantés, encerrada en la prisión del Castillo de If, planeando mi venganza maestra...

Estoy loca, lo sé y aún puedo empeorar... como el mundo.

Un saludo

Coro dijo...

Erat,

Tus letras me llevan a reflexionar... ¿qué podemos hacer? si el paso del tiempo ya lo dice todo...

Saludos

Ernesto dijo...

excelente texto. tal vez debemos aceptar con pesimismo y tristeza que estamos presenciando la última simplificación del hombre, el principio del fin. tu enlace a argenpress también vale oro.

Babel dijo...

También soy pesimista y creo que de hecho, empeorará.

Un genial texto hermanito primavera :)


Saluditos de Tim y míos por supuesto, desde el más acá, hasta el más allá.